Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVII.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: Bienaventurada Virgen María del Rosario.
Antífona de entrada
Cf. Lc 1, 28. 42
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.
Oración colecta
Te pedimos, Señor, que infundas tu gracia en nuestros corazones, para que, habiendo conocido, por el anuncio del ángel, la encarnación de tu Hijo, lleguemos, por medio de su pasión y de su cruz, y con la intercesión de la santísima Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Reconocieron la gracia
que me ha sido otorgada
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Gálatas 2, 1-2. 7-14
Hermanos:
Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito.
Subí por una revelación. Y les expuse el Evangelio que predico entre los gentiles, aunque en privado, a los más cualificados, no fuera que caminara o hubiera caminado en vano.
Todo lo contrario, vieron que se me ha encomendado anunciar el Evangelio a los incircuncisos, lo mismo que a Pedro a los circuncisos, pues el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos, me capacita a mí para la mía entre los gentiles; además, reconociendo la gracia que me ha sido otorgada, Santiago, Cefas y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano en señal de comunión a Bernabé y a mí, de modo que nosotros no dirigiéramos a los gentiles y ellos a los circuncisos.
Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir.
Ahora bien, cuando llegó Cefas a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible.
En efecto, antes de que llegaran algunos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquéllos, se fue retirando y apartando por miedo a los de la circuncisión.
Los demás judíos comenzaron a simular con él, hasta el punto de que incluso Bernabé se vio arrastrado a su simulación.
Pero cuando vi que no se comportaban correctamente, según la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: «Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En este pasaje podemos ver el problema que se suscitaba en aquellos tiempos entre dos diferentes corrientes teológicas. Por un lado, san Pablo que predica a aquellos que no han conocido la Ley de Moisés, y por otro, san Pedro que predica a aquellos que toda su vida han tenido como norma todos sus preceptos.
Ambos reconocen a Cristo como Señor, pero mientras que unos viven este señorío sin tantas restricciones y con más libertad, los judíos, atados todavía a muchos ritualismos y convicciones ancladas en su fe, la buscan acomodar a lo que para ellos ha sido parte de su historia de salvación.
Hoy en día también nos encontramos dentro de la Iglesia diferentes corrientes teológicas, las cuales "potencían" o ponderan algunos elementos del Evangelio. Así, por ejemplo, un movimiento rescata y acentúa "el cuidado por el matrimonio y la familia", algún otro "la participación del Espíritu Santo y la promoción de carismas".
Es importante reconocer la acción de Dios en cada movimiento y en cada corriente teológica. Somos una Iglesia y en ella, como dice san Pablo, hay diferentes miembros, todos útiles y santos para el sano desarrollo del cuerpo. Reconozcamos que Dios puede "y de hecho actúa" en formas diferentes y particulares en cada movimiento. Aprendamos a respetarlos y a valorarlos.
Salmo responsorial
Sal 116, 1. 2
R. Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio.
- Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R.
- Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡”Abba”, Padre!». R.
EVANGELIO
Señor, enséñanos a orar
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 11, 1-4
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Él les dijo:
«Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación»».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Queridos hermanos, el Evangelio de hoy comienza con algo muy sencillo, los discípulos ven a Jesús orando y uno de ellos le dice: ‘Señor, enséñanos a orar’. ¡Qué bonita petición!, no le piden que les enseñe a predicar, ni a hacer milagros, le piden algo mucho más importante: ‘enséñanos a orar’. Y Jesús les responde enseñándoles el Padre Nuestro.
Fíjense cómo comienza: ‘Padre’. Jesús nos invita a acercarnos a Dios no como alguien lejano, sino como un Padre que nos conoce, nos escucha y quiere estar cerca de nosotros.
Y después le pedimos: ‘Danos cada día nuestro pan’. No dice dame, sino danos. Cuando rezamos de verdad, aprendemos a mirar también por las necesidades de los demás.
Luego viene una petición que cuesta un poquito más: ‘Perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos’. Aquí está el reto; es fácil pedirle a Dios que nos perdone, lo difícil es perdonar a quien nos lastimó, pero Jesús nos enseña que el corazón que se acerca al Padre también aprende a soltar el resentimiento.
Y finalmente: ‘No nos dejes caer en la tentación’, porque solos no podemos, necesitamos que Dios nos sostenga cada día. Hermanos, quizá hoy no necesitamos aprender una oración nueva, quizá necesitamos volver a rezar el Padre Nuestro con calma, con el corazón y pensando en cada palabra.
Porque rezar no es solamente hablar con Dios, es aprender a vivir como hijos de Dios. Esta semana, una vez al día, voy a rezar el Padre Nuestro lentamente, deteniéndome en cada petición, y al llegar a ‘perdona nuestros pecados, como también nosotros perdonamos’, voy a pedirle al Señor por una persona a la que necesito perdonar.
Que esta semana no solamente recemos el Padre Nuestro con los labios, sino que lo hagamos vida con el corazón.
Antífona de comunión
Lc 1, 31
El ángel Gabriel dijo a María: Vas a concebir y dar a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor Dios nuestro, que, quienes en este sacramento anunciamos la muerte y resurrección de tu Hijo, asociados a su pasión, merezcamos también gozar de su consuelo y participar de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, dame un profundo amor por la Iglesia en cada movimiento y expresión dentro de ella; te pido que a mí me conduzcas hasta el lugar en donde tú quieras desarrollarme como persona y sobre todo, desde donde pueda aprender a servirte y anunciarte de una mejor manera.
Acción
Hoy daré gracias por el lugar a través del cuál recibo formación, me ayuda a crecer como cristiano y me invita a anunciar el mensaje de Jesús; de manera especial revisaré si hay algo más en lo que yo pueda cooperar y haré los ajustes necesarios para hacerlo.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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