Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Sábado, 27 de junio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XII - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Sal 27, 8-9

El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad, sé su pastor por siempre.

Oración colecta

Concédenos tener siempre, Señor, respeto y amor a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Sus corazones claman al Señor
sobre la muralla de la hija de Sion

Lectura del libro de las
Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19

Ha destruido el Señor, sin piedad, todas las moradas de Jacob; ha destrozado, lleno de cólera, las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra y profanó el reino y a sus príncipes.

Se sientan silenciosos en el suelo los ancianos de la hija de Sion; cubren de polvo su cabeza y se ciñen con saco; humillan hasta el suelo su cabeza las doncellas de Jerusalén.

Se consumen en lágrimas mis ojos, se conmueven mis entrañas; muy profundo es mi dolor por la ruina de la hija de mi pueblo; los niños y lactantes desfallecen por las plazas de la ciudad.

Preguntan a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras agonizan, como los heridos, por las plazas de la ciudad, exhalando su último aliento en el regazo de sus madres.  

¿A quién te compararé, a quién te igualaré, hija de Jerusalén?; ¿con quién te equipararé para consolarte, doncella, hija de Sion?; pues es grande como el mar tu desgracia: ¿quién te podrá curar?

Tus profetas te ofrecieron visiones falsas y vanas; no denunciaron tu culpa para que cambiara tu suerte, sino que te anunciaron oráculos falsos y seductores.

Sus corazones claman al Señor.

Muralla de la hija de Sion, ¡derrama como un torrente tus lágrimas día y noche; no te des tregua, no descansen tus ojos!

Levántate, grita en la noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta tus manos hacia él por la vida de tus niños, que desfallecen de hambre por las esquinas de las calles.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Similar a la primera lamentación, cada una de las estrofas comienza con una letra del alfabeto hebreo. Al parecer, también, cuando se hace esta segunda lamentación, el templo de Jerusalén ya había sido destruido por los babilonios.

El autor habla en primera persona y describe el dolor en el que está sumido el pueblo: los ancianos vestidos de sayal y cubiertos con polvo, las doncellas con la cabeza en el suelo. El desastre del pueblo es inmenso. Sin embargo, el autor, al final, invita a la oración: que ella sea semejante al correr de las lágrimas, pues ante el Señor lo único que cuenta es derramar el corazón como agua en su presencia.

También nosotros levantamos las manos hacia Dios en medio de las tribulaciones y dificultades, cuando nos es difícil encontrar un sentido, un "¿por qué?".

La invitación es a volver nuestro corazón al Señor e interpretar nuestros sufrimientos personales y sociales desde la fe. Esto tiene la ventaja de volvernos más humildes y sensibles a un Dios que no se complace en nuestro sufrimiento, sino que es capaz de sacar de él provecho y bendición.

Salmo responsorial
Sal 73, 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21

R. No olvides sin remedio
la vida de los pobres.
  • ¿Por qué, oh, Dios, nos rechazas para siempre y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sion donde pusiste tu morada. R.  
  • Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario. Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes. R.
  • Como quien se abre paso entre la espesa arboleda, todos juntos derribaron sus puertas, las abatieron con hachas y mazas. Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R.
  • Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias. Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 8, 17b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades. R.

EVANGELIO
Vendrán muchos de oriente y occidente
se sentarán con Abrahán,
Isaac y Jacob

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».

Le contestó: «Voy yo a curarlo».

Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le dijo a uno: “Ve” y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

Y dijo Jesús al centurión: «Vete; que te suceda según has creído».

Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.

Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Escuchamos hoy la sanación de dos personas: la del criado (o hijo) del centurión y la de la suegra de Pedro.

El centurión, un militar pagano, tenía a su servicio una persona que sufría mucho. Jesús le dijo que Él mismo iba a curarlo, pero el centurión respondió que no era digno de que entrara bajo su techo, que bastaba una sola palabra suya para que quedara sano.

Sus estrategias militares, de alguna forma, habían llevado a este hombre a reconocer la acción de Dios: su palabra se pronuncia y lo que se dice se cumple, porque es una palabra creativa, no meramente descriptiva de la realidad. Además de llamar la atención Jesús sobre la universalidad de la salvación, al final se realiza la curación del enfermo.

En el caso de la suegra de Pedro, ella se encontraba en cama con fiebre. Jesús la tocó y la fiebre desapareció. Ella, entonces, se puso a servir. Se cumple así lo que decían los profetas: que Él tomaría sobre sí nuestras debilidades y cargaría con nuestras enfermedades.

Y esta acción salvífica no ha terminado: continúa en su Iglesia, a través de los sacramentos y de muchas otras formas extraordinarias en las que Dios se acerca a la vida de sus hijos, ofreciéndoles el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

Antífona de comunión
Cf. Sal 144, 15

Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú le das la comida a su tiempo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Renovados por la recepción del Cuerpo santo y de la Sangre preciosa, imploramos tu bondad, Señor, para obtener con segura clemencia lo que celebramos con fidelidad constante. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).