Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana VI - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Ap 19, 7. 6
Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.
Oración colecta
Dios omnipotente y misericordioso, concédenos poder alcanzar una verdadera participación en la resurrección de Jesucristo, tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.
PRIMERA LECTURA
Cree en el Señor Jesús
y te salvarás tú y tu familia
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 16, 22-34
En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que les arrancaran los vestidos y que los azotaran con varas; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo.
A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos los escuchaban. De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas.
El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pero Pablo lo llamó a gritos, diciendo: «No te hagas daño alguno, que estamos todos aquí».
El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó fuera y les preguntó: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?».
Le contestaron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia».
Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa.
A aquellas horas de la noche, el carcelero los tomo consigo, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos; los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Definitivamente que no hay experiencia más gozosa en el hombre que la que produce Dios en el corazón del creyente y en aquel que lo lleva a la fe.
En este pasaje, en el cual hemos visto cómo Dios toca el corazón del carcelero y lo lleva a la fe, podemos percibir el gozo que se generó no solo en el hombre sino en Pablo y Silas, de tal modo que después de curarles las heridas preparó una fiesta, por el hecho de "haber creído".
Por ello, te invito a que vayas perdiendo el miedo de hablar de Jesús, de aprovechar toda oportunidad que Dios te presenta para ser su testigo y para ayudar a tu comunidad a conocer y a amar a Dios.
Yo te aseguro que no cabrás de gozo el día que Dios te conceda que, por tu medio, otros hermanos lleguen a aceptar la vida conforme al Evangelio.
Salmo responsorial
Sal 137, 1-2a. 2bc y 3. 7c-8
R. Tu derecha me salva, Señor.
- Te doy gracias, Señor, de todo corazón; porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R.
- Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. porque tu promesa supera tu fama Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.
- Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 16, 7.13
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Os enviaré al Espíritu de la verdad – dice el Señor -; él os guiará hasta la verdad plena. R.
EVANGELIO
Si no me voy, no vendrá
a vosotros el Paráclito
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: «¿Adónde vas?» Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Es normal que nos gane la tristeza cuando algo que queremos se termina o alguien querido se va. Nos pasa a todos. En este pasaje los discípulos están con el corazón lleno de tristeza porque Jesús les dice que ya se va; se quedan tan bloqueados con la noticia de su partida, que se les olvida preguntar lo más importante ¿a dónde iba o para qué?
Dios tiene que moverse de una forma para estar presente de otra todavía mejor, y Jesús se los dice de una forma que suena raro: ‘les conviene que yo me vaya’. ¿Cómo les va a convenir que se vaya su maestro? Y lo dice porque si no se va, no puede venir el Paráclito, el Espíritu Santo.
En nuestra vida diaria a veces nos aferramos a etapas o situaciones porque nos dan seguridad, pero Jesús nos enseña que hay despedidas que son necesarias para que llegue una fuerza nueva y más profunda a nuestra realidad. Aquí es donde entra el papel del Espíritu Santo que Jesús describe como el que convencerá al mundo de su error; no viene a regañarnos, sino abrirnos los ojos sobre la verdad.
Nos ayuda a darnos cuenta de que el pecado no es solo portarse mal, sino no confiar en el amor de Dios; nos enseña que ya no caminamos solos, que tenemos a un defensor interno que nos va dando claridad cuando todo se pone confuso.
San Juan Bosco decía: ‘tristeza y melancolía, fuera de la casa mía’. Él entendía que aunque haya momentos difíciles, el cristiano no puede vivir en la queja, debe vivir en la alegría, porque ahora vive en presencia del Espíritu Santo. Si Jesús prometió que nos enviaría su fuerza, entonces no hay lugar para el desánimo y la tristeza.
La lección para nosotros hoy es que, cuando lleguen esos momentos difíciles, hay que dejar de estar tristes y empezar a pedirle al Espíritu Santo que nos enseñe a seguirlo y a ver lo que está por venir. A veces lo que parece el final, es el espacio que Dios está preparando para llenarnos de algo mucho más grande, llevados por la fuerza de lo alto que ha de venir.
Antífona de comunión
Cf. Lc 24, 46. 26
Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y así entrara luego en su gloria. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Te pido, Señor, que por la fuerza de tu Espíritu Santo, nunca pierda la felicidad de cuando acepté seguirte y entregarte mi vida; que siempre mantenga esa actitud de libertad y entrega absoluta.
Acción
Hoy escribiré la historia de cómo Dios me encontró y me llamó y la compartiré con alguien cercano a mí.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
