Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana IV - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: San José, obrero.
Antífona de entrada
Ap 5, 9-10
Señor, con tu Sangre has rescatado a hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación, y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.
Oración colecta
Señor Dios, autor de nuestra libertad y salvación, oye la voz de los que te suplican y a quienes redimiste por la sangre derramada de tu Hijo, concédeles vivir para ti y que puedan gozar en ti de inmortalidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Dios ha cumplido su promesa
resucitando a Jesús
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 13, 26-33
En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron.
Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.
También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Cuando el corazón está lleno del amor de Dios no puede hacer otra cosa que amar e invitar a conocer el amor de Dios por medio del anuncio de la Buena noticia del Evangelio.
Pablo, enamorado y seducido por este amor, no cesa de invitar a todo mundo a conocer y participar de la vida en el Espíritu, la cual se ha hecho una realidad por la resurrección de Jesucristo y el envío del Espíritu Santo.
Tú también puedes con tu vida, con tus actitudes, con tu amor, ser una invitación abierta y constante para que los que viven a tu lado participen y disfruten también del cielo, no sólo al final de su vida, sino incluso ya desde ahora (si bien no es en la plenitud que tendremos en la eternidad, sí poseemos ya las primicias de éste).
Conviértete tú también en un testigo de Jesús en tu comunidad.
Salmo responsorial
Sal 2, 6-7.8-9. 10-11
R. Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
- Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo». Voy a proclamar el decreto del Señor; él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy. R.
- Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza». R.
- Y ahora, reyes, sed sensatos; escarmentad, los que regís la tierra: servid al Señor con temor, rendidle homenaje temblando. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 14, 6bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el camino y la verdad y la vida – dice el Señor -; nadie va al Padre sino por mí. R.
EVANGELIO
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Seguramente te ha pasado como a mí, que el miedo al futuro y la incertidumbre de no saber qué va a pasar mañana te dejan el corazón hecho un nudo. En el pasaje del Evangelio de hoy, los discípulos están así, Jesús les acaba de decir que se va y ellos sienten que se quedarán huérfanos y sin rumbo.
Pero Jesús les dice: ‘No se inquieten, crean en Dios y crean también en mí’. Jesús les dice que confíen porque Él ya tiene todo calculado, Él nos asegura que en la casa de su Padre hay un lugar para todos. Es decir, que nuestra vida no termina en un callejón sin salida, sino que tiene un destino de plenitud y quiere que creamos en la promesa.
Señor, ¿A dónde? No sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a saber el camino? Y es cuando Jesús suelta una de esas frases potentes de todo el Evangelio: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’. No nos da un mapa lleno de instrucciones complicadas, nos dice simplemente que el destino final es Él.
Y es que a veces nos quebramos la cabeza buscando fórmulas mágicas para ser felices o para no equivocarnos, cuando la respuesta es mucho más sencilla: caminar con Él, hablar con Él e imitar su estilo de vida. Pero vaya que esto es difícil si no lo conocemos bien. El Papa Francisco dijo algo que nos ayuda a entenderlo mejor, ‘Jesús no es un camino que se recorre a ratos, es el camino de todos los días’.
Seguir a Jesús no es solo asistir a Misa el domingo o para el día de nuestra reunión parroquial; se trata de seguirlo todos los días en su Palabra, en la oración, en los Sacramentos. Es la brújula que usamos para decidir cómo tratar a los demás, cómo trabajar y cómo levantarnos después de un error.
Si te mantienes cerca de Él no hay forma de que te pierdas, porque Él es el destino y el guía al mismo tiempo. Al final del día, lo que debemos grabarnos es que no caminamos a ciegas, aunque el panorama a veces se vea oscuro o no entendamos por qué nos están pasando ciertas cosas, debemos tener la seguridad de que vamos de la mano de quien ya venció todo y de quien te está dando la promesa.
Suelta el control y deja que Jesús sea quien marque el paso.
Antífona de comunión
Cf. Rom 4, 25
Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Protege, Señor, con amor constante a quienes has salvado, para que, una vez redimidos por la pasión de tu Hijo, se llenen ahora de alegría por su resurrección. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración
Señor, quiero que mi vida, mis actitudes, mi amor, sean una invitación abierta y constante, para que los que viven a mi lado participen y disfruten también del cielo, no sólo al final de su vida, sino incluso ya desde ahora.
Acción
En este día buscaré algún mensaje sobre la vida de Jesús, y se lo haré llegar a mis contactos de correo electrónico e imprimiré algunos para otros conocidos.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)