Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXIV - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: Virgen de la Medalla Milagrosa.
Antífona de entrada
El Señor es la fuerza de su pueblo, defensa y salvación para su Ungido. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre.
Oración colecta
Señor, concédenos vivir siempre en el amor y respeto a tu santo nombre, ya que jamás dejas de proteger a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Dios envió su ángel a cerrar
las fauces de los leones
Lectura de la profecía de
Daniel 6, 12-28
En aquellos días, los hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. Luego se acercaron al rey y le hablaron sobre la prohibición: «Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe durante treinta días, hacer oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?».
El rey contestó: «El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas».
Ellos le replicaron: «Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni acata el edicto que has firmado, sino que hace su oración tres veces al día».
Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar cómo salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo intentando librarlo. Pero aquellos hombres le urgían, diciéndole: «Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, todo decreto o edicto real son válidos e irrevocables».
Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones.
Y dijo a Daniel: «¡Que te salve tu Dios al que veneras fielmente!».
Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso, y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, para que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel.
Luego el rey volvió a palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.
Por la mañana, al rayar el alba, el rey se levantó y fue corriendo al foso de los leones. Se acercó al foso y gritó a Daniel con voz angustiada. Le dijo a Daniel: «¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones tu Dios a quien veneras fielmente?».
Daniel le contestó: «¡Viva el rey eternamente! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho ningún daño, porque ante él soy inocente; tampoco he hecho nada malo contra ti».
El rey se alegró mucho por eso y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo del foso, no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.
Luego el rey mandó traer a los hombres que habían calumniado a Daniel, y ordenó que los arrojasen al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo del foso y ya los leones los habían atrapado y despedazado.
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que pueblan la tierra:
«¡Paz y bienestar! De mi parte queda establecido el siguiente decreto: Que en todos los dominios de mi reino se respete y se tema al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. Él salva y libra, hace prodigios y signos en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
San Pablo tiene una frase que debemos grabarla en nuestro corazón: "Si Dios está con nosotros, quién podrá estar contra nosotros".
En nuestros tiempos, como en los de Daniel y de san Pablo, en los cuales nos toca vivir en medio de un mundo no solamente incrédulo, sino en un mundo que rechaza los valores del Evangelio y de muchas maneras persigue y margina a los discípulos de Jesús, es necesario reafirmar todos los días nuestra decisión de permanecer fieles a nuestras promesas bautismales, y no dejarnos intimidar por las situaciones o las personas que pudieran ser obstáculo para que nuestra luz brille.
Jesús nos advirtió que en nuestra vida no faltarían las persecuciones, pero también nos prometió que él estaría con nosotros hasta el final para sostenernos y consolarnos. Jesús te invita a no temer y a manifestarte siempre como su discípulo.
Salmo responsorial
Dn 3, 68. 69. 70. 71. 72. 73. 74
R. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!
- Rocíos y nevadas, bendecid al Señor. R.
- Témpanos y hielos, bendecid al Señor. R.
- Escarchas y nieves, bendecid al Señor. R.
- Noche y día, bendecid al Señor. R.
- Luz y tinieblas, bendecid al Señor. R.
- Rayos y nubes, bendecid al Señor. R.
- Bendiga la tierra al Señor. R.
Aclamación antes del Evangelio
Lc 21, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. R.
EVANGELIO
Jerusalén será pisoteada por gentiles,
hasta que alcancen su plenitud
los tiempos de los gentiles
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 21, 20-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.
“Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por los gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
En este pasaje, el Señor nos habla del final de los tiempos y es que estamos en el final del año litúrgico, el cual, a lo largo de todo el año, nos va llevando por la historia de la salvación; historia que concluirá con el inicio del reinado definitivo de Cristo sobre todo lo creado.
Sería hermoso poder decir, que el Señor vendrá triunfante entre las nubes del cielo, cuando su Reino esté instaurado en cada corazón; pero la verdad, es que Cristo, las Escrituras y los Padres de la Iglesia coinciden en afirmar que no será así, como describe el Apocalipsis: “El Reino no se realizará mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal”.
El final de los tiempos llegará, cuando el número de los que puedan salvarse sea tan pequeño y su salvación esté tan en riesgo por el pacto de la humanidad con el pecado que, de no intervenir Dios, ni siquiera ellos, sus amigos, tendrían la posibilidad de ser salvados.
Tanto desorden y confusión, no será obra de Dios, sino del hombre y de su maldad, maldad que consiste en todo lo que se opone al amoroso plan de Dios para los hombres: todo lo que es opuesto a la vida y a la vida plenamente humana de los hombres, a la verdad, la belleza y la bondad.
Pero al escuchar este pasaje evangélico, puede ser que nos quedemos solo con el caos que se avecina y el miedo que puede provocar o el descarte inmediato que podemos hacer de este anuncio del Señor porque no nos agrade. Puede ser que nuestra mente se quede más con las malas noticias que con las buenas; más con el caos, que con la gloria que se anuncia y con la paciencia que Dios tiene y tendrá para con toda la humanidad.
Pero enfócate: Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, todos los hombres y los más posibles. Por eso mueve cielo, mar y tierra para tocar nuestros corazones, por eso la Iglesia y los Sacramentos, por eso la creación y la redención por la cruz.
Pero nunca obligará a nadie; por lo que cuando ya no haya más posibilidad de salvación, la existencia humana en el tiempo y el espacio ya no tendrá sentido y entonces, Cristo intervendrá glorioso para someter al antiguo enemigo, derrotar totalmente a la muerte y separar a las ovejas de los cabritos.
Ahora bien, si tú no buscas hoy tu santidad y la del mundo, el final de los tiempos se acercará, porque más pronto llegará el aparente reinado del mal; pero si tú tomas hoy y cada día la decisión de dejarte santificar por Cristo y de colaborar con Él en la salvación de los hombres, ese final se pospondrá, porque Cristo reinará en ti y en los tuyos.
Antífona de comunión
Yo soy el buen pastor, y doy la vida por mis ovejas, dice el Señor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Renovados, Señor, por el alimento del sagrado Cuerpo y la preciosa Sangre de tu Hijo, concédenos que lo que realizamos con asidua devoción, lo recibamos convertido en certeza de redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, aumenta en mí la fe, de tal manera que pueda yo dedicar más tiempo a la oración y de esta manera provocar que se fortalezca mi confianza en ti.
Acción
Bendeciré los alimentos sin importar en dónde o con quién me encuentre comiendo.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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