Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 10 de marzo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana III - Feria.
   Color del día: Morado.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cfr. Sal 16, 6. 8

Te invoco, Dios mío, porque tú me respondes; inclina tu oído y escucha mis palabras. Cuídame, Señor, como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas.

Oración colecta

Señor, que tu gracia no nos abandone, para que, entregados plenamente a tu servicio, sintamos sobre nosotros tu protección continua. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde

Lectura de la profecía de
Daniel 3, 25. 34-43

En aquellos días, Azarías puesto en pie, oró de esta forma; alzo la voz en medio del fuego, y dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.

Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.

Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Para que podamos decir que se ha iniciado un proceso serio de conversión, es necesario que, además del arrepentimiento, parte fundamental de ésta, se pongan las bases para iniciar una nueva vida, una vida vivida en el Espíritu.

En este pasaje vemos no sólo el arrepentimiento de Israel, sino el hecho de que ahora quieren "seguir, respetar y encontrar" al Señor. Pensemos en cuántas veces nos hemos confesado sólo para salir del paso, sólo porque la ley lo manda, sólo para cumplir.

En estas ocasiones hemos "expresado" nuestro pecado, pero: ¿Cuántas veces nos hemos arrepentido profundamente de manera que ya al ir ante el sacerdote nos hayamos propuesto cambiar?

Y cambiar significa modificar lo que nos lleva al pecado y no sólo propósitos que, la mayoría de las veces, quedan en eso: "buenos propósitos". Haz de esta Cuaresma una verdadera experiencia de conversión.

Salmo responsorial
Sal 24, 4-5ab. 6 y 7bc. 8-9

R. Recuerda, Señor, tu ternura.
  • Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
  • Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R.
  • El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. JI, 12-13

R. Alabanza y honor a ti, Señor Jesús.

Ahora – dice el Señor -, convertíos a mí de todo corazón, porque soy compasivo y misericordioso. R.

EVANGELIO
Si cada cual no perdona a su hermano,
tampoco el Padre os perdonará

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta: – «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo».

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes».

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré».

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?».

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El Evangelio de hoy es de estos que nos ponen contra la pared, especialmente en este tiempo de Cuaresma, porque toca el tema que más nos cuesta: el perdón. 

Pedro se acerca a Jesús con una pregunta muy práctica ¿Cuántas veces tengo que perdonar, hasta siete? Quizá para Pedro siete ya era un número generoso, casi inalcanzable, pero Jesús, pues, no se queda ahí, le rompe totalmente los esquemas con una respuesta y le dice: ‘hasta setenta veces siete’ que, en realidad, lo que significa es que debemos perdonar siempre. 

El comentario aquí es directo, el perdón cristiano no es un cálculo matemático ni tiene fecha de caducidad. El perdón es una actitud de vida que no admite límites. Para que lo entendamos mejor, Jesús cuenta la historia del empleado que debía una fortuna impagable y al que su Señor le perdonó todo por pura compasión; sin embargo, vemos cómo ese hombre, al salir, no fue capaz de perdonar una deuda mucho más pequeña a su compañero. 

Ésta es como un retrato, como una radiografía de nuestra propia incoherencia que tenemos muchas veces; nos pasamos la vida pidiéndole a Dios que sea misericordioso con nosotros, que nos perdone, que nos dé otra oportunidad, pero cuando alguien nos falla a nosotros, sacamos la lista de agravios, de ofensas y queremos cobrarle hasta el último centavo. Olvidamos que la única razón por la que podemos estar de pie, es porque Dios ya nos perdonó una deuda que nunca podríamos pagar. 

El cierre de este pasaje del Evangelio es una advertencia seria: Jesús dice que el Padre Celestial hará lo mismo con nosotros si no perdonamos de corazón a nuestro hermano. No se trata de un perdón ‘de dientes para afuera’ o de un compromiso social, se trata de soltar la deuda internamente, desde el fondo del corazón. 

Este tiempo de Cuaresma, el mensaje es muy claro: nuestra relación con Dios está totalmente relacionada a nuestra capacidad de perdonar a los demás. No puedes recibir la paz de Dios si no eres capaz de perdonar a alguien que te ofendió. Perdonar no es darle la razón al otro, es liberarte tú y liberarnos nosotros para poder caminar ligero hacia el camino de la Pascua.

Antífona de comunión
Cfr. Sal 14, 1-2

Señor ¿quién puede hospedarse en tu tienda y descansar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Que la santa participación de tu sacramento, Señor, nos reavive espiritualmente y al mismo tiempo nos alcance tu perdón y tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, me acerco a ti con un corazón abierto, con sencillez y humildad, y con esta actitud reconozco delante de tu presencia que mucho tiempo de mi vida he permanecido lejos del camino que hiciste para mí.

Reconozco que los males que me han ocurrido son en buena medida porque he estado alejado de tu plan amoroso. Hoy te pido que, más que cualquier sacrificio, recibas mi corazón adolorido y mi espíritu humillado y arrepentido; confío en ti, Señor, y sé que no quedaré defraudado.

Acción

Hoy haré un examen de conciencia profundo y honesto, y programaré mi siguiente confesión para antes de que termine este mes.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).