Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana VII - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: Santa María Bernarda Bütler, religiosa y misionera.
Antífona de entrada
Ap 1, 17-18
Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo para siempre. Aleluya.
Oración colecta
Te pedimos, Dios omnipotente y misericordioso, que venga a nosotros el Espíritu Santo, que se digne habitar en nuestros corazones y nos perfeccione como templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Completo mi carrera, y consumo el
ministerio que recibí del Señor Jesús
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 20, 17-27
En aquellos días, Pablo, desde Mileto, envió recado a Éfeso para que vivieran los presbíteros de la Iglesia. Cuando se presentaron, les dijo:
«Vosotros habéis comprobado cómo he procedido con vosotros todo el tiempo que he estado aquí, desde el día en que puse pie en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y en medio de las pruebas que me sobrevinieron por las maquinaciones de los judíos; como no he omitido por miedo nada de cuanto os pudiera aprovechar predicando y enseñando en público y en privado, dando solemne testimonio a judíos como a griegos, para que se conviertan a Dios y creyeran en nuestro Señor Jesús.
Y ahora, mirad, me dirijo a Jerusalén, encadenado por el Espíritu.
No sé lo que pasará allí, salvo que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me da testimonio de que me aguardan cadenas y tribulaciones. Pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios.
Y ahora, mirad: sé que ninguno de vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino, volverá a ver mi rostro. Por eso testifico en el día de hoy que estoy limpio de la sangre de todos: pues no tuve miedo de anunciaros enteramente el plan de Dios».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En esta emotiva despedida de san Pablo a la comunidad de Asia menor nos dice: "No he escatimado nada que fuera de utilidad para anunciarles el Evangelio". Es decir, ha puesto todo lo que estaba de su parte para que Jesús fuera conocido y amado.
Si hoy hiciéramos un balance de nuestros recursos y de nuestra vida, ¿podríamos, como san Pablo, decir que hemos puesto todo lo que está de nuestra parte para que Jesús fuera conocido en nuestra oficina, en nuestra escuela, en nuestra familia o en nuestro barrio?
Siempre he creído que si el Evangelio no ha llegado "hasta los últimos confines del mundo", y si nuestra sociedad es una sociedad en la que el fantasma de la muerte nos aterroriza, es porque los cristianos hemos permanecido pasivos por muchos años (deberíamos decir demasiados).
Cada uno se ocupó solo de sus negocios, pensando que los "padrecitos, las monjitas y los misioneros" eran los únicos encargados de llevar la Buena noticia.
El Concilio Vaticano II y en especial la Christifideles Laici de Juan Pablo II, en consonancia con Evangelii Nuntiandi de Paulo VI, nos recuerdan que ha llegado la hora de que cada uno de nosotros tome con seriedad su función dentro de la Iglesia y anuncie la verdad en Jesucristo.
Recordemos que "sólo en Cristo está la respuesta a todas las interrogantes de la vida del hombre".
Salmo responsorial
Sal 67, 10-11. 20-21
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
- Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada; y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres. R.
- Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 14, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros. R.
EVANGELIO
Padre, glorifica a tu Hijo
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 17, 1-11a
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le dado sobre todo carne, dé la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
En este pasaje de Juan lo que leemos es prácticamente una conversación privada entre el Hijo y el Padre. Como si el Señor hubiera dejado su diario de oración por ahí abierto y pudiéramos leerlo y tener acceso a todo lo que Él habla con su Padre.
Jesús levanta los ojos al cielo y en lugar de pedirle al Padre que lo libere del sufrimiento que viene, se pone a hablar de la gloria. Pero ojo, que su idea de gloria no tiene nada que ver con aplausos o con títulos, para Él la gloria es cumplir la misión que el Padre le ha encomendado, la de dar la vida por nosotros, para que nosotros conozcamos el amor del único Dios verdadero.
Vaya que tenemos mucho que aprender solamente de este primer momento. Jesús lo dice claramente: ‘esta es la vida eterna, que te conozcan a ti’. Es decir, la vida eterna no es algo que empieza cuando nos morimos. A veces pensamos que la fe es como un seguro de vida para el más allá, cuando en realidad es una relación para el aquí y el ahora.
Conocer a Dios es empezar a vivir esa plenitud desde que te levantas, en cómo tratamos a la familia o en cómo enfrentamos un día en el trabajo.
No tenemos que esperar al cielo para estar con Dios, podemos empezar hoy mismo abriéndole un espacio en nuestro día: leer o escuchar el Evangelio, como lo estás haciendo ahora y continuar después con una oración sencilla pero dedicada; formándote, preparándote, viviendo una vida sacramental constante y profunda.
Luego Jesús dice: ‘te pido por ellos’. Jesús mismo está intercediendo por nosotros ante el Padre, Él reconoce que somos suyos y que le pertenecemos también al Padre. ¡Qué privilegio tan grande! poder escuchar que no solo ya no somos siervos, sino amigos y que además pide personalmente por ti y por mí.
Sobre la oración, Santa Teresita del Niño Jesús escribió: ‘Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor, tanto en la prueba como en la alegría’.
Ella entendió que orar, como lo hizo Jesús en este pasaje que hoy escuchamos, no es decir palabras raras o palabras domingueras, sino simplemente voltear al cielo a mirar al Padre con total confianza, sabiendo que estamos en sus manos y que la gloria se la damos cada vez que cumplimos con su voluntad, aunque ésta nos represente en ocasiones dolor y sufrimiento.
Antífona de comunión
Cf. Jn 14, 26
El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, dice el Señor, los instruirá en todo y les recordará lo que yo les he dicho. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Al recibir, Señor, el don de estos sagrados misterios, te suplicamos humildemente que lo que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya, nos aproveche para crecer en nuestra caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Dame tu gracia, Señor, y lléname de tu Espíritu Santo para que con valentía y entusiasmo lleve el anuncio de tu Palabra a todos aquellos que no te conocen, para que por mi medio, tu Hijo sea conocido de todos y amados por ellos.
Acción
Hoy revisaré en cuáles de mis responsabilidades diarias no estoy dando el cien por ciento de mi capacidad, y veré la manera de hacerlo como testimonio de mi vida cristiana.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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