Imagen referencial | Crédito: Shutterstock
25 de febrero de 2026
Por Julieta Villar | ACI Prensa
En las últimas semanas, un fenómeno comenzó a tomar visibilidad en las calles, redes sociales y medios de comunicación. Se trata de los therians, jóvenes que dicen no identificarse como humanos sino percibirse como animales, usando para ello máscaras, colas y garras postizas, y trasladándose en cuatro patas.
El término therian se refiere al “theriotype”, es decir, la especie animal no humana con la que estas personas se identifican en un nivel interno, psicológico o espiritual.
Aunque comenzó a hacerse visible en Argentina, el suceso ya tomó dimensión internacional y se extiende en otros países de Latinoamérica, acaparando las miradas de muchos y la preocupación de especialistas en distintas áreas, que ahondan en las motivaciones, las causas y las consecuencias de este movimiento.
Desde la Iglesia Católica, apuntan a que se trata de una búsqueda de identidad por parte de los más jóvenes y se cuestionan sobre el papel de los adultos en el acompañamiento y la formación, como también el acceso a contenidos que pueden generar confusión.
El Cardenal Fernando Chomali, Arzobispo de Santiago (Chile), opinó en sus redes sociales que “detrás de los therians hay un desencanto de lo humano, de la sociedad frívola e individualista que segrega, no da esperanza ni presenta grandes ideales”, al tiempo que observa “un grito desesperado de amor, cariño y consideración”.
Aburrimiento, pertenencia, carencia de un proyecto
En conversación con ACI Prensa, el cardenal consideró que las motivaciones de quienes se unen a estas expresiones pueden ser múltiples: “Muchos seguramente lo harán por aburrimiento, otros lo harán porque quieren participar en una comunidad que no les exige mucho, porque se pueden poner y sacar la máscara cuando quieran. Otros efectivamente quieren manifestar un sentimiento de afecto hacia los animales y otros evidentemente por una gran carencia del sentido de la vida, por una gran carencia de un proyecto personal”.
"Estoy seguro de que un joven que tiene claridad respecto de lo que está haciendo, que tiene claridad respecto de su vida, que tiene metas, evidentemente no se va a sumar a este tipo de expresiones, porque sencillamente no tendría tiempo y si lo hiciera sería solamente para entretenerse”, señaló.
Falta un sentido de trascendencia
La existencia de los therians, afirma el purpurado, ofrece “muchos mensajes” a los adultos: “En primer lugar, que hay una búsqueda de los jóvenes, sin lugar a duda. En segundo lugar, yo creo que hay un gran vacío en ellos, porque no les hemos dejado el mejor mundo. Hay un sentido de desesperanza muy grande, que en este tipo de manifestaciones encuentran posibilidad de rebelarse”.
En el plano espiritual, el Arzobispo de Santiago piensa que “la ausencia de Dios en el espacio público, evidentemente, ha dado pie a una serie de otras manifestaciones, pero que en general son limitadas en el tiempo. Son muchas las modas, por así decirlo, pero hay que verlas con mayor atención, porque algo anda mal. Falta un sentido de trascendencia importante”.
Asimismo, consideró que, como sociedad, “no podemos hacer nada, en el sentido de que forma parte de la libertad de las personas. Mientras no hagan daño a los demás, mientras se hagan responsables de participar en este tipo de grupo”.
Sin embargo, llamó a los adultos a “estar atentos”, porque “no hemos sido capaces de generar en los jóvenes un sentido de gran responsabilidad frente al futuro, frente a sus vidas, a compromiso”.
Cardenal Fernando Chomali. Crédito: Wikipedia
La adolescencia: una etapa de exploración constante
Al analizar el fenómeno desde el plano de la psicología, Iñaki Bou, licenciado en Psicología por la Universidad Católica Argentina, interpreta la adolescencia como una etapa de construcción de la identidad, donde aparece “esta autopercepción, que no solamente se da con animales, sino con distintas otras identificaciones, ya que la adolescencia es una etapa de exploración constante, donde uno también va probando los diferentes grupos de pertenencia”.
En ese contexto, observa que “hay una ruptura, si se quiere, con la familia de origen, donde uno va ganándose un lugar en distintos grupos de pertenencia y va también experimentando”.
El especialista también hace hincapié en los contextos de cada adolescente, cuyas condiciones e influencias pueden ser diferentes según el lugar de nacimiento y la cultura. En ese aspecto, se detiene en “la influencia de las redes, o las microculturas que van apareciendo, que van influyendo y despertando preguntas en otros jóvenes”, lo que genera cierta masividad en estos fenómenos, que se viralizan rápidamente.
