Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Romualdo, abad y fundador.
Antífona de entrada
Cf. Sal 91, 13-14
El justo florecerá como palmera, y se multiplicará como cedro del Líbano, plantado en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios.
Oración colecta
Dios nuestro, que por medio de san Romualdo renovaste en la Iglesia la vida eremítica, concede que, negándonos a nosotros mismos y siguiendo a Cristo, merezcamos llegar felizmente al reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Ungieron a Joás, y gritaron:
«¡Viva el rey!»
Lectura del 2° libro de los
Reyes 11, 1-4.9-18. 20
En aquellos días, madre del rey Ocozías, Atalía, vio que su hijo había muerto, se dispuso a eliminar a toda la estirpe real. Pero Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, de entre los hijos del rey que estaban siendo asesinados, lo escondió y lo instaló, a él y a su nodriza, en su dormitorio, manteniéndolo ocultó a la vista de Atalía y así no lo mataron. Estuvo seis años con ella, escondido en el templo del Señor, mientras Atalía reinaba en el país.
El séptimo año, el sacerdote Yehoyadá mandó buscar a los centuriones de los carios y de los guardias y los condujo junto a sí al templo del Señor para establecer un pacto con ellos y hacerles prestar juramentó. Luego les presentó al hijo del rey.
Los centuriones cumplieron cuando Yehoyadá les ordenó. Cada uno tomó sus hombres, los que entraban y salían de servicio el sábado, y se presentaron al sacerdote. Yehoyadá entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David que había depositado en el templo del Señor.
Los guardias se apostaron, arma en mano, desde el extremo sur hasta el extremo norte del templo, ante el altar y el templo, en torno al rey, por un lado y por otro.
El sacerdote hizo salir al hijo del monarca y le impuso la diadema y las insignias reales. Luego lo proclamaron rey y lo ungieron. Aplaudieron y gritando: «¡Viva el rey!»
Cuando Atalía oyó el griterío de los guardias y del pueblo, se fue hacia la muchedumbre que se hallaba en el templo. del Señor. Miró y vio al rey de pie junto a la columna, según la costumbre: los jefes con sus trompetas con él, y a todo el pueblo de la tierra en júbilo, tocando sus instrumentos.
Atalía rasgó entonces sus vestiduras y gritó: ¡Traición, traición!».
Entonces el sacerdote Yehoyadá dio orden a los jefes de las tropas: «Hacedla salir de entre las filas. Quien la siga será pasado a espada» (pues el sacerdote pensaba: «No debe ser ejecutada en el templo del Señor»)
Le abrieron paso y, cuando entró en el palacio real por la puerta de los Caballos, fue ejecutada.
Luego Yehoyadá hizo una alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, por la que el pueblo se convertía en pueblo del Señor.; hizo también una alianza entre el rey y el pueblo.
Y todo el pueblo de la tierra acudió al templo de Baal para derribarlo. Hicieron pedazos sus altares e imágenes, y ejecutaron a Matán, sacerdote de Baal, frente a los altares.
El sacerdote puso entonces centinelas en el templo del Señor.
Todo el pueblo de la tierra exultaba de júbilo y la ciudad quedó tranquila: Atalía ya había muerto a espada en palacio.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La historia de Israel, como nos lo muestra el texto de hoy, ha sido una historia en la cual muchas veces ha predominado el pecado, llevando al pueblo a situaciones de infidelidad; sin embargo, Yahve, el Dios de la alianza, siempre ha sido fiel y ha regresado, mediante los hombres y mujeres fieles, a la renovación de la alianza y a la amistad con Él.
Esto revela el poder que la iniquidad puede tener sobre las instituciones de la Iglesia y sobre la misma iglesia. Sin embargo, si en el AT Dios mantuvo su palabra y condujo a su pueblo hasta la plenitud de los tiempos inaugurados por Cristo, cuánto más no hará por su Iglesia cuando el mismo Jesús prometió a san Pedro que "los poderes del mal no prevalecerían en ella".
Y Dios ha sido fiel y ha cumplido sus promesas de manera que, a pesar de todos los tiempos difíciles e incluso pecaminosos de la Iglesia, hoy, después del Concilio Vaticano II, vemos una tremenda renovación de la Iglesia. Los poderes del mal la amenazan continuamente, pero no pueden contra ella.
