Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 30 de junio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIII - Feria.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Cf. Apoc 7, 14; Dn 3, 95

Estos son los que han pasado por la gran persecución, y han lavado su túnica con la sangre del Cordero. Entregaron sus cuerpos a los suplicios por Dios y obtuvieron una corona eterna.

Oración colecta

Dios nuestro, que consagraste con la sangre de los mártires los fecundos comienzos de la Iglesia de Roma, concédenos que su valor en tan arduo combate nos fortalezca, y su gloriosa victoria nos llene siempre de alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
El Señor Dios ha hablado,
¿quién no profetizará?

Lectura de la profecía de
Amós 3, 1-8; 4, 11-12

Escuchad la palabra que el Señor ha pronunciado contra vosotros, hijos de Israel, contra toda tu tribu que saqué de Egipto: «Sólo a vosotros he escogido de entre todas las tribus de la tierra.

Por eso les pediré cuentas de todas sus transgresiones».

¿Acaso dos caminan juntos sin haberse puesto de acuerdo?

¿Acaso ruge el león en la foresta si no tiene una presa?

¿Deja el cachorro oír su voz desde la guarida si no ha apresado nada?

¿Acaso cae el pájaro en la red, a tierra, si no hay un lazo?

¿Salta la trampa del suelo si no tiene una presa?

¿Se toca el cuerno en una ciudad sin que se estremezca la gente?

¿Sucede una desgracia en una ciudad sin que el Señor la haya causado?

Ciertamente, nada hace el Señor Dios sin haber revelado su designio a sus servidores los profetas.

Ha rugido el león, ¿quién no temerá?

El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará?

Os trastorné como Dios trastornó a Sodoma y Gomorra, y quedasteis como tizón sacado del incendio.

Pero no os convertisteis a mi -oráculo del Señor-.

Por eso, así voy a tratarte, Israel.

Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Ciertamente el Dios que nos ha revelado Jesús es un Dios misericordioso, un Dios que es un verdadero padre y es precisamente por ello por lo que con amor nos corrige y busca que cambiemos nuestro comportamiento hacia él y hacia los demás.

Esta acción de Dios puede resultar dura para aquellos que se han dejado engañar por la psicología moderna, que dice que a los niños no se les debe castigar, y mucho menos corregir. Esto ha hecho de muchos de ellos, personas rebeldes, groseras y desobedientes.

Hoy los padres no son capaces de cumplir el castigo y la corrección que se ofrece al hijo para que se corrija, y por ello muchos de ellos van creciendo pensando que pueden hacer cuanto les parezca, aunque esto esté en contra de la moral y del orden establecido.

Dios, amando profundamente a su hijo, Israel, lo corrigió con amor, pero con dureza; no en vano, pues siempre hubo una razón para hacerlo. Lo que Dios promete lo cumple. Prometió el cielo para los que viven de acuerdo al Evangelio, y el infierno para los rebeldes. Ten por seguro que lo cumplirá.

Salmo responsorial
Sal 5, 5-6. 7. 8

R. Señor, guíame con tu justicia.
  • Tú no eres un dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R.
  • Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor. R.
  • Pero yo, por tu gran bondad, entraré en tu casa, me postraré ante tu templo santo en tu temor. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Sal 129, 5

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Espero en el Señor, espero en su palabra. R.

EVANGELIO
Se puso en pie, increpó a los vientos
y al mar y vino una gran calma

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 8, 23-27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.

En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; Él dormía.

Se acercaron y lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Él les dice: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Este pasaje es ideal para esos momentos donde sentimos que los problemas nos superan. Nos sitúa en una escena dramática y a la vez humana, Jesús sube a una barca y sus discípulos lo siguen. De repente se desata una tormenta terrible en el mar de Galilea, tanto que las olas cubrían la barca. 

Lo curioso del relato y lo que a los discípulos les costaba entender es que, mientras el mar crecía y la barca se hundía, Jesús dormía tranquilamente. Los discípulos, desesperados y llenos de miedo, lo despiertan gritando.

Debemos recordar que los discípulos eran pescadores experimentados y seguramente habían vivido varias veces lo peligroso en lo que se podía convertir ese lago. Su miedo era real, pero el problema no fue sentir miedo, sino olvidar quién estaba con ellos en la barca. 

A veces en nuestra vida, la tormenta puede ser una crisis familiar, una enfermedad, un problema económico o una angustia interna; sentimos que la barca de nuestra vida se hunde y nos desesperamos pensando que Dios nos abandonó o que ya no le importamos.

El texto del Evangelio dice que Jesús se levantó, calmó el viento, calmó el mar y vino una gran paz. Los hombres asombrados decían: ‘¿Quién es este?’ Este milagro nos recuerda que Jesús es el Señor de la creación, el Todopoderoso, de manera que no hay tormenta en nuestra vida, por más negra y violenta que parezca que sea más grande que su poder. Él tiene siempre la última palabra y no nos ha abandonado ni nos abandonará. 

Santa Teresa de Jesús, que pasó en su vida tantas dificultades, persecuciones y enfermedades, dejó escrito un poema que seguramente conoces y puede ser el remedio perfecto para recordarlo en los días de tormenta: ‘Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta’. 

Debemos tener la certeza de que Dios está presente y que al final, todo pasa, Él permanece, somos nosotros los que a veces no nos queremos bajar de la barca y nos olvidamos que nos ha llamado a navegar con Él.

Cuando parece que Jesús duerme y no responde a nuestras oraciones tan rápido como quisiéramos, debemos ser capaces de tener la paciencia de la que habla Santa Teresa, sabiendo que Él sigue al frente de nuestra vida, aunque a veces pareciera que vamos contracorriente, porque de hecho así es. 

El cristiano debe aprender a remar contracorriente con la ayuda de Dios, porque de otra manera el mundo terminará por convencernos de vivir en la mediocridad. Pidamos al Señor que aumente nuestra fe, cuando sintamos que nos hundimos, recordemos que Él está con nosotros en la barca y con su poder, calma la tempestad.

Antífona de comunión
Cf. Lc 12, 4

Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que los matan.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados con el pan del cielo y hechos un solo cuerpo en Cristo, concédenos, Señor, que nunca nos apartemos de su amor y que, a ejemplo de los santos mártires de la Iglesia Romana, lo superemos todo con valentía por él, que tanto nos amó. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración

Dios mío, enséñame a corregir a quienes me diste a cuidar, mis hijos, mis alumnos, mis empleados, mis amigos y que tenga el valor de hacerlo con amor y con verdad para que puedan crecer como personas y como verdaderos hijos tuyos.

Acción

Hoy descubriré la voz de Dios en las correcciones que haya recibido de alguien en estos últimos días.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).