Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana X - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Cf. Sir 15, 5
En medio de la Iglesia abrió su boca, y el Señor lo llenó del espíritu de sabiduría e inteligencia, y lo revistió de gloria.
Oración colecta
Derrama benignamente, Señor, en nuestros corazones el Espíritu Santo, por cuya inspiración el diácono san Efrén se llenaba de júbilo alabando tus misterios, y sostenido con su fuerza te sirvió sólo a ti. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
La orza de harina no se vació,
según la palabra que había pronunciado
el Señor por boca de Elías
Lectura del primer libro de
los Reyes 17, 7-16
En aquellos días, se secó el torrente donde estaba escondido Elías, pues no hubo lluvia sobre el país.
La palabra del Señor llegó entonces a Elías diciendo: «Levántate, vete a Sarepta de Sidón y establécete, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que suministre alimento».
Se alzó y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña.
Elías la llamó y le dijo: «Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé».
Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle: «Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan».
Ella respondió: «Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; sólo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y para mi hijo, lo comeremos y luego moriremos».
Pero Elías le dijo: «No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra”».
Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.
Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Si podemos decir que la obediencia es difícil de vivir, pues actúa directamente sobre nuestro "yo" más profundo, al tener que renunciar a uno mismo, a los propios proyectos y actividades, la obediencia a Dios, por medio de sus profetas, puede resultar todavía más difícil.
Es común escuchar que la gente se declara como cristiana, pero es triste el ver que su vida no busca acomodarse a las exigencias del Evangelio. Y esto es porque quienes así obran, no están dispuestos a obedecerle de manera total. Creen en Jesús, pero parece, por sus actitudes, que no le creen a Jesús.
En este pasaje, Dios habla por medio del profeta Elías, y le pide a la viuda que confíe y que haga exactamente lo que el Señor le pide; si ella cree, no faltará la comida en esa casa. Aprendamos a confiar plenamente en Jesús, tengamos auténtica fe en él y creamos en su Palabra.
No siempre será fácil, pero en ello veremos, como lo vio la viuda, la bendición y la provisión que Dios tiene para aquellos que confían plenamente en él.
Salmo responsorial
Sal 4, 2-3. 4-5. 6bc-8
R. Haz brillar sobre nosotros,
Señor, la luz de tu rostro.
- Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia; tú que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de mí y escucha mi oración. Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? R.
- Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, y el Señor me escuchará cuando lo invoque. Temblad y no pequéis, reflexionad en el silencio de vuestro lecho. R.
- Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?» Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en su trigo y en su vino. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre. R.
EVANGELIO
Vosotros sois la luz del mundo
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
En el pasaje del Evangelio de hoy nos encontramos a Jesús hablando de cosas muy comunes en nuestra vida: la sal y la luz; dos elementos esenciales que transforman lo que tocan y revelan aquello que puede parecer desapercibido. En tiempos de Jesús, la sal era muy valiosa, se usaba principalmente para dos cosas: dar sabor a la comida y por otro lado, evitar que la carne o los alimentos se pudrieran, preservando su duración.
Como la sal, la vida del cristiano tiene la misión de dar un sabor diferente a la vida de los demás y a la sociedad en la que vive; dar un sabor a esperanza, un sabor a alegría, un sabor a bondad. Un cristiano que vive triste, amargado, quejándose todo el día o de manera pesimista, es como esa sal que se ha echado a perder, que se ha vuelto sosa, que ya no sirve, se vuelve como una vida que ha perdido su sabor.
Como elemento para preservar los alimentos, la sal evita la corrupción o la descomposición. Y así nosotros estamos también llamados a frenar el mal en nuestro entorno, con nuestra presencia y nuestras acciones; señalar y frenar las injusticias, dejar los chismes, las envidias. Eso es lo que se esperaría de un buen cristiano.
Jesús dice también que nadie enciende una lámpara para esconderla debajo de un cajón. La luz tiene una función externa: iluminar a los demás. A veces nos da vergüenza mostrar nuestra fe o nuestros valores en el trabajo o con los amigos, pero Jesús es claro: si tienes luz es para que el que camina en la oscuridad pueda ver el camino con esa luz que tú puedes dar.
Y no se trata de presumir ser buenos, sino de que nuestra forma de actuar dé un buen testimonio de la fe cristiana, siendo honrados, trabajadores, congruentes, respetuosos y siendo factores de cambio en nuestro entorno.
Santa Teresa de Calcuta decía: ‘No siempre podemos hacer grandes cosas, pero podemos hacer cosas pequeñas con gran amor’. Sé la expresión viva de la bondad de Dios: bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa.
Basta a veces que con nuestra sonrisa o con nuestro trato amable sea suficiente luz que le cambie el día a alguien que lo está necesitando. Dice Jesús: ‘que vean sus buenas obras’. Y la fe no es algo privado que se queda encerrado en la Iglesia, la fe se debe de notar en cómo tratamos a los demás, independientemente de quiénes sean o en cómo ayudamos a aquel que quizá no nos puede devolver el favor.
Que el Señor nos dé la fuerza de su Espíritu, para que en un mundo que a veces parece oscuro y sin sentido, nosotros seamos ese toque de sabor y esa luz constante que guíe a otros hacia Él.
Antífona de comunión
Cf. Lc 12, 42
Éste es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso al frente de su familia, para darles a su tiempo la ración de trigo.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
A quienes alimentas con Cristo, pan de vida, instrúyenos, Señor, por Cristo, verdadero maestro, para que en la festividad de san Efrén, aprendamos tu verdad y la llevemos a la práctica en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, dame de tu Espíritu para confiar plenamente en ti, pues aunque siempre digo que confío, muchas veces mis acciones concretas dicen otra cosa. Señor, que tu gracia me haga siempre estar ahí para ti.
Acción
Hoy buscaré un área de mi vida en la que aún no me confío del todo a Dios y en un momento de oración le diré que quisiera que el tomara las riendas de ella y que me diga qué debo hacer y lo haré.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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