Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 11 de octubre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVIII.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Cf. Sal 129, 3-4

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, Dios de Israel. 


Oración colecta

Te pedimos, Señor, que tu gracia nos preceda y acompañe, y nos sostenga continuamente en las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Prepara el Señor un festín,
y enjugará las lagrimas
de todos los rostros

Lectura del libro de
Isaías 25, 6-10a

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo - lo ha dicho el Señor -.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.

Esperábamos en él y nos ha salvado.

Este es el Señor en quien esperamos.

Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje pertenece al llamado “Apocalipsis de Isaías” (Is 24–27), una sección de carácter escatológico que anuncia la victoria definitiva de Dios sobre el mal y la muerte. El profeta presenta una visión de salvación universal: el Señor del universo prepara un banquete para todos los pueblos, no solo para Israel.

El festín es una imagen simbólica muy rica en la tradición bíblica: expresa comunión, alegría, abundancia y vida plena. Los “manjares suculentos” y los “vinos de solera” indican que la salvación de Dios no es mínima ni pobre, sino sobreabundante.

El “velo que cubre a todos los pueblos” alude a la ignorancia, al sufrimiento y a la condición de muerte que pesa sobre la humanidad. Dios mismo lo arranca, mostrando que la salvación no es obra humana, sino iniciativa divina.

El punto culminante del texto es la proclamación: “Aniquilará la muerte para siempre.”

Aquí se expresa una esperanza radical: Dios vencerá aquello que el ser humano no puede derrotar. En consecuencia, enjugará las lágrimas y quitará el oprobio, restaurando la dignidad de su pueblo.

Para reflexionar: ¿Vivo mi fe como una espera confiada o como una resignación sin alegría?  ¿En qué situaciones de mi vida necesito renovar la esperanza en el Dios que vence la muerte y el dolor?  

ORACIÓN: Señor, enjuga nuestras lágrimas, fortalece nuestra esperanza y enséñanos a confiar en tu salvación aun en medio de la prueba. Amén.

Salmo responsorial
Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6

R. Habitaré en la casa del Señor
por años sin término
  • El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R.
  • Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
  • Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.
  • Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA
Todo lo puedo
en aquel que me conforta

Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:
Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

Este pasaje pertenece a la parte final de la carta a los Filipenses, escrita por san Pablo desde la prisión. El contexto es de agradecimiento: la comunidad de Filipos ha mostrado una cercanía concreta al apóstol, compartiendo sus tribulaciones materiales y espirituales.

Pablo afirma haber aprendido a vivir en cualquier circunstancia: pobreza o abundancia, hambre o saciedad. No se trata de resignación estoica, sino de una experiencia espiritual profunda: su fortaleza no proviene de las condiciones externas, sino de su unión con Cristo.

La célebre expresión “Todo lo puedo en aquel que me me conforta” no significa omnipotencia humana, sino confianza total en la gracia de Cristo que sostiene al creyente.

El apóstol reconoce explícitamente el valor de la solidaridad de los filipenses: “Hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.” La comunión cristiana se expresa en el compartir, no solo espiritual, sino también material.

Para reflexionar: ¿Dónde pongo mi seguridad: en mis recursos o en la confianza en Cristo?  ¿Cómo vivo la solidaridad con quienes pasan necesidad o dificultad?

ORACIÓN: Señor, enséñanos a confiar en ti más que en nuestras seguridades, a vivir con sencillez y gratitud, y a compartir con generosidad las tribulaciones de los hermanos. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Ef 1, 17-18

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. R.

EVANGELIO
A todos los que encontréis,
llamadlos a la boda.

Lectura del santo evangelio
según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

La parábola del banquete de bodas presenta una imagen clásica del Reino de los cielos como fiesta, comunión y plenitud de vida. El rey representa a Dios Padre; el hijo es Cristo; el banquete simboliza la salvación ofrecida por Dios.

Los primeros invitados, que rechazan la invitación e incluso maltratan a los mensajeros, aluden a los dirigentes de Israel que no acogieron la predicación de los profetas ni de Jesús. La reacción del rey, descrita con lenguaje fuerte, expresa el juicio de Dios ante el rechazo consciente y violento de su llamada.

La invitación se abre entonces “a los cruces de los caminos”, es decir, a todos, sin distinción. Buenos y malos llenan la sala. Mateo subraya así la universalidad del Reino, que no se basa en méritos previos, sino en la gratuidad de la llamada.

El episodio del traje de boda introduce una clave decisiva: aceptar la invitación no basta; es necesario responder adecuadamente. El vestido simboliza la vida nueva, la conversión y la justicia que deben acompañar a quien entra en el Reino. El silencio del hombre indica que no tiene excusa: ha recibido la invitación, pero no ha asumido sus consecuencias.

La frase final “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” no niega la universalidad de la llamada, sino que subraya la responsabilidad personal ante el don recibido.

Para reflexionar: ¿Cómo respondo a la invitación de Dios: con disponibilidad o con excusas? ¿Qué “traje nuevo” me pide hoy el Señor revestir en mi vida concreta?

ORACIÓN: Señor, líbranos de la indiferencia y de una fe superficial; revístenos con la vida nueva de Cristo para vivir como verdaderos hijos tuyos. Amén.


Antífona de comunión
Sal 33, 11

Los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada.


Oración después de la comunión

Señor, pedimos humildemente a tu majestad que, así como nos fortaleces con el alimento del santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nos hagas participar de su naturaleza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SÍNTESIS:

En la continuidad propia del Tiempo Ordinario, después de haber sido invitados a reconocer que el amor de Dios sobrepasa nuestros méritos, hoy pedimos que su gracia nos disponga a obrar siempre el bien, para que lo que celebramos con devoción nos conduzca a la gloria del cielo y a participar de la naturaleza divina.

Esta es la clave de lectura del día: somos invitados al banquete del Reino, una fiesta que sacia nuestra hambre de eternidad, abierta a todos, con la única condición de ir revestidos del amor.

Fuentes:
Frailes Dominicos de España, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).