Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 4 de octubre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVII.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Cf. Est 4, 17

En tu voluntad, Señor, está puesto el universo, y no hay quien pueda resistirse a ella. Tú hiciste todo, el cielo y la tierra, y todo lo que está bajo el firmamento; tú eres Señor del universo.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que en la abundancia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
La viña del Señor del universo
es la casa de Israel

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña.

Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

La entrecavó, quito las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar.

Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.

Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.

¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no lo hubiera hecho?

¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?

Pues os hago saber lo que haré con mi viña: quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada.

La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán, allí crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor del universo es la casa de Israel y los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Isaías presenta el canto de la viña como una parábola. Dios, el “amado”, cuida con esmero su viña: la prepara, la protege y espera frutos buenos. Sin embargo, la viña —Israel y Judá— produce agrazones, es decir, frutos amargos.

El profeta denuncia la falta de justicia y derecho, que se han convertido en sangre derramada y lamentos. La viña, símbolo del pueblo, será abandonada y convertida en erial como consecuencia de su infidelidad.

En un mundo marcado por la violencia y la injusticia, el canto de la viña nos recuerda que Dios espera de nosotros frutos de fraternidad y misericordia. La indiferencia y el egoísmo convierten la viña en un erial.

La misión pastoral consiste en cultivar la tierra de la comunidad con gestos de justicia y cuidado, para que la vida florezca.

Para reflexionar: ¿Qué frutos estoy ofreciendo a Dios en mi vida personal y comunitaria? ¿Cómo puedo contribuir a que mi comunidad sea una viña fecunda en justicia y solidaridad?

ORACIÓN: Señor de la viña, tú me has cuidado con amor y paciencia; haz que mi vida sea fecunda en obras de amor y que mi comunidad sea signo de tu Reino, donde florecen la fraternidad y la esperanza. Amén.

Salmo responsorial
Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

R. La viña del Señor es la casa de Israel.
  • Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río. R.
  • ¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? R.
  • Dios del universo, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó y al hijo del hombre que tú has fortalecido R.
  • No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios del universo, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. R.

SEGUNDA LECTURA
Ponedlo por obra,
y el Dios de la paz estará con vosotros

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

Pablo exhorta a los creyentes a vivir sin preocupaciones, confiando en Dios mediante la oración y la acción de gracias. La promesa es que la paz de Dios, superior a todo entendimiento humano, custodiará los corazones en Cristo.

Luego invita a cultivar pensamientos nobles, justos y puros, y a poner en práctica lo aprendido de su testimonio. El pasaje concluye con la certeza de que el Dios de la paz estará con quienes viven así.

En un mundo marcado por la preocupación y la incertidumbre, la exhortación de Pablo es profundamente actual: confiar en Dios, cultivar pensamientos positivos y practicar la fe en lo cotidiano. 

La paz de Dios no es evasión, sino fuerza que sostiene y transforma la vida.

Para reflexionar: ¿Cómo enfrento mis preocupaciones: con ansiedad o con oración confiada en Dios? ¿De qué manera puedo ser testimonio de la paz de Dios en mi comunidad?

ORACIÓN: Señor de la paz, custodia mi corazón con tu paz y haz que mis pensamientos se orienten siempre hacia lo verdadero y lo justo. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 15, 16

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo os he elegido del mundo – dice el Señor -, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. R.

EVANGELIO
Arrendará la viña a otros labradores

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y, agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos».

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Jesús narra la parábola de los viñadores homicidas. El propietario representa a Dios, la viña es Israel y los labradores son quienes debían me custodiarla y dar frutos de justicia. Los enviados son los profetas, rechazados y maltratados; el hijo es Cristo mismo, llevado fuera de la viña y asesinado.

La parábola denuncia la infidelidad y anuncia que el Reino será entregado a un pueblo que produzca frutos. La cita del Salmo 118 («la piedra angular») revela que Jesús, rechazado, es fundamento del nuevo pueblo de Dios.

En un mundo donde la tentación de apropiarse de la viña —la vida, la comunidad, la misión— es fuerte, el texto recuerda que todo pertenece a Dios. La pastoral debe ayudar a cultivar frutos de solidaridad y esperanza, evitando el egoísmo y la violencia que destruyen la viña.

Para reflexionar: ¿Reconozco a Cristo como piedra angular de mi existencia o me dejo llevar por otros fundamentos? ¿Cómo puedo contribuir a que la viña del Señor sea fecunda en justicia y fraternidad?

ORACIÓN: Señor de la viña, tú me confías tu obra y esperas frutos de amor y justicia; haz que mi vida se apoye en Cristo, piedra angular. Amén.


Antífona de comunión
Cf. 1 Cor 10, 17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos de un mismo pan y de un mismo cáliz.


Oración después de la comunión

Dios omnipotente, saciados con este alimento y bebida celestiales, concédenos ser transformados en aquel a quien hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SÍNTESIS:

Si somos sinceros, debemos reconocer que no correspondemos adecuadamente a todo el amor con el que Dios colma nuestra vida. Podríamos sentirnos inquietos al pensar en lo que merecemos por nuestras conductas, pero el Señor va más allá de nuestros méritos y deseos para concedernos incluso aquello que no nos atrevemos a pedir.

Esto es precisamente lo que Pablo experimentó: una misericordia que debe ser anunciada por todos, dejando de lado cualquier discusión que solo sirva para crear división entre los creyentes.

Es necesario, más bien, que la búsqueda fraterna de la justicia y la oración fomenten una actitud de profunda confianza en el Señor, capaz de sostenernos en medio de las dificultades y asegurar nuestra participación en la victoria que finalmente impondrá el Resucitado.

En este horizonte, Jesús emplea las parábolas manifestándose como el Pastor prudente, que sabe hablar y conducirnos hacia la salvación.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).