Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 18 de mayo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana VII - Feria.
   Color del día: Blanco.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Hch 1, 8

Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos hasta los confines de la tierra. Aleluya.

Oración colecta

Descienda sobre nosotros, Señor, la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos cumplir fielmente tu voluntad y manifestarla con una vida santa. Por nuestro Señor Jesucristo

PRIMERA LECTURA
¿Recibisteis el Espíritu Santo
al aceptar la fe?

Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 19, 1-8

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó: «¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».

Contestaron: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».

Él les dijo: «Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».

Respondieron: «El bautismo de Juan».

Pablo les dijo: «Juan bautizó con un bautismo de conversión, y diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».

Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.

Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

La gran novedad del Nuevo Testamento es el "don del Espíritu Santo", es decir, la "inhabitación" de Dios en nosotros. A partir de Pentecostés, la acción de Dios en el hombre no es desde afuera, sino desde dentro. Sin embargo, dado que su presencia es espiritual, sólo la podemos reconocer por su acción.

Esta es quizás la razón por lo que en la primitiva Iglesia uno de los "signos sensibles" que indicaban la presencia del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes es lo que se llama "el Don de Lenguas", o el comenzar a hablar en lenguas desconocidas. Esta manifestación la encontraremos a todo lo largo del libro de los Hechos y está siempre asociada con el bautismo y con la oración.

En medio de este mundo incrédulo que nos toca vivir, esta manifestación es de nuevo un don claro en muchos cristianos, asociado hoy en día al bautismo, que se recibe de pequeño, con la "aceptación personal de la salvación en Cristo" y el compromiso de vivir conforme al Evangelio.

Por ello, en muchas reuniones de oración, al igual que en la primera comunidad, se "oye orar a los cristianos en lenguas que sólo los ángeles conocen". Como todos los dones en la Iglesia, éste también debe ser discernido para no engañarnos en la vida espiritual. Deja que el Espíritu te manifieste su presencia viva en ti.

Salmo responsorial
Sal 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab

R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
  • Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian; como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios. R.
  • En cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría. Cantad a Dios, tocad a su nombre; su nombre es el Señor. R.
  • Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece. R.

Aclamación antes del Evangelio
Col 3, 1

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. R.

EVANGELIO
Tened valor: yo he vencido al mundo

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».

Les contestó Jesús:

¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Familia, el Evangelio nos narra cómo los discípulos dicen que creen porque ya entienden, pero Cristo responde con una pregunta casi irónica: ‘¿De verdad creen?’ Porque Jesús sabe lo que viene, en pocas horas lo van a abandonar, van a huir, se van a dispersar; por eso la fe no consiste principalmente en entender, la fe de los discípulos no era tan firme como pensaban, aún a pesar de que ya estaban comprendiendo más. 

Y aquí está el primer choque de realidad del Evangelio, creer no es entender ni sentir seguridad, creer es permanecer cuando todo se rompe o se derrumba. Muchos hoy confunden la fe con claridad, con paz emocional, con tener todo resuelto, pero hoy el Evangelio nos demuestra que tampoco va por ahí. 

Escuchamos: ‘en el mundo tendrán tribulación’. La tribulación no es señal de ausencia de Dios, es el lugar donde la fe deja de ser idea y se vuelve realidad y en medio de eso, Cristo afirma algo desconcertante: ‘les dejo mi paz’ ¿paz en medio del abandono? ¿paz cuándo todo falla? 

Sí, porque no es la concepción que el mundo tiene de paz; el mundo nos hace creer que hay paz cuando no hay problemas, Cristo, por el contrario, llama paz a algo mucho más profundo: estar unido a Él incluso cuando todo se derrumba.

Por eso añade: ‘Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo’. Aquí está el centro, Jesús es abandonado por todos, pero no pierde su comunión con el Padre y eso es la verdadera fe: no evitar la cruz, sino no perder a Dios en la cruz. 

Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, cuando habla sobre la fe, lo explica con precisión, la fe puede ser verdadera y, sin embargo, imperfecta; necesita ser probada para fortalecerse, porque no basta con un asentimiento inicial, sino que debe arraigarse en la voluntad y sostenerse en la prueba. No basta con creer, hay que pasar por la prueba para que la fe sea real.

Y el Evangelio termina con una frase que es radical: ‘Ánimo, yo he vencido al mundo’. No dice que va a vencer, sino que ya venció. Antes de la cruz visible, la victoria ya está decidida.

Familia, esto cambia todo: nuestro fracaso no es el final, nuestro sufrimiento no es la derrota, nuestra oscuridad no es ausencia de Dios, porque Cristo ya ha vencido, incluso cuando nosotros a veces huyamos o escapemos. La pregunta no es si vamos a caer, la pregunta es ¿Vamos a volver y permanecer en Él? 

Antífona de comunión
Cf. Jn 14, 18; 16, 22

No los dejaré huérfanos, dice el Señor; vendré de nuevo a ustedes y se alegrarán sus corazones. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Espíritu de Dios, llena mi vida de tus dones para construir el Reino de los Cielos en este mundo que muere sin tu presencia, tu fuerza y tu amor; te entrego del todo mi persona para que te sea instrumento y así sea derramada tu gracia como aquel maravilloso día de Pentecostés.

Acción

Cuando esté haciendo oración, personal o en comunidad, le pediré al Señor que vaya disponiendo mi corazón a recibir los dones que él quiera manifestar a través de mí y ponerlos al servicio de la Iglesia.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).