Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Viernes, 23 de octubre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIX - Feria.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Sal 88, 2

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré a conocer que su fidelidad es eterna.

Oración colecta

Señor Dios, cuya misericordia es incalculable e infinito el tesoro de tu bondad, aumenta, benigno, la fe del pueblo a ti consagrado, para que todos comprendan con verdadera claridad con cuánto amor fueron creados, con qué sangre redimidos y con qué Espíritu reengendrados. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Un solo cuerpo, un Señor,
una fe, un bautismo

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios 4,1-6

Hermanos:

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.

Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre llevaos mutuamente con amor; esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Ciertamente, como bien dice el refrán mexicano: "No somos monedita de oro para caerle bien a todos".

No importa que seamos buenos cristianos, muchas veces nuestro carácter, nuestra manera de ser o la manera de ser de los demás hermanos no congenia con la nuestra o la nuestra con la de ellos. Aún en la misma familia nos encontramos que cada uno somos diferentes y que no siempre coincidimos en nuestros criterios y en la manera de reaccionar ante determinados elementos.

Por ello, san Pablo nos invita, primero a ser COMPRENSIVOS, es decir, a ponernos en los zapatos de los demás, a entender que el hermano (esposo, esposa, papá, etc.) ha tenido un mal día, que las cosas no han salido como se esperaban, simplemente que está cansado; que las historias que están detrás de nosotros nos han marcado y que por lo tanto sus reacciones no son las que yo esperaría.

Por otro lado nos invita a SOPORTARNOS, no como quien tiene que llevar una carga en la espalda, sino como quien ama. Ante la imposibilidad del cambio, dejemos todo en las manos del Señor y pongamos buena cara ante actitudes y defectos que muchas veces nos lastiman. Somos una sola familia, todos diferentes, pero todos llamados a la misma realidad: El amor.

Salmo responsorial
Sal 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6

R. Esta es a generación
que busca tu rostro, Señor.
  • Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.
  • ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.
  • Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a loa pequeños. R.

EVANGELIO
Sabéis interpretar el aspecto de
la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis
interpretar el tiempo presente?

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: «Va a caer un aguacero», y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: «Va a hacer bochorno», y sucede.

Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?

Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.

Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

La capacidad de interpretar los signos de los tiempos exige una profunda honestidad con nosotros mismos. Jesús confronta a la muchedumbre por su agudeza para predecir el clima, al mirar las nubes o el viento, mientras permanece ciega o indiferente ante la presencia de la gracia que tiene enfrente.

El Señor nos urge a juzgar por nosotros mismos, lo que es verdadero, a ponernos de acuerdo con aquel con quien tenemos alguna diferencia mientras vamos de camino en la vida, recordándonos la urgencia de sanar las deudas del alma y no dejarlo para otra ocasión o esperando que las cosas pasen. Vivir con esta claridad espiritual implica salir de una ceguera voluntaria y de nuestra zona de confort. 

Con frecuencia demostramos una gran habilidad para analizar los problemas del mundo o de alguien más, las faltas ajenas o los aspectos materiales de la vida, pero descuidamos el estado de nuestro propio interior, nuestra madurez espiritual, nuestro crecimiento. 

Postergar el arrepentimiento o mantener rencores acumulados bajo la excusa de que ‘no es para tanto’ o que ‘no pasa nada’, puede ser peligroso porque esto endurece el corazón y entorpece también nuestra unión con Dios. 

Aprender a discernir lo que conviene para nuestro bien espiritual se manifiesta en la prisa por buscar esa reconciliación y esa paz con el Señor. Se ejercita al reconocer con humildad nuestras propias faltas, sin querer trasladar la culpa a los demás; cuando damos el primer paso para reparar un malentendido y saldar rápidamente las deudas de perdón o de justicia que tenemos pendientes. 

Quien camina en la verdad busca arreglar sus cuentas en el presente, durante el camino y no lo deja para después. San Gregorio enseñaba, ‘no dejes para mañana lo que puedes sanar hoy’. La vida es un camino breve y es prudente ponerse de acuerdo con Dios antes de llegar al tribunal. 

Debemos revisar si estamos posponiendo alguna reconciliación o si guardamos una actitud injusta con alguien; siempre hay oportunidades para dar el paso hacia la paz: pedir perdón con sencillez, saldar esa deuda pendiente o ceder en nuestra postura para restaurar una relación dañada. No dejes que se pase el tiempo para poner en orden tu vida interior. 

Antífona de comunión
Jn 19, 34

Uno de los soldados, le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios misericordioso, que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, bebamos confiadamente en la fuente de la misericordia y nos mostremos más y más misericordiosos con nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, dame tu capacidad de aceptar y amar a los que me rodean, por muy diferentes que sean de mí, enséñame de tu paciencia, cortesía y amor, con el que siempre nos tratas. Dame de tu misericordia para tenerla con aquellas personas con quienes en verdad me cuesta relacionarme.

Acción

Hoy, minimizaré los defectos de carácter y cuestiones que me molestan de personas a mi alrededor y me fijaré más bien en las cosas buenas que encuentre.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).