Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIV.
Color del día: Verde.
Antífona de entrada
Sal 47, 10-11
Meditamos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Tu alabanza llega hasta los confines de la tierra como tu fama. Tu diestra está llena de justicia.
Oración colecta
Señor Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo reconstruiste el mundo derrumbado, concede a tus fieles una santa alegría para que, a quienes rescataste de la esclavitud del pecado, nos hagas disfrutar del gozo que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Mira a tu rey que viene a ti pobre
Lectura de la profecía de
Zacarías 9, 9-10
Esto dice el Señor: «¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén!
Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín, y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos.
Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del país».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La primera lectura, tomada del profeta Zacarías, habla sobre la restauración de Israel y de Jerusalén gracias al Mesías justo y victorioso. El libro del profeta Zacarías es un conjunto de oráculos que, con toda seguridad, no pertenecen solamente a un personaje, sino a una escuela profética que se ocupa de animar al pueblo.
Con un tono escatológico, de influencias apocalípticas, se pone de manifiesto como punto central a Sión, símbolo de unidad, de justicia y de paz. El oráculo propone la destrucción de los carros y de las armas, lo cual, al igual que ayer, es el gran anhelo de la humanidad, porque ninguna guerra lleva a ninguna parte: solamente siembra muerte y destrucción.
Probablemente es un texto que nace en el horizonte de la conquista de Palestina por parte de Alejandro Magno y sus generales, lo cual es lo contrario de la propuesta del oráculo, que ve en lontananza a un rey humilde. Es la fuerza de la humildad con la que este rey destruirá los instrumentos de la guerra.
Para reflexionar: ¿Me esfuerzo por ser instrumento de paz en medio de mis hermanos? ¿Trabajo por la concordia en medio de los conflictos?
ORACIÓN: Señor, tú eres la fuente de nuestra alegría; que pueda cada día sembrar la semilla de la paz para que, a su tiempo, dé fruto. Amén.
Salmo responsorial
Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14
R. Bendeciré tu nombre por siempre,
Dios mío, mi rey.
- Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.
- El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.
- Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.
- Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R.
SEGUNDA LECTURA
Si con el Espíritu dais muerte
a las obras del cuerpo, viviréis
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13
Hermanos:
Vosotros no estáis sujetos en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
Frente a la seguridad de los judíos, el apóstol traza la alternativa más desbordante para la vida cristiana: vivir según el Espíritu y no en el mero legalismo. Este es un canto del Espíritu de liberación y de victoria frente a las situaciones trágicas del narcisismo y de cualquier estructura que nos ata.
La redención cristiana se realiza por medio del Espíritu, que es quien da sentido a nuestra vida mientras vivimos aquí, y quien nos garantiza la vida más allá de la muerte; porque, de la misma manera que por Él se llevó a cabo la resurrección de Jesús, así sucederá también con nosotros.
Es el texto más explícito de Pablo sobre la conexión entre resurrección y Espíritu, y debemos profundizar en él. Es el Espíritu quien nos hará pasar por la muerte, no para quedarnos en la nada, sino para tener la vida nueva que ahora ya posee el Señor.
La presencia del Espíritu en nosotros no puede ser distinta de la que experimentó Cristo. Por tanto, vivir, ser habitados por el Espíritu, es experimentar en uno mismo y en relación con Dios lo que se nos describe en el evangelio de hoy.
Para reflexionar: ¿Me dejo conducir por el Espíritu de Dios, antes que por un legalismo estéril? ¿En qué momentos de mi vida he experimentado la asistencia del Espíritu del Señor?
ORACIÓN: Señor, que mi vida esté siempre conducida por tu Espíritu Santo y que así pueda apartarme de todas las obras que me alejan de ti. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.
EVANGELIO
Soy manso y humilde de corazón
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Estamos frente a un evangelio no solo conocido, sino también una página hermosa que nos habla del misterio de la gratuidad de Dios. Mucho se ha dicho del Dios de Jesús, y cada generación ha de interrogarse sobre ello, porque ese Dios hay que descubrirlo en el Evangelio.
En este caso, podríamos aplicar el famoso "criterio de disimilitud" con el que los especialistas han tratado de fijar las palabras auténticas de la predicación de Jesús.
Jesús, rompiendo con toda clase de preconcepciones sobre Dios, sobre la religión de su tiempo y sobre la cercanía del amor divino y de la gracia, reta a sus oyentes para que definitivamente se abandonen en las manos de Dios.
¿Por qué? Porque se trata de un Dios distinto de como se le había concebido hasta entonces y, consiguientemente, de unas relaciones nuevas con Él. No son los sabios, los poderosos o los que más saben quienes lo descubren. Esa es la primera lección, lo más importante.
No obstante, tampoco es una condena de la teología ni de los teólogos; lo cierto es que Jesús quiere abrir el misterio de Dios a toda la gente y, especialmente, a los más alejados.
Para reflexionar: ¿Cultivo en mi vida la humildad y sencillez de vida? ¿Me abandono en las manos del Señor cuando experimento dificultades, o por el contrario caigo con frecuencia en la desesperación?
ORACIÓN: Señor, quiero ser de esos sencillos de los que hablas en el Evangelio; dame el don de la humildad para abandonarme en tus manos. Amén.
Antífona de comunión
Mt 11, 28
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio, dice el Señor.
Oración después de la comunión
Señor, que nos has colmado con tantas gracias, concédenos alcanzar los dones de la salvación y que nunca dejemos de alabarte. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Síntesis
Hoy se resaltan las virtudes de la humildad y la sencillez del Mesías, como bien lo recuerda la oración colecta: "En la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída".
El profeta Zacarías nos presenta la figura de un rey humilde y pacífico, despojado de rasgos guerreros. Es la figura de Cristo, sencillo y humilde de corazón, tal como lo muestra el Evangelio.
Con humildad, Él convoca a los sencillos para hacerles el don del Espíritu, mediante el cual, como lo afirma san Pablo, podemos participar de la Resurrección de Cristo.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).



