Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XX.
Color del día: Verde.
Memoria devocional: San Esteban I de Hungría.
Antífona de entrada
Sal 83, 10-11
Fíjate, oh, Dios, escudo nuestro; mira el rostro de tu Ungido, porque vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.
Oración colecta
Oh, Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde la ternura de tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
A los extranjeros los traeré
a mi monte santo
Lectura del libro de
Isaías 56, 1. 6-7
Esto dice el Señor: «Observad el derecho, practicad la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar.
A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que observan el sábado sin profanarlo y mantienen mi alianza, los traeré a mi monte santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración; sus holocaustos y sacrificios serán aceptables sobre mi altar; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Al regresar Israel del destierro y no cumplirse las promesas, el pueblo cayó en la desesperación y el desencanto. Este tercer bloque de Isaías está destinado a mantener viva la esperanza. En esta sección toma fuerza la visión de la futura Jerusalén, la ciudad embellecida y encumbrada por encima de todos los pueblos, convertida en polo de atracción para las naciones.
El capítulo 56 se abre con una llamada a practicar la justicia y el derecho. Aunque en esta ocasión no se lee el versículo 2, es fundamental para comprender el resto: allí se proclama una bienaventuranza que supone el versículo anterior, afirmando que es dichoso el que es justo).
Cuando se refiere al que practica la justicia y el derecho, se emplea el término hebreo ben-Adám, es decir, hijo de Adán. Esta afirmación marca un giro decisivo en la visión veterotestamentaria: la paternidad de Dios es universal, y alcanzará su plenitud en la revelación de Jesucristo.
Los versículos 6 y 7 enfatizan esta dimensión: los extranjeros que busquen servir al Señor serán atraídos hacia la Casa del Señor, la cual será llamada “casa de oración”.
Sin embargo, el judaísmo fue cerrando sus puertas a la universalidad, aunque los profetas anunciaban lo contrario en nombre de Dios. Jesús mismo será la máxima expresión de esta apertura cuando enseñe que los verdaderos adoradores del Padre no lo harán en un monte específico o exclusivo, sino en espíritu y en verdad. La comunidad cristiana lo irá asimilando después de la resurrección.
Para reflexionar: Si Dios es Padre de todos, ¿me siento hermano de todos? ¿Qué me lleva a establecer particularidades o exclusivismos?
ORACIÓN: Señor, Padre de todos, dame un corazón capaz de amar a todos y de buscar siempre el bien de todos. Amén.
Salmo responsorial
Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8
R. Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
- Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R.
- Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia y gobiernas las naciones de la tierra. R.
- Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman todos los confines de la tierra. R.
SEGUNDA LECTURA
Los dones y la llamada de Dios
son irrevocables
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32
Hermanos:
A vosotros, gentiles, os digo: siendo como soy apóstol de los gentiles, haré honor a mi ministerio, por ver si doy celos a los de mi raza y salvo a algunos de ellos.
Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida?
Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
En efecto, así como vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios, pero ahora habéis obtenido misericordia por la desobediencia de ellos, así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que se os ha otorgado a vosotros, para que también ellos alcancen ahora misericordia.
Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
La clave está en la expresión paulina sobre la irrevocabilidad de los dones y de la llamada de Dios. Este es el principio y fundamento de todo lo demás.
Ciertamente, Israel no respondió como debía a las invitaciones y a la misión que Dios le encomendó; sin embargo, esto no fue motivo de desgracia, sino ocasión de reconciliación para el mundo y esperanza de que un día volverán al Dios de la vida.
De la misma manera, lo que en algún momento significó la rebeldía de los pueblos paganos, por la elección de Israel e incluso a pesar de su desobediencia, se convirtió en causa de misericordia para los demás pueblos. Tanto unos como otros están “encerrados” en la misericordia de Dios, que busca ofrecer a todos su amistad.
A Dios no podemos atribuirle sentimientos de venganza o represalia, ni pensar que unos son mejores que otros. Esa mentalidad mercantilista y utilitarista, que inunda nuestras relaciones, ha empañado también la imagen del verdadero Dios.
Lo más extraordinario es que la desobediencia de unos, la obstinación de otros o la falta de méritos no son obstáculo para que Dios ofrezca a hombres y mujeres de todos los tiempos su inmensa misericordia.
Para reflexionar: ¿Qué significa para mí que Dios me ha encerrado en su misericordia? ¿Cómo trato de vivir esta gracia?
ORACIÓN: Señor, que si de algo debo presumir, sea de tu gran misericordia para conmigo. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. R.
EVANGELIO
Mujer, qué grande es tu fe
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame».
Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Mateo sitúa este episodio justo después de la discusión con los escribas y fariseos, quienes reclamaban a Jesús por el quebrantamiento de algunas normas por parte de sus discípulos. Se trata de una mujer pagana que se acerca a Jesús mientras Él transita por territorio extranjero. Sus gritos desesperados pidiendo auxilio manifiestan una fe auténtica y una pureza de corazón que no dependen del apego obsesivo a ciertos ritos.
En medio de esta súplica se entabla un diálogo entre la mujer y Jesús, del cual son testigos los discípulos, quienes simplemente querían que Él la despidiera.
El texto plantea una dificultad: el silencio inicial de Jesús y su respuesta posterior parecen reflejar una cierta prevalencia étnica. Sin embargo, Mateo evidencia con ello las objeciones que la comunidad sufría en su tiempo, para mostrar que al final carecen de sentido.
La alabanza de Jesús a la fe de esta mujer, junto con su perseverancia y la astucia de su respuesta, revelan el carácter universal de la llegada del Señor y lo absurdo de los exclusivismos. Todos somos hijos de un mismo Padre. Como comentó san Agustín: esta mujer que primero recogía migajas, terminó sentándose a la mesa de los hijos.
Para reflexionar: ¿Cómo impacta este pasaje del Evangelio en mi visión del mundo? ¿Con quién me identifico más: con los discípulos, con la mujer o con su hija?
ORACIÓN: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Amén.
Antífona de comunión
Cf. Jn 6, 51
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Oración después de la comunión
Después de haber participado de Cristo por estos sacramentos, imploramos humildemente tu misericordia, Señor, para que, configurados en la tierra a su imagen, merezcamos participar de su gloria en el cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Síntesis
Pablo concluye la exhortación de este día hablándonos de la misericordia divina. Que Dios es rico en misericordia ha sido la revelación plena del Hijo sobre el Padre, y el Espíritu Santo se encarga de universalizarla y extenderla a todos.
Esta es la clave de interpretación de esta jornada: el don de Dios no se concede a unos pocos, ni pertenece como monopolio exclusivo, sino que es para todos, incluso para aquellos que parecen más lejanos o menos dignos, porque las promesas de Dios siempre superan todo deseo.
Fuentes:
La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).



