Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 85, 1-3
Inclina tu oído, Señor, escúchame. Salva a tu siervo que confía en ti. Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día.
Oración colecta
Oh, Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar lo que prescribes y esperar lo que prometes, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros ánimos se me afirmen allí donde están los gozos verdaderos. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Conservad las tradiciones
que habéis aprendido
Lectura de la 2ª carta del apóstol
san Pablo a los Tesalonicenses
2, 1-3a. 14-17
Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por alguna revelación, rumor o supuesta carta nuestra, como si el día del Señor estuviera encima. Que nadie en modo alguno os engañe.
Dios os llamó por medio de nuestro Evangelio para que lleguéis a adquirir la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.
Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y os dé fuerzas para toda clase de palabras y obras buenas.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Esta palabra de Dios, que nos comunica hoy el apóstol san Pablo, es verdaderamente "buena noticia".
En medio de todos los rumores que, con frecuencia, circulan sobre el fin del mundo, la Escritura nos confirma que no nos debemos dejar llevar por todos estos vaticinios, los cuales, en lugar de presentar un mensaje de salvación, presentan un mensaje de perdición, lo que lógicamente, como a los tesalonicences, nos lleva a vivir en un estado de inquietud y de angustia que no es propio del Evangelio y de aquellos que se dejan conducir por el Espíritu de Jesús.
Por el contrario, son frutos inconfundibles de la vida cristiana la alegría y la paz interior. El apóstol nos recuerda que Dios nos ama y que nos ha dado gratuitamente esta paz y esta alegría, no dejemos que nada ni nadie, bajo supuestas apariciones o mensajes, sean capaces de arrebatarnos el regalo que Dios nos ha hecho en Cristo.
Es esta paz, esta alegría interior, la que verdaderamente nos dispone a obrar el bien, y es tan notorio que todos lo perciben. Sé hoy el canal por el cual la alegría y la paz de Dios, lleguen a todos y a cada una de las personas que te rodean.
Salmo responsorial
Sal 95, 10. 11-12a. 12b-13
R. Llega el Señor a regir la tierra.
- Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente». R.
- Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos. R.
- Aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R.
Aclamación antes del Evangelio
Heb 4, 12ad
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. R.
EVANGELIO
Esto es lo que habría que practicar,
aunque sin descuidar aquello
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad!
Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello!
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Este pasaje del Evangelio contiene una de las llamadas de atención más enérgicas de Jesús. Nos quiere hacer ver el peligro de vivir una fe de puras apariencias. El Señor nos advierte sobre la contradicción en la que a veces caemos, de querer cumplir minuciosamente con las normas externas y los detalles visibles, mientras descuidamos lo que realmente le da sentido a la vida cristiana: los actos de justicia, la misericordia y la fidelidad.
Debemos saber que la verdadera transformación del que quiere vivir cristianamente no es solo en el exterior, algo simple o superficial, sino una limpieza que comienza desde el interior de nuestro corazón y que debe notarse en todos los aspectos de nuestra vida. Llevar esto a la práctica, nos obliga a vivir con coherencia cada una de las cosas que hacemos.
Este mensaje nos debe llamar a tener cuidado de que en la búsqueda de querer ser implacables en el cumplimiento de los deberes o las formalidades, descuidemos el trato humano y amoroso a nuestros semejantes; de nada sirve ser el profesional más eficiente si somos indiferentes ante las necesidades de un hermano, si actuamos con frialdad ante las injusticias o si nos falta compasión para comprender los errores de los demás.
La coherencia se vuelve un cimiento de nuestro testimonio cristiano. A veces nos desgastamos cuidando que el hogar luzca perfecto frente a las visitas o que se mantenga una fachada impecable, pero en la intimidad, permitimos que el egoísmo o el resentimiento contaminen nuestra vida.
La verdadera autenticidad se inicia y se vive desde dentro, sanando nuestras heridas más profundas primero, para poder aliviar también lo externo, de adentro hacia afuera; las actitudes diarias enfocadas en el amor y el respeto que mostramos hacia afuera debe ser el mismo que se vive desde dentro.
Al meditar sobre este llamado a la coherencia, San Jerónimo explicaba con mucha claridad, Dios no mira las manos limpias si el corazón está manchado. La verdadera justicia del cristiano consiste en purificar los pensamientos y las intenciones íntimas, porque es del interior del corazón de donde brotan las obras que salvan o que condenan.
Jesús nos invita a ser congruentes y coherentes, no aparentar una cosa y ser otra; Él ve y conoce perfectamente nuestro interior y nuestras verdaderas intenciones, por eso es importante examinar nuestros motivos más profundos.
Procuremos que todas nuestras acciones vayan encaminadas al bienestar y al amor real de quienes nos rodean, sin buscar el aplauso o el reconocimiento; la búsqueda de la santidad consiste en actuar con justicia, en fidelidad y misericordia en cada pequeño detalle de nuestra vida.
Antífona de comunión
Cf. Sal 103, 13-15
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor, para sacar pan de los campos y vino que alegre el corazón del hombre.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que realices plenamente en nosotros el auxilio de tu misericordia, y haz que seamos tales y actuemos de tal modo que en todo podamos agradarte. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, te espero ansiosamente, espero tu regreso majestuoso y lleno de poder, pero lo espero en tu paz y con alegría. Sólo te pido que la acción de tu Espíritu Santo siempre me guíe para permanecer firme en tu amor y en tu verdad; que mi vida esté llena de buenas obras y de buenas palabras.
Acción
Hoy repetiré constantemente "Ven, Señor Jesús" y lo haré pensando en que venga a mi día, en que venga al mundo que no lo conoce y que venga en el día grande y glorioso de su revelación.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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