Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 1 de diciembre de 2025.


Tiempo Litúrgico: Adviento. Semana I - Feria.
   Color del día: Morado.  

Memoria libre: San Carlos de Foucauld.

Antífona de entrada
Cfr. Jer 31, 10; Is 35, 4

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor y anúncienla en todos los rincones de la tierra: He aquí que vendrá nuestro Salvador, ya no tengan miedo.

Oración colecta

Ayúdanos, Señor Dios nuestro, a esperar ardorosamente la venida de tu Hijo Jesucristo, para que cuando llegue y llame, nos encuentre esperándolo en la oración y alegrándonos en su alabanza. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA
Será ornamento para los redimidos

Lectura del libro de Isaías 4, 2-6

Aquel día, el vástago del Señor será el esplendor y la gloria, y el fruto del país será orgullo y ornamento para los redimidos de Israel.

A los que queden en Sion y al resto en Jerusalén los llamarán santos: todos los que en Jerusalén están inscritos para la vida.

Cuando el Señor haya lavado la impureza de las hijas de Sion y purificado la sangre derramada en Jerusalén, con viento justiciero, con un soplo ardiente, creará el Señor sobre toda la extensión del monte Sión y sobre su asamblea una nube de día, un humo y un resplandor de fuego llameante de noche.

Y por encima, la gloria será un baldaquino y una tienda, sombra en la canícula, refugio y abrigo de la tempestad y de la lluvia.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El profeta utiliza las imágenes de la vida agrícola para expresar que la esperanza aún vive.

Una vez que Judá salió al exilio para Babilonia, algunos judíos, los más pobres, se quedaron en tierra santa, llorando su desgracia, temiendo por sus vidas, espantados del mañana. Sin embargo, Dios, el que siempre está ahí cuando se le busca, cuando se le llama, advierte que la tierra desolada dará su fruto, un fruto que será obra portentosa de Dios, pero también fruto del trabajo del pueblo y ellos gozarán las delicias de dicho fruto.

Para alentar dicha esperanza, el autor vuelve su mirada a la época de la marcha por el desierto: así como Dios guiaba y protegía a Israel del sol abrasador con una nube durante el día y con una columna de fuego durante la noche cuando salió de Egipto, así será la época en que la gloria de Dios habite entre los hombres.

El verdadero fruto que perdura, que da vida y que rinde frutos, es Jesús, en quien los hombres hemos puesto nuestra confianza y de quien sabemos jamás defrauda. A él nos unimos en este adviento para que, junto a él, demos fruto y nuestro fruto permanezca.

Salmo responsorial
Sal 121, 1bc-2. 3-4b. 4d-5. 6-7. 8-9

R. Vamos alegres a la casa del Señor.
  • ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.
  • Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta Allá suben las tribus, las tribus del Señor. R.
  • Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.
  • Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». R.
  • Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Sal 79, 4

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Ven a librarnos, Señor, Dios nuestro; que brille tu rostro y nos salve. R.

EVANGELIO
Vendrán muchos de oriente
y occidente al reino de los cielos

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 8, 5-11

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».

Le contestó: «Voy yo a curarlo».

Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Empezamos el Adviento, la espera, pero con ello también empieza la corredera, posadas, pastorelas, exámenes finales, fin de año fiscal, vacaciones. Yo quisiera que en este Adviento, todos vayamos un paso atrás de los demás para poder observar, hacer preguntas, realmente ser espectadores del gran evento, del gran milagro y no perdernos en el bullicio de todo. 

Hoy el Evangelio nos relata la historia del centurión y su criado enfermo. Y escuchamos una de las oraciones más hermosas: ‘una palabra tuya bastará para sanarlo’. Y es esa frase, esa oración, la que repetimos justo antes de recibir la Comunión en la Sagrada Eucaristía. ¡Qué fe más grande, más impresionante de este centurión! Confiaba plenamente en Cristo. 

Como decíamos, Adviento es tiempo de esperanza. Espera la llegada de alguien, de algo. ¿Podría decir yo, con la misma fe que dijo el centurión: espero en tu amor, en tu llegada, espero en tu esperanza, espero en tu poder, espero en la familia, espero en la amistad, en el perdón, en la concordia? 

¿Tengo la fe de ese centurión para poder decir: ‘una palabra tuya bastará para’: una palabra tuya bastará para alcanzar mi paciencia, una palabra tuya bastará para alcanzar la sanación física o espiritual de mi hijo, una palabra tuya bastará para alcanzar la reconciliación con esta persona de mi familia, una palabra tuya bastará para yo encontrar esa paz que tanto anhelo. Una palabra tuya. 

¿Qué espero de este Adviento? ¿Qué espero yo dar en este Adviento? Esperar y recibir; ahí está la clave de este período. Repasemos ¿qué espero yo de este Adviento y qué voy a dar yo en este Adviento? 

Antífona de comunión
Cfr. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven, Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Te pedimos, Señor, que nos aprovechen los misterios en que hemos participado, mediante los cuales, mientras caminamos en medio de las cosas pasajeras, nos inclinas ya desde ahora a anhelar las realidades celestiales y a poner nuestro apoyo en las que han de durar para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor Dios misericordioso, que alientas nuestra esperanza mediante el amor de tu Hijo y que nos das constancia de que nunca nos abandonas y estás siempre ahí como Dios con nosotros, haz que nos preparemos con docilidad a la venida de tu Hijo, para que cuando llegue nos encuentre en vela y oración y merezcamos así, el premio a los criados buenos y fieles.

Acción

El día de hoy mostraré estar atento a la voz de Jesús y seré solidario con los hermanos que me soliciten alguna atención de parte mía.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, ACI Prensa.

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