Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana I - Feria.
Color del día: Morado.
Memoria libre: San Policarpo, obispo y mártir.
Antífona de entrada
Cfr. Sal 122, 2-3
Como están los ojos de los esclavos, fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos fijos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad.
Oración colecta
Conviértenos, Dios, Salvador nuestro, y para que nos sean provechosas las prácticas cuaresmales, ilumina nuestro espíritu con la sabiduría del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Juzga con justicia a tu prójimo
Lectura del libro del
Levítico 19, 1-2. 11-18
El Señor habló así a Moisés: «Di a la comunidad de los hijos de Israel: «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.
No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No explotarás a tu prójimo ni lo robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.
No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezos al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.
No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor»».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Podríamos decir que toda la ley y todos los preceptos que Dios ha dado a su pueblo tienen como único fin, conducirlo a la santidad, de manera que la observancia de éstos manifiesta el estado de santidad que Dios quiere de cada uno de nosotros.
En esta primera semana de Cuaresma, la liturgia nos invita a preparar y a trabajar sobre un proyecto de vida que nos vaya conduciendo a la santidad o que logre que ésta continúe desarrollándose en nosotros.
Es por ello, que en esta lectura se nos propone lo que está a la base de toda vida santa, y que es el cumplimiento de la Ley de Dios. No podemos aspirar a cosas mayores cuando lo mínimo, lo básico, no lo estamos cumpliendo.
Es, pues, necesario que, antes de realizar cualquier proyecto, veamos en dónde estamos con respecto a los mandamientos. ¿Los estamos cumpliendo? Y este cumplimiento, ¿es hecho por amor?
Pensemos, pues, cuáles serían las primeras acciones concretas que tendríamos que realizar para que el o los mandamientos que no estamos observando puedan ser vividos en la alegría de Dios. Recuerda que la Cuaresma es un tiempo de trabajo espiritual que nos ha de llevar a vivir de una manera más plena la vida evangélica.
Salmo responsorial
Sal 18, 8. 9. 10. 15
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
- La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R.
- Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R.
- El temor del Señor es puro y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R.
- Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, Roca mía, Redentor mío. R.
Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 6, 2b
R. Alabanza a ti, Cristo, rey de la gloria eterna.
Ahora es el tiempo favorable, ahora el día de la salvación. R.
EVANGELIO
Cada vez que lo hicisteis con uno de
estos, mis hermanos, más pequeños,
conmigo lo hicisteis
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.»
Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños, conmigo lo hicisteis.»
Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.»
Entonces también estos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»
Él les replicará: «En verdad os digo: lo que no lo hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo «
Y estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Pocos evangelios son tan claros como éste. La verdad es que sobran las palabras. En el Levítico 19 leemos: ‘Sed santos, porque Yo, el Señor, vuestro Dios, soy Santo’. Y acto seguido continúa enumerando los mandamientos de la ley de Dios.
Y hoy Cristo en el Evangelio nos dice cómo lograr esa santidad, cómo lograr vivir esos mandamientos. Está muy claro, ‘está muy sencillo’: amando y sirviendo al otro, dando de comer, de beber, vistiendo, acogiendo a todos.
Las mamás me podrían decir: ‘ay, pues yo hago eso todos los días’. Los papás podrían decir: ‘oye, pues yo me la mato trabajando’. Incluso las mamás se matan trabajando para poder dar de beber, de comer, vestir, acoger.
Pero, dar de comer a quien no conoces, dar de beber a quien no conoces, vestir al que no conoces, acoger a todos: ahí está la clave. Y no se trata que ahora van a abrir las puertas y que todo el mundo venga a comer, a vestirse, ¡no!, sino realmente, ¿salgo a servir al otro o lo hago como un deber?
¿Presto servicio a la parroquia, a la Iglesia, los grupos parroquiales, a los grupos juveniles, a todos los apostolados o incluso a mi suegra, a mis vecinos, por deber, por cumplir o porque me quiero asemejar más a Cristo? Porque quiero llegar a encontrarme con Él en el cielo.
La llave para entrar al cielo, la clave de la santidad está en el otro. Por eso hay que amarlo y servirlo. Hoy imitemos a Cristo que ama, se entrega, sirve a todos por igual. Solo así convertiremos el corazón, solo así lograremos purificar el corazón, solo así estaremos seguros de llegar al cielo, solo así seremos santos, solo así alcanzaremos el cielo.
Recuerden, la llave del cielo la tiene el otro. Por lo tanto, amar y servir, amar y servir, y si lo hacemos con una sonrisa, ¡todavía mejor! Amar y servir a todo quien me rodea.
Antífona de comunión
Mt 25, 40. 34
En verdad les digo que cuanto hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron, dice el Señor. Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor, que al recibir tu sacramento, experimentemos tu auxilio para el alma y el cuerpo, y así, restaurado todo nuestro ser, alcancemos la plenitud de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, reconozco que tú eres Santo y que no hay nadie como Tú; por eso te pido: ¡Hazme santo, Señor! Dame tu gracia para que todas mis emociones, pensamientos y acciones estén llenos de la pureza con la que me creaste y para la cual me buscas y me guías.
Dios mío, me abro a tu acción y me comprometo a cuidar mi persona de todo aquello que no te honra como Señor de Señores.
Acción
En este día pondré mayor vigilancia a mis pensamientos, emociones y acciones para detectar y erradicar aquellas que no expresan el Señorío de Jesús en mi vida.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)