Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVI.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia.
Antífona de entrada
Cf. Sal 1, 2-3
Dichoso el hombre que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto en su sazón.
Oración colecta
Oh, Dios, que concediste al presbítero san Jerónimo un amor suave y vivo a la Sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
El mortal no es justo ante Dios
Lectura del libro de
Job 9,1-12.14-16
Respondió Job a sus amigos: «¡Se muy bien que es as!: que el mortal no es justo ante Dios.
Si quiere pleitear con él, de mil razones no le rebatirá ni una.
Él es sabio y poderoso, ¿quién le resiste y queda ileso?
Desplaza montañas sin que se note, cuando las vuelca con su cólera.
Estremece la tierra en sus cimientos, hace retemblar sus pilares; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas.
Él solo despliega los cielos y camina sobre el dorso del Mar.
Creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur.
Hace prodigios insondables, maravillas innumerables.
Sí cruza junto a mí, no lo veo; me roza, al pasar, y no lo siento; si en algo hace presa, ¿quién se lo impedirá?, ¿quién le reclamará: “Qué estás haciendo”?
Cuanto menos podre yo replicarle o escoger argumentos contra él.
Aunque tuviera yo razón, no respondería, tendría que suplicar a mi adversario; aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Esta reflexión de Job nos ilumina sobre la correcta perspectiva de Dios con respecto al hombre: él es Dios y yo un simple mortal. ¿Cuántas veces nos pensamos más inteligentes, prudentes y justos que Dios? Por momentos se nos olvida que Dios es Dios, que él lo sabe todo, que él lo puede todo, que él, como dice san Pablo: "Es todo en todos".
Cuando nuestros proyectos son diferentes a los de Dios, ¿cuántas veces los queremos hacer valer? Y cuando éstos no resultan como pensábamos, ¿no es cierto que sentimos el impulso de acusar a Dios de nuestros propios fracasos?
Y cuando, aun siguiendo sus caminos, nos encontramos con problemas, injusticias, incluso con la misma cruz, ¿qué pensar de Dios? ¿acaso Dios se equivocó? ¿me puso en este proyecto, en esta situación de vida, en esta vocación para destruirme, para hacerme mal?
Ante esta conducta "irracional" de Dios te invito a levantar tus ojos a la Cruz de Cristo, a gritarle a Dios: "Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?", y a confiarte totalmente a él diciendo: "Dios mío en tus manos encomiendo mi vida". Dios nos ama, aunque a veces nos lleve por caminos inexplicables.
Salmo responsorial
Salmo 87, 10bc-11. 12-13. 14-15
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor.
- Todo el día te estoy invocando, Señor, tendiendo las manos hacia ti. ¿Harás tú maravillas por los muertos? ¿Se alzarán las sombras para darte gracias? R.
- ¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia, o tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla, o tu justicia en el país del olvido? R.
- Pero yo te pido auxilio, Señor; por la mañana irá a tu encuentro mi súplica. ¿Por qué, Señor, me rechazas y me escondes tu rostro? R.
Aclamación antes del Evangelio
Flp 3, 8-9
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él. R.
EVANGELIO
Te seguiré adondequiera que vayas
Lectura del santo evangelio
según san Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo: «Sígueme».
El respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos presenta a Jesús en camino. Tres personas se acercan a Él con el deseo de seguirlo, pero cada una encuentra una dificultad: la seguridad, los compromisos y, finalmente, la mirada hacia atrás.
Jesús no pretende despreciar la familia, el trabajo o nuestras responsabilidades, lo que nos revela es algo más profundo: seguirlo, requiere ponerlo a Él en el centro de nuestra vida.
El primero dice: ‘Te seguiré adondequiera que vayas’. Jesús le hace comprender que seguirlo no significa buscar comodidad o seguridades, el discípulo acepta caminar con Él, incluso cuando el camino exige sacrificio.
Otro quiere seguirlo, pero pide primero atender otros asuntos. Jesús nos invita a no convertir el “después” en una excusa permanente. Hay momentos en los que Dios nos pide una respuesta concreta y no podemos seguir posponiéndola.
Y finalmente escuchamos: ‘Te seguiré, Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia’. Jesús responde con una frase fuerte: ‘El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino de Dios’.
¿Cuántas veces nosotros también queremos seguir a Jesús, pero seguimos mirando hacia atrás? Miramos nuestros errores, resentimientos, heridas, comodidades o aquello que hemos dejado. Y mientras miramos atrás, dejamos de avanzar.
El Señor nos invita hoy a caminar hacia adelante, no nos pide tener todo resuelto, sino confiar en Él y dar el siguiente paso. Pidamos al Espíritu Santo un corazón libre, decidido y generoso, capaz de decirle a Jesús: “Señor, aquí estoy, quiero seguirte.”
Esta semana identificaré una cosa concreta que necesito dejar atrás para seguir mejor a Jesús: un resentimiento, una actitud, una comodidad, un miedo o una preocupación. Cada día, en oración, diré: “Señor Jesús, ayúdame a no mirar atrás; enséñame a caminar contigo.”
Y realizaré un acto concreto de amor o servicio como expresión de mi decisión de seguirlo, porque a quien Jesús invita a poner su mano en el arado, su mirada estará puesta solamente en el Señor y nada, ni nadie, le impedirá seguir caminando.
Antífona de comunión
Cf. Jer 15, 16
Si encontraba tus palabras, Señor Dios, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, que los sacramentos que hemos recibido muevan el corazón de tus fieles, gozosos por la celebración de san Jerónimo, para que, atentos a las enseñanzas divinas, comprendan lo que debe seguir y, siguiéndolo, alcancen la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, no me abandones, no me dejes nunca de tu mano, pues hay muchas cosas de las que no encuentro sentido en mi vida; sin embargo, al verte en esa cruz escarnecido e inerte, comprendo que hay una razón superior que ahora no entiendo pero que sé que al ser permitida por ti es porque con seguridad me traerá algo bueno.
Acción
Hoy buscaré todas las cosas que me molestan en mi vida, en mi familia, en mi sociedad y en el mundo y diré constantemente: "No comprendo, Señor, pero confío en ti.
Fuentes:
Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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