Esto nos debe de animar y mantener en pie cuando vemos situaciones que no convienen y corresponden a la santidad de nuestros pastores, de nuestros laicos, en fin de la misma Iglesia, pues a pesar de ellos y de todos nosotros, Dios permanecerá siendo siempre fiel y llevará a buen puerto a su amada Esposa, la Iglesia.
Si ves cosas que no son buenas de nuestra Iglesia, recuerda que está formada por hombres débiles, pero que está siempre sostenida por la gracia del Espíritu Santo. Ora por tu Iglesia y mantén firme tu fe en la promesa del Señor: "Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos".
Salmo responsorial
Sal 131, 11. 12. 13-14. 17-18
R. El Señor ha elegido a Sión,
para vivir en ella.
- El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono». R.
- «Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono.» R.
- Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo». R.
- «Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema». R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. R.
EVANGELIO
Donde está tu tesoro,
allí estará tu corazón
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 6, 19-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús hoy nos invita a examinar las prioridades de nuestra vida, comienza con una advertencia: ‘No acumulen tesoros en la tierra’. Y no es que esté mal tener cosas o trabajar para vivir bien. Lo que nos está advirtiendo es el peligro de poner toda nuestra seguridad y nuestra felicidad en cosas que hoy están y mañana no, que por cualquier motivo pudieran desaparecer.
Y dice: ‘Porque donde está tu tesoro, ahí está también tu corazón’. Esto significa que aquello en lo que pensamos la mayor parte del día, lo que más nos preocupa perder o a lo que le dedicamos la mayor atención, ése es nuestro tesoro.
Si tu tesoro es solo el dinero, el éxito, el reconocimiento de los demás o las comodidades materiales, tu corazón vivirá siempre inquieto, con miedo a que se acabe. En cambio, si tu tesoro es el amor de Dios, la familia, la generosidad y la paz interior, nada ni nadie te lo podrá quitar. Eso es lo que Jesús llama acumular tesoros en el cielo.
Después Jesús cambia aparentemente de tema cuando habla de los ojos, pero no es necesariamente así; solo está dando otra perspectiva de cómo debemos ver las cosas. En el lenguaje bíblico, el ojo sano representa la pureza de intención y la generosidad, mientras que el ojo enfermo representa la envidia, el egoísmo y la codicia.
Si miramos la vida con envidia o queriendo acapararlo todo, nuestra mente y nuestra alma se llenan de oscuridad, pero si la miramos con bondad y gratitud por lo que tenemos, toda nuestra vida se iluminará.
San Francisco decía, cada vez que poseemos algo, necesitamos armas para defenderlo, al contrario, mientras menos cosas poseemos, más libres seremos para amar. Él descubrió que el desapego material es el secreto de la verdadera libertad, cuando vaciamos las manos de cosas materiales y superfluas, nos quedan libres para llenarlas de los tesoros del cielo que son el amor y el servicio a los demás.
Miremos nuestro interior y preguntémonos ¿Cuáles son nuestras mayores preocupaciones en este momento? ¿Cuántas de ellas son cosas materiales o pasajeras y cuántas tienen un sentido más espiritual? ¿Somos realmente agradecidos con lo que tenemos o vivimos siempre mirando con envidia lo que tienen los demás?
Una buena práctica sería ver qué tan generosos somos para compartir algo de lo que tenemos con alguien que lo necesita, donar parte de nuestro tiempo en alguna organización o acompañar a alguien que está solo o enfermo en un hospital.
Que el Señor nos ayude a limpiar la mirada del alma para ver lo que verdaderamente importa. Que nuestro mayor tesoro sea su amistad y su amor, para que nuestro corazón viva siempre lleno de luz, libre de miedos y de apegos.
Antífona de comunión
Cf. Lc 12, 42
Este es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso al frente de su familia, para darles a su tiempo la ración de trigo.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Por la fuerza de este sacramento que recibimos, renueva, Señor, nuestros corazones, para que, a ejemplo de san Romualdo, abad, saboreando las cosas de arriba y no las de la tierra, merezcamos estar en la gloria con Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración
Padre de bondad, tú que estás fielmente al lado de tu iglesia para orientarnos mediante tu Espíritu Santo, haz que seamos dóciles a su inspiración para que, guiados por su fuerza, llevemos a cabo siempre tu voluntad y seamos dignos merecedores del reino de los cielos prometido por tu Hijo Jesucristo.
Acción
Hoy estaré atento a las necesidades de mis hermanos para remediarlas con mi tiempo, mis bienes o mi solidaridad.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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