Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Adeodato I, Papa.
Antífona de entrada
Dichosa tú, Virgen María, que llevaste en tu seno al creador del universo; diste a luz al que te creó, y permaneces Virgen para siempre.
Oración colecta
Concédenos, Dios misericordioso, auxilio en nuestra fragilidad, para que, quienes celebramos la conmemoración de la santa Madre de Dios, con la ayuda de su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Saludaos unos a otros con el beso santo
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos 16, 3-9. 16. 22-27
Hermanos:
Saludad a Prisca y Aquila, mis colaboradores en la obra de Cristo Jesús, que expusieron su cabeza por salvar mi vida; no soy yo sólo quien les está agradecido, también todas las Iglesias de los gentiles.
Saludad asimismo a la Iglesia que se reúne en su casa.
Saludad a mi querido Epéneto, primicias de Asia para Cristo.
Saludad a María, que con tanto afán ha trabajado en vuestro favor.
Saludad a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de prisión, que son ilustres entre los apóstoles y además llegaron a Cristo antes que yo.
Saludad a Ampliato, a quien quiero en el Señor.
Saludad a Urbano, colaborador nuestro en la obra de Cristo, y a mi querido Estaquio.
Saludaos unos a otros con el beso santo.
Os saludan todas las Iglesias de Cristo.
Yo, Tercio, que escribo la carta, os saludo en el Señor.
Os saluda Gayo, que me hospeda a mí y a toda esta Iglesia.
Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y Cuarto, el hermano.
Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 144, 2-3. 4-5. 10-11
R. Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey.
- Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R.
- Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas. R.
- Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.
Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 8, 9
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza. R.
EVANGELIO
Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta,
¿quién os confiará la verdadera?
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 16, 9-15
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él.
Y les dijo: «Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre las Lecturas
Lo que es muy estimable para los hombres es detestable para Dios. Estamos en un momento histórico, aunque quizás siempre haya sido así, en que el mundo ofrece tantas cosas con apariencia de bien, que con frecuencia nuestro corazón está dividido.
Muchos queremos a Dios y deseamos seguirlo, pero al mismo tiempo, nos dejamos encantar por los bienes seductores de este mundo: por muchas cosas que no son o no nos parecen malas; por placeres cuyo goce, sentimos que no lastiman a nadie y que por lo tanto siempre serían buenos y por dinámicas de poder que nos hacen sentir poderosos cuando lo ejercemos nosotros o víctimas cuando otros lo tienen.
Pero lo que es muy estimable para los hombres, es detestable para Dios.
Esta expresión tendría que ser una de las grandes advertencias que nos guíen en el discernimiento cotidiano; pero incluso cuando ciertas cosas, placeres y poderes, no sean malos ni siquiera para Dios, corremos siempre el riesgo de convertirlos en anhelos, dinámicas o posesiones que dividan nuestro corazón, colocándolos, sigilosamente, y a veces sin querer, en el mismo lugar de Dios o por encima de Él.
Es decir, convirtiéndolos en ídolos que secuestren los afectos, pensamientos y decisiones de nuestro corazón; porque como decía San Agustín: “No es amarte, Señor, el amar fuera de Ti cualquier cosa que no se ame para Ti.”
Por eso te invito a tomar partido, ¿Dios o Mamona?; ¿Dios o el dinero, las cosas, la fama, el trabajo, el poder o los placeres? Hoy te invito a tomar conscientemente la gran decisión de tu vida: ¿la vida o la muerte? ¿la felicidad o la ruina y el sinsentido?
Si eliges a tu Señor, la vida y la plenitud, actúa desde ya en consecuencia, jerarquiza todo en función de Dios en sus Tres Divinas Personas, en función de su enseñanza y su voluntad. Evalúa tus acciones y dinámicas cotidianas, tus palabras diarias y tus objetivos a corto, mediano y largo plazo, para que todo tu ser se dirija y se rija por el Rey y Señor del universo.
Esfuérzate por cambiar lo que tengas que cambiar, sabiendo “que todo depende de Dios” y que habrá caídas hasta que tu corazón esté totalmente libre de idolatrías; pero que siempre estará ahí Jesús para levantarte si se lo permites. Pero eso sí: ¡Nunca te canses de dejarte levantar por Él!
Antífona de comunión
Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Ya que nos has concedido participar de la redención eterna, te rogamos, Señor, que, quienes celebramos la conmemoración de la Madre de tu Hijo, no sólo nos gloriemos de la plenitud de tu gracia, sino que experimentemos también un continuo aumento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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