Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVI.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria:
Antífona de entrada
Cf. Dt 32, 10. 11. 12
El Señor fijó su mirada en ella, la instruyó y la cuidó como a la niña de sus ojos. La condujo como el águila que despliega sus alas para llevar a sus polluelos. El Señor fue su único maestro.
Oración colecta
Dios nuestro, que has preparado tu Reino para los humildes y pequeños, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús, para que por su intercesión, podamos contemplar tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Si le parece bien al rey,
permítame ir a la ciudad de mis
padres para reconstruirla
Lectura del libro de Nehernías 2, 1-8
Era el mes de nisán del año veinte del rey Artajerjes, siendo yo el responsable del vino, lo tomé y se lo serví al rey. Yo estaba muy triste en su presencia.
El rey me dijo: «¿Por qué ese semblante tan triste? No estás enfermo, pero tu corazón parece estar afligido».
Entonces, con mucho miedo, dije al rey: «¡Larga vida al rey! ¿Cómo no ha de estar triste mi semblante, cuando la ciudad donde se encuentran las tumbas de mis padres está destruida y sus puertas han sido devoradas por el fuego?»
El rey me dijo: «¿Qué quieres?».
Yo, encomendándome al Dios del cielo, le dije: «Si le parece bien al rey y quiere contentar a su siervo, permítame ir a Judá, a la ciudad de las tumbas de mis padres, para reconstruirla».
El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me preguntó: «¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás?»
Yo le fijé un plazo que le pareció bien y me permitió marchar.
Después dije al rey: «Si le parece bien al rey, redácteme unas cartas para los gobernadores de Transeufratina, para que me dejen el paso libre hasta Judá, y una carta dirigida a Asaf`, el guarda del parque real para que me proporcione madera para construir las puertas de la ciudadela del templo, para la muralla de la ciudad y la casa donde voy a vivir».
El rey las mandó redactar, porque la mano de Dios me protegía.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La palabra de Dios dice: "encomienda tu camino al Señor y él actuará", y en otra parte dice: "Nadie que haya confiado en el Señor se ha visto defraudado". El pasaje de hoy en el libro de Nehemías, nos deja ver con claridad que la palabra de Dios siempre es digna de confianza y que lo que él nos dice siempre será verdad. Basta con que confiemos y venzamos nuestros miedos.
Muchas veces no obtenemos lo que queremos, incluso lo que necesitamos porque nuestros miedos nos paralizan y no nos dejan actuar, y si a esto le agregamos que nuestra fe en el Señor no es completa, las cosas se dificultan y no caminan.
Nehemías venció sus miedos y, confiando en el Señor, externó sus deseos al rey y éste, guiado por Dios, accedió y le dio todo y más de cuanto pidió. Debemos nosotros imitarlo y obrar siempre guiados por el Espíritu.
Sin embargo, debemos tener también presentes las palabras del apóstol Pablo, que nos dice que "no siempre pedimos lo que conviene", sino que lo hacemos egoístamente, pensando sólo en nuestro bienestar sin tomar en cuenta a Dios, ni a alguien más.
Por ello es que muchas veces no recibimos lo que pedimos. En resumen, podemos decir que debemos dejarnos guiar por el Espíritu, buscando el bien de los demás y seguir el plan del Señor, y con esta convicción, desterrar nuestros miedos y confiar plenamente en que Dios dará buen curso a nuestra petición.
Salmo responsorial
Sal 136, 1-2. 3. 4-5. 6
R. Que se me pegue la lengua
al paladar si no me acuerdo de ti.
- Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras. R.
- Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: «Cantadnos un cantar de Sión». R.
- ¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha. R.
- Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías. R.
Aclamación antes del Evangelio
Flp 3, 8-9
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él. R.
EVANGELIO
Te seguiré adondequiera que vayas
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo: «Sígueme».
Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Cristo nos dice ‘sígueme, no mires atrás’. ¡Sígueme! y nosotros a veces, o yo por lo menos, digo: sí, pero poquito tiempo; sí, pero déjame hacer primero esto otro; sí, pero entonces Tú dame, y así no es con Cristo; Cristo es o todo o nada. Pero a media tinta, nada, a medias, no.
San Francisco de Asís nos marca la pauta: la radicalidad es lo que conquista, lo que transforma, lo que construye. Es difícil vivir esta radicalidad entre lo que pienso, lo que hago, entre lo que creo y lo que vivo, entre lo que sé que debo hacer y lo que hago.
A veces nos gana el miedo al qué dirán, el que no vayan a decir que soy una santurrona o un santurrón, que me la paso todo el tiempo en la capilla, entonces lo hago a escondidas. Pero San Francisco nos dice: ‘salgan a predicar, y si es necesario, usen palabras’.
¿Qué nos quiere decir el santo? Él estaba convencido que el testimonio de vida debía de ser un Evangelio abierto: sonreír para que otro sonría, escuchar para que otro escuche, callar para que otro recapacite, estar para que otro se sienta acogido, perdonar para que otro se atreva a perdonar.
Pidámosle hoy a Jesús: ‘Enséñame, Señor, a ser un libro abierto de tu amor, que cuantos me vean, den gloria a Dios’. Hoy te invito a amar y a servir y a hacerlo con una sonrisa.
Antífona de comunión
Cf Mt 18, 3
Dice el Señor: Si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que el sacramento que acabamos de recibir, Señor, encienda en nosotros la fuerza de aquel amor con el que santa Teresa se entregó a ti e imploró tu misericordia para todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, te pido perdón porque siempre quiero solucionar todo con mis propias fuerzas, y sólo hasta que siento que me hundo es cuando acudo a ti. Enséñame, Señor, a confiarte todos mis problemas y también a interceder por los de las personas con quienes me relaciono.
Acción
Repetiré durante todo el día: "El Señor cuida el camino de los justos".
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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