Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 13 de agosto de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIX - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Sal 73, 20. 19. 22. 23

Piensa, Señor, en tu alianza, no olvides sin remedio la vida de tus pobres. Levántate, oh, Dios, defiende tu causa, no olvides las voces de los que acuden a ti.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, a quien, instruidos por el Espíritu Santo, nos atrevemos a llamar Padre, renueva en nuestros corazones el espíritu de la adopción filial, para que merezcamos acceder a la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Emigra en pleno día, a la vista de todos

Lectura de la profecía de
Ezequiel 12, 1-12

Me fue dirigida esta palabra del Señor: «Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen; pues son un pueblo rebelde.

Así pues, tú, hijo del hombre, prepara tu equipaje para el destierro, y emigra en pleno día, a la vista de todos; a la vista de todos emigra a otro sitio. Tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.

Sacarás tu equipaje de deportado en pleno día, a la vista de todos; partirás al atardecer, a la vista de todos, como quien va al destierro.

A la vista de todos abre una brecha en el muro y saca por allí tu equipaje.

Cárgalo al hombro a la vista de todos, sácalo en la oscuridad. Cúbrete la cara para no ver la tierra, porque hago de ti un signo para la casa de Israel».

Yo hice todo lo que me había ordenado. Saqué mi equipaje como quien va al destierro, en pleno día; al atardecer abrí una brecha en el muro con las manos, lo saqué en la oscuridad y me lo cargué al hombro, a la vista de todos.

A la mañana siguiente me fue dirigida esta palabra del Señor: «Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, la casa rebelde, qué es lo que hacías?

Pues respóndeles: “Esto dice el Señor Dios: Este oráculo toca al príncipe en Jerusalén y a toda la casa de Israel que vive allí”.

Di: “Yo soy un signo para vosotros: como yo he hecho, así harán con ellos. Serán deportados irán al destierro.

El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el equipaje, en la oscuridad saldrá, por una brecha que abrirán en el muro para sacarlo, se cubrirá la cara para no ver su tierra con sus propios ojos”».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

No es raro en la literatura profética el encontrarnos, como en el pasaje de hoy, escenificaciones que buscan ilustrar al pueblo con imágenes lo que no han querido entender con las palabras. El profeta les hace ver que, de la misma forma como él ha salido de Jerusalén, así saldrán también todos ellos empezando por el Rey.

Ante estas palabras, siempre me pregunto: ¿No será suficiente, todo lo que estamos viendo hoy en el mundo, para que entendamos que hemos diluido el Evangelio de Jesús; que nuestra vida dista mucho de ser lo que el Señor nos invitó a vivir en su Iglesia?

No parece que las predicaciones tengan gran impacto en el pueblo, y la mayoría de nuestros hermanos bautizados, caminan por el camino de la oscuridad, del hedonismo, del materialismo, y algunos, de cosas peores. Hoy en día recibimos noticias de que, en diferentes partes del mundo, imágenes de María Santísima lloran, incluso algunas hasta lloran sangre.

Cuestionado sobre este particular, el santo Padre Juan Pablo II decía: "Si la imagen de Nuestra Señora llora, por algo será". Con estas palabras, sin admitir del todo el suceso, dejaba abierta la reflexión del por qué este tipo de eventos. Hermanos, no podemos cerrar nuestros ojos ante la realidad que viven hoy muchísimos bautizados.

Oremos al Señor y pongámonos a trabajar para llevarles el mensaje de salvación, perdón y esperanza.

Salmo responsorial
Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62

R. No olvidéis las acciones del Señor.
  • Ellos tentaron al Dios altísimo y se rebelaron, negándose a guardar sus preceptos; desertaron y traicionaron como sus padres, fallaron como un arco engañoso. R.
  • Con sus altozanos lo irritaban, con sus ídolos provocaban sus celos. Dios lo oyó y se indignó, y rechazó totalmente a Israel. R.
  • Abandonó sus valientes al cautiverio, su orgullo a las manos enemigas; entregó su pueblo a la espada, encolerizado contra su heredad. R.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 118, 135

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, enséñame tus decretos. R.

EVANGELIO
No te digo que perdones hasta siete
veces, sino hasta setenta veces siete

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 18, 21-19, 1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Pedro, con una gran convicción, se acerca al Maestro a plantearle una duda muy genuina, muy humana, porque cuando alguien nos ofende, de manera instintiva,  sintiéndonos agraviados, tendemos de inmediato a responder, en mayor o menor medida, pero sin duda que en nuestra carne, las ofensas dejan huella, marcan y provocan una reacción.

En su genuino sentir, Pedro está dispuesto a ir más allá de sus fuerzas, está dispuesto a perdonar y no solo perdonar a alguien que lo ofendió, alguien que hasta siete veces lo ha ofendido. En su cabeza le parecía razonable que un seguidor de Jesús se decidiera a perdonar a alguien que lo ofendió tantas veces.

Si me pongo en el lugar de Pedro, ¿hasta cuántas veces puedo perdonar a alguien que me ofende, que me molesta, que me causa animadversión? ¿acaso ya di el gran paso de perdonarlo una vez? Porque a veces, ni siquiera estamos dispuestos a perdonar esta primera vez, decimos “¿qué no viste lo que me hizo? ¿Cómo me ofendió delante de todos?” o lo que sea que haya sido. 

Parafraseando a Jesús, realmente lo sorprende con la respuesta, ‘Pedro, ¿sólo siete? ¡eso es muy poco!, si quieres ser de los míos ¡tienes que perdonar siempre!’ y como dice el dicho, ahí es donde se enfría el cliente.

Nos gusta seguir al Dios del amor, acercarnos a Él, sentirnos abrazados y apapachados cuando algo no está bien en nuestras vidas, cuando necesitamos ayuda. Y este mismo Dios del amor nos pregunta ¿y estás dispuesto a perdonar? ¿cuál es tu respuesta a esa pregunta? Piensa en una ofensa que hayas sufrido, no en esa que a ojos del mundo sea “imperdonable”, piensa en una de “media tabla” ¿realmente estás dispuesto?

Santa Teresa de Calcuta nos enseñó que el amor verdadero no evita el dolor, más bien significa que el amor y la compasión superan cualquier ofensa. Somos hijos de Aquél que nos ha perdonado todo, todo. 

Nosotros en nuestra pequeñez, somos incapaces de perdonar, pero si dejamos que nuestro corazón sea el corazón de Jesús, nos será posible perdonar, tener la compasión de Jesús, que no necesariamente significa que a partir del perdón ya soy el mejor amigo(a) de esa persona que me ofendió, pero ya no llevo ese rencor o esas ganas de venganza.

Si esta reflexión te recuerda una ofensa que no ha sido perdonada, ponla en las manos del Señor, no importa el origen, dile que ya no quieres llevar esa carga y recupera tu libertad.

Antífona de comunión
Cf. Sal 147, 12. 14  

Glorifica al Señor, Jerusalén, que te sacia con flor de harina.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

La comunión en tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance en la luz de tu verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Haz de mí, Señor, una señal; una señal para todos los que me rodean. Te ofrezco mi vida para que la moldees a tu voluntad y la formes de tal modo, que puedas usarme para llamar a todos los que se dirigen a una eternidad sin ti; por tu gran amor, pero también por ellos, me ofrezco, para que alcancen misericordia y la vida eterna.

Acción

Hoy me esforzaré por ser diferente ante los demás, ser diferente como el Señor, hoy cuidaré de que cada acción del día, sea como una señal del gran amor que Dios nos tiene, y espera por todo aquel que lo acepte.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).