Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 15 de junio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XI - Feria.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Sal 26, 7. 9

Escúchame, Señor, que te llamo. Tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Oración colecta

Oh, Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha con bondad nuestras súplicas y, pues sin ti nada puede la fragilidad de nuestra naturaleza, concédenos siempre la ayuda de tu gracia, para que, al poner en práctica tus mandamientos, te agradecemos con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Nabot ha sido lapidado y está muerto

Lectura del primer libro
de los Reyes 21, 1-16

Por aquel tiempo, Nabot, el de Yezrael, tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaria.

Ajab habló a Nabot diciendo:«Dame tu viña para que pueda tener un huerto ajardinado, pues está pegando a mi casa; yo te daré en cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su precio en plata».

Nabot respondió a Ajab: «¡Dios me libre de cederte la herencia de mis padres!».

Se fue Ajab a su casa abatido y enfadado por la respuesta que le había dado Nabot de Yezrael: «No te cederé la heredad de mis padres».

Se postro en su lecho de cara a la pared y se negó a comer.

Jezabel, su mujer, se le acercó y le dijo: «¿Qué te pasa que estás entristecido y no comes alimento alguno?»

Él le respondió: «Hablé con Nabot de Yezrael y le propuse: «Véndeme tu viña por su valor en plata, o, si lo prefieres, te daré otra viña a cambio»; pero él me contestó: «No te cederé mi viña»».

Jezabel, su mujer, le replicó: «¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! Levántate, come y se te alegrará el ánimo. Yo mismo me encargo de darte la viña de Nabot de Yezrael»

Escribió cartas con el nombre de Ajab y las selló con el sello de él, enviándolas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot.

En las cartas escribió lo siguiente: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot al frente de la asamblea. Frente a él sentad a dos hombres hijos de Belial que testifiquen en contra diciendo: «Tú has maldecido a Dios y al rey.» Entonces lo sacaréis fuera y lo lapidaréis hasta que muera».

Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron tal como Jezabel les ordenó según lo escrito en las cartas remitidas a ellos. Así proclamaron un ayuno y sentaron a Nabotal frente de la asamblea.

Llegaron los dos hombres hijos de Belial, se le sentaron frente a él y testificaron contra él diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey».

Lo sacaron fuera de la ciudad y lo lapidaron a pedradas hasta que murió.

Enviaron a decir a Jezabel: «Nabot ha sido lapidado y está muerto».

En cuanto Jezabel oyó que Nabot había muerto lapidado, dijo a Ajab: «Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, el que se negó a vendértela por su valor en plata, pues Nabot ya no está vivo, ha muerto».

Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yezrael, para tomar posesión de ella.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje nos deja ver lo terrible que es el hombre cuando se deja guiar por sus pasiones. Vemos en este episodio, que realmente nos irrita, ante la prepotencia y corrupción que en ella se presentan, la maldad escondida en el hombre y que emerge con toda su fuerza cuando éste se aleja de Dios.

En el relato de hoy podemos ver, con gran tristeza, reflejadas muchas de nuestras estructuras sociales, desde las familiares hasta las de los gobiernos en los cuales no está presente la gracia y el amor de Dios. 

Vemos cómo este tipo de incidentes se verifican diariamente en el despojo de tierras, de haciendas, de personas; simplemente por ambición; despojos en los que se trama con gran cautela todo el plan, el embuste, la trampa.

Y los mismos sentimientos que emergen en este relato bíblico, con frecuencia nos invaden cuando sabemos de este tipo de injusticias, de atropellos, de maldad en nuestra sociedad.

Podemos, ante esto, quedarnos con este mal sentimiento y engendrar odio y rencor contra quienes han actuado tan vilmente, con lo cual demostraremos no ser mejores que ellos, o bien, podemos orar por ellos para que Dios toque su corazón, podemos ponernos a trabajar para que el Evangelio pueda penetrar todas las estructuras y todos los corazones, esto nos revelará realmente como hijos de Dios, herederos del Reino.

Salmo responsorial
Sal 5, 2-3ab. 5-6a. 6b-7

R. Atiende a mis gemidos, Señor.
  • Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío. R.
  • Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R.
  • Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor. R.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 118, 105

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. R.

EVANGELIO
Yo os digo que no hagáis
frente al que os agravia

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente». Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Familia, el Evangelio de hoy toca un punto muy concreto del corazón humano; y es el deseo de devolver el daño recibido: ‘Ojo por ojo’, dice la ley antigua. Y siendo honestos, a veces eso nos parece razonable; cuando alguien hiere, surge casi de inmediato la necesidad de equilibrar la balanza, de hacer justicia por nuestra propia mano, de no quedar como débiles. 

Pero Cristo entra y rompe ese esquema: ‘Yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo’. Y eso hay que entenderlo bien, porque si no, se malinterpreta y se puede caer en errores. Jesús no está defendiendo la injusticia, ni pidiendo que uno se deje aplastar. Lo que está rechazando es otra cosa, que no nos hagamos conformes al mal que el otro pueda tener.

¡Vaya!, que no adoptemos su misma manera de actuar, porque cuando respondemos al mal con mal, aunque sea en forma de ironía, desprecio o indiferencia, el mal ya ha ganado, ha entrado en nosotros y se ha reproducido. Y eso es lo que Cristo no quiere y no acepta. 

Por eso, propone gestos que parecen exagerados: poner la otra mejilla, dar también el manto, caminar una milla más. No son normas jurídicas, son signos de una libertad interior, de una libertad que siempre elige el bien.

El cristiano no actúa por reacción, actúa por decisión; no responde desde la herida, sino desde una voluntad transformada. Y aquí está la clave: no es pasividad, es dominio de sí; no es debilidad, es una fuerza más alta, es negarse a vivir en la lógica de la revancha.

Y esto coincide con lo que enseña Santo Tomás de Aquino, estos mandatos no obligan siempre en sentido literal, pero sí revelan la disposición interior que debe tener el cristiano. Una caridad que está por encima de la justicia estricta; por eso no se trata solo de cumplir una norma, sino de tener un corazón que ya no necesita vengarse, porque en el fondo, el cristiano vive de algo que ha recibido primero. 

Dios no nos ha tratado bajo la ley del ojo por ojo, porque si Dios hubiera respondido a nuestro pecado con justicia estricta, ninguno estaría aquí, pero Él responde con misericordia y ahí está el punto decisivo: solo quien ha experimentado esa misericordia puede empezar a vivir así. 

Por eso la pregunta es muy concreta ¿reaccionamos como cualquiera o empezamos a responder como Cristo? Porque ahí exactamente se decide si el Evangelio es una idea o es un estilo de vida. 

Antífona de comunión
Sal 26, 4

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi via.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, esta santa comunión contigo que hemos recibido, anticipo de la unión de los fieles en ti, realice también la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, quiero que tu gracia me transforme; dame un corazón apacible y dócil a tu voluntad, que sepa amar y que se aparte de la crueldad, el desinterés, la soberbia y el desamor. Haz mi corazón semejante al tuyo.

Acción

Hoy pondré atención a las noticias del día y oraré específicamente por esas situaciones en las que se está sufriendo por la falta de Dios.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).