Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 26 de febrero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana I - Feria.
   Color del día: Morado.  


Antífona de entrada
Cfr. Sal 5, 2-3

Señor, escucha mis palabras, atiende mi lamento, haz caso de mi voz suplicante, Rey mío y Dios mío.

Oración colecta

Concédenos, Señor, una constante disposición a pensar con rectitud y a practicar el bien con mayor diligencia; y puesto que no podemos existir sin ti, haz que vivamos como fieles discípulos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
No tengo más defensor que tú

Lectura del libro de
Ester 4, 17k. l-z

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor

Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo: «¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.

Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.

Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

La Cuaresma nos cuestiona acerca de nuestro crecimiento y madurez en la fe. Y es que la mayoría de nosotros decimos que somos hombres y mujeres de fe, sin embargo, sólo cuando la crisis cala profundo es cuando realmente podemos saber hasta dónde ha madurado en nosotros la fe.

Nuestro texto nos muestra a una mujer cuya fe es de total confianza y abandono. Es el relato de alguien que ha oído que el Dios de sus padres es un Dios poderoso que no abandona a su pueblo en situaciones difíciles.

Ahora es el momento de experimentarlo, pero para ello tiene que confiar ciegamente en que sólo él la puede ayudar. Podríamos decir que la fe es como una cuenta en el banco, de la cual podremos depender en el momento de la necesidad.

Por ello, aunque parezca que todos tus actos de piedad, tus oraciones y sacrificios, las horas ante el Santísimo, la meditación diaria de la Escritura han quedado estériles, piensa que sólo has hecho una inversión que en el momento de la crisis se transformará en gracia y luz para tu vida, que te ayudarán a superar todos los obstáculos.

Ponerse en las manos de Dios también es un ejercicio que requiere práctica y la Cuaresma se presenta como un espacio ideal para desarrollarla.

Salmo responsorial
Sal 137, 1bcd-2a. 2bcd y 3. 7c-8

R. Cuando te invoqué,
me escuchaste, Señor.
  • Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario. R.
  • Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad; porque tu promesa supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.
  • Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 50, 12a. 14a

R. Gloria y alabanza a ti, Cristo.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro; y devuélveme la alegría de tu salvación. R.

EVANGELIO
Todo el que pide recibe

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los profetas».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre. Pedir, buscar y tocar, tres verbos que expresan bien algunas de las características centrales de la oración. 

Pedir: evidentemente pedir es reconocer que solo Dios es Dios, pedir es reconocer que Él tiene poder para obrar por encima de lo ordinario y a través de lo ordinario, para actuar en favor nuestro. El problema es cuando no pedimos, sino que exigimos, cuando creemos que tenemos el derecho de ordenar a Dios que las cosas se hagan según nuestra voluntad y cuando exigimos a Dios algo, el resultado nunca es favorable.

Puede ser que los acontecimientos resulten en sintonía con nuestra oración, cuando en realidad ese sea el mayor bien para nosotros y el de los que nos rodean; pero un corazón engreído, siempre quiere más y no sabe agradecer, tiende a endurecerse y tarde o temprano, la realidad se impondrá, la voluntad de Dios será distinta o nosotros mismos la boicotearemos y eso hará que nos alejemos de Dios. 

Si tú has caído en esto, en exigirle a Dios que se cumpla tu voluntad y no la suya, te invito a rectificar el camino y a entrenar tu propia mente y a ordenar tus deseos, para reconocerte profundamente pequeño frente a Dios y para reconocer que todo es para bien de los que lo amamos; pues toda nuestra vida está en sus manos por eso Jesús nos ha dicho hoy que el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan; aunque no necesariamente las que le pidan.

Buscar: era el segundo verbo que emplea el Señor, asegurándonos que quien busca encuentra, pero ¿a qué se refiere con buscar? Evidentemente no se refiere a objetos o personas porque el Señor está hablando del diálogo que debemos establecer con el Padre. Jesús habla de la búsqueda en la oración y todo aquél que busca a Dios, todo aquél que busca respuesta, todo aquél que busca en sí mismo frente a Dios; encontrará a Dios, la paz y la verdad que siempre lo acompañan.

Nunca te canses de buscar a tu Señor, nunca te canses de buscar la verdad, pues Cristo mismo es la Verdad. Búscalo siempre, para que te dejes encontrar por Él. 

Finalmente, la tercera acción que el Señor nos propone hoy para la oración: tocar o llamar a la puerta. El Señor nos invita a perseverar en la oración, no porque Él quiere hacerse del rogar o porque necesite que le estemos recordando nuestras necesidades, sino porque la perseverancia nos mantiene en la actitud reverente de la oración. 

La perseverancia nos recuerda a nosotros mismos que somos necesitados, que somos creaturas y que solo Él es Dios. La perseverancia nos regresa a la humildad y a la verdad y estas son las condiciones necesarias para que Él pueda obrar en nuestras vidas; no solamente para satisfacer nuestros deseos sino, sobre todo, para renovar nuestro corazón y santificar nuestras vidas, es decir, para enseñarnos a amar al modo de su Hijo. Nunca te canses, nunca te rindas, persevera en la oración.

Antífona de comunión
Mt 7, 8

Todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Te rogamos, Señor Dios nuestro, que este santo sacramento, que nos has concedido recibir para afianzar nuestra conversión, nos sirva de remedio, ahora y siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, te pido que me concedas la grandeza de fe que nos ha enseñado Ester en este pasaje, para que así pueda, con valentía y confianza, dirigirme a ti en todo momento, aun en la soledad y en el peligro, a sabiendas de que por tu amor siempre recibiré de ti consuelo, compañía y fortaleza.

Acción

Hoy haré una visita al Santísimo y le dedicaré unos momentos al Señor para adorarlo por su infinita grandeza y bondad.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).