Sobre el mensaje que transmite este fenómeno, lo considera “un llamado de atención a las estructuras culturales, que van cambiando”.
Una crisis de referencias
“Vivimos en una época donde la identidad constantemente se percibe como autoconstruida, autodefinida, donde nada es dado y todo es más inmanente”, opina desde su experiencia. “Hay como un debilitamiento, una crisis en las referencias más estables —quizá tradicionales— de familia, de comunidad, entonces la subjetividad se vuelve criterio y norma”, añade.
Al observar como posibles móviles la soledad, la falta de pertenencia o los límites que se van “diluyendo”, el psicólogo reflexiona: “Creo que el mensaje es de crisis, y la crisis siempre tiene que verse como oportunidad de mejora, de cambio, no hay que caer en el sentimiento de derrota, sino en esa necesidad de una nueva oportunidad”.
Al poner el foco en la falta de referencias claras por parte de los adultos, la cadena abarca familias, instituciones, escuelas, parroquias, entes educativos, que han funcionado hasta la actualidad y que necesitan “repensar espacios nuevos”.
Para el licenciado Bou, no se trata de un fenómeno causado directamente por la falta de Dios, porque "uno no tiene un termómetro para medir la fe o la creencia de las personas”. Sin embargo, observa “una pérdida de lo convencionalmente aceptado, donde las cosas eran recibidas. Todo ha caído al subjetivismo, donde cada uno se da a sí mismo hasta la propia naturaleza. Y desde ahí se construye la identidad”, señala.
Escuchar sin patologizar
Desde el punto de vista profesional, el psicólogo considera que los pasos a seguir comienzan por el relevamiento de casos y descartar urgencias que pongan en riesgo la vida del adolescente o de un tercero. La etapa siguiente tiene que ver con una escucha profunda, sin ridiculizar, censurar ni patologizar al otro, porque “la patologización es un poco el pecado de la actualidad, donde hoy todo responde a un trastorno”, advierte.
Luego, “buscar las causales, poder valorar lo que está bien, los vínculos reales, poder colaborar desde afuera con la persona en el proceso de reconstrucción o en el rearmado de su identidad”, ofreciendo a los jóvenes “una alteridad donde reflejar una identidad más clara, con la construcción de límites, de referencias”.
“Como sociedad también vamos a tener que reforzar las comunidades reales existentes, repensar ciertos espacios en escuelas, en parroquias, o donde el adolescente sienta pertenencia”, indica.
Iñaki Bautista Bou. Crédito: RocketReach
Un llamado a estar más cerca de nuestros hijos
Theo App, la aplicación católica dirigida a padres que desean transmitir la fe católica a sus hijos, y el proyecto familiar de evangelización digital La Puerta de al Lado, también se hicieron eco de esta polémica a la que no consideran “solo un juego, una cosa rara, algo pasajero”, sino que observan algo mucho más profundo: “Una generación que está en búsqueda constante de identidad”.
“El problema no es que se hagan preguntas, el problema es quién se las está respondiendo”, advierten, animando a los padres a “estar muy cerca de nuestros hijos, saber qué ven, saber cuáles son sus referentes, saber qué tipo de vídeos son los que ven cuando están en el celular, qué conversaciones están teniendo, con quién, identificar qué ideas ellos empiezan a repetir sin darse cuenta”.
“Nuestros hijos hoy tienen acceso a más información y por tanto a más confusión”, señalan, llamando a “entender que cuando la identidad de un niño empieza a debilitarse o a fragmentarse, esto empieza a repercutir en una inseguridad y una fragilidad profunda en los niños, en ansiedad, en una necesidad profunda de validación, en una búsqueda interminable de validación”.
Reafirmar su identidad: “Tú eres mi hijo y eres hijo amado de Dios”
“La conversación sobre niños que se identifican como therians no es un tema aislado; es parte de una crisis más profunda sobre identidad, pertenencia y verdad”, consideran.
“Si un hijo dice que se identifica como animal no es momento ni de burlarse, ni de ridiculizar, ni de gritar, ni de entrar en crisis, es momento de acercarse, de preguntar y escuchar al mismo tiempo, de reafirmar con amor, con certeza, con cariño, con dulzura, con ternura, con carácter, con firmeza: Tú eres mi hijo y eres hijo amado de Dios”, aconsejan, ofreciendo una serie especial de Teología del Cuerpo para niños junto a Rebeca Barba, para que puedan reafirmar su identidad, que está disponible en inglés y en español de manera gratuita en la app Theo.
Crédito: Theo App
Fuente:



