Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 14 de junio de 2026.

Crédito: Archidiócesis Primada de México

Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XI.
   Color del día: Verde.  

Antífona de entrada
Cf. Sal 26, 7. 9

Oye, Señor, mi voz y mis clamores. Ven en mi ayuda, no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío.


Oración colecta

Señor Dios, fortaleza de los que en ti esperan, acude, bondadