Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 19 de julio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVI.
   Color del día: Verde.  

Antífona de entrada
Sal 53, 6. 8

El Señor es mi auxilio y el único apoyo en mi vida. Te ofreceré de corazón un sacrificio y daré gracias a tu nombre, Señor, porque eres bueno.


Oración colecta

Sé propicio, Señor, con tus siervos y multiplica, bondadoso, sobre ellos los dones de tu gracia, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y la caridad, perseveren siempre fieles en el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Concedes el arrepentimiento
a los pecadores

Lectura del libro de la
Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente.

Porque tu fuerza es el principio de la justicia, y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos.

Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen.

Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres.

Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

La lectura del libro de la Sabiduría se sitúa en el contexto de las afirmaciones sobre el monoteísmo de Israel frente a los egipcios y los cananeos. Forma parte de una sección apologética que subraya la fe en el único Dios digno de confianza: el Dios de Israel, que supera en poder y en amor a los dioses de los pueblos vecinos.

El Dios de Israel, al otorgar a todos los hombres la dignidad de ser hijos, ennoblece la misma religión y condena todo lo que no sea una religión de vida y de amor.

Este es el sentido actual de este texto: aprender a hacer de la religión un camino de vida y no de muerte. Incluso quienes no cuentan con Dios —por ateísmo o agnosticismo— no deben temer, porque Dios sí cuenta con ellos, con sus valores y compromisos, ya que Él es un Dios justo.

Para reflexionar: ¿Tengo otros dioses en mi vida? ¿Tengo otros dioses en mi vida? (Nota: la frase aparece repetida exactamente igual en el texto original)

ORACIÓN: Señor, que aprendiendo de tu forma de ser, pueda ser compasivo y misericordioso con los demás. Amén.

Salmo responsorial
Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a

R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.
  • Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia, con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende la voz de mi súplica. R.
  • Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios». R.
  • Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí. R.

SEGUNDA LECTURA
El Espíritu intercede por
nosotros con gemidos inefables

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:

El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

Una vez más volvemos sobre la carta a los Romanos y, de manera particular, sobre el papel del Espíritu en la vida cristiana. En este caso, Pablo afronta en dos versos preciosos una de las experiencias más grandes del ser humano: la interiorización de la oración.

El Espíritu, que conoce nuestra debilidad y sabe hasta dónde podemos llegar y hasta dónde no, habita en nosotros para acceder a la intimidad de Dios, pedirle, rogarle y presentarle nuestras necesidades y anhelos.

Por eso, cuando Dios examina nuestro corazón, no lo encuentra vacío, sino lleno de la presencia del Espíritu, que se ha adentrado hasta lo más profundo de nuestro ser. Por medio del Espíritu aprendemos no solo que Dios nos ha creado, sino también que nunca nos abandona a la impotencia de nuestra fragilidad.  

Para reflexionar: ¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo? ¿Pido el don del discernimiento para saber tomar decisiones?

ORACIÓN: Señor, que tu Espíritu interceda siempre por nosotros. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

EVANGELIO
Dejadlos crecer juntos hasta la siega

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña. Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: ‘Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’

El amo les respondió: ‘De seguro lo hizo un enemigo mío’.

Ellos le dijeron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’

Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero’ ”.

Luego les propuso esta otra parábola: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.

Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El pasaje del Evangelio nos presenta la parábola de la cizaña que aparece en medio del trigo. Sabemos que san Mateo suele alegorizar muchas de las explicaciones de las parábolas que ha recibido de la tradición. Se trata de hablar de Dios, que no actúa como muchos quisieran, pues Él tiene sus propios caminos.

La propuesta original de Jesús era precisamente la de imitar al hombre de la parábola, no la de esperar únicamente el castigo final de los malos. El sentido, entonces, es distinto, y debemos recuperar el tenor auténtico de la parábola de Jesús.

Sorprende la seguridad del dueño, su paciencia, su confianza, diríamos su benignidad y justicia, a la espera de los acontecimientos finales. Lo importante y decisivo es saber esperar. Para Jesús, toda persona tiene sus oportunidades, tanto desde sus experiencias de gracia como desde sus miserias.

La parábola de la cizaña y el trigo puede ser también una descripción de nuestra propia vida personal. Sentirse alejado de Dios cuando en nosotros crece el mal sería una muerte espiritual que no corresponde al mensaje original de Jesús. Todos sabemos que debemos dar cuenta de nuestra vida, pero la paciencia divina es un regalo que todos necesitamos.

Para reflexionar: ¿Cultivo en mi vida el don de la paciencia? ¿Juzgo con severidad las malas acciones de los demás?

ORACIÓN: Señor, ayúdame a tener paciencia evangélica y a saber esperar confiando en tu gracia. Amén.


Antífona de comunión
Sal 110, 4-5

Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente; él da alimento a sus fieles.


Oración después de la comunión

Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Síntesis

Se nos pide vivir preparados, en vela. Cuanto mayor sea el don que Dios nos comparte, mayor será también nuestra responsabilidad.

Por eso, quienes hemos sido llamados por Dios a participar de su vida y a extender su Reino viviendo en la fe, no debemos perder de vista que algún día seremos llamados a rendir cuentas.

De ahí que, prácticamente, todos los textos de hoy nos invitan a vivir en tensión, en movimiento hacia Dios, precisamente a partir de la promesa que Él nos hace.

Tanto el libro de la Sabiduría como el salmo responsorial nos hablan de la benignidad y la indulgencia de un Dios cuya justicia se armoniza perfectamente con su compasión.

Un mensaje que, de algún modo, también está implícito en la parábola que nos presenta el Evangelio de Mateo: el trigo y la cizaña crecen juntos, el bien y el mal conviven en la historia humana, pero solo a la hora del juicio Dios separará a ambos.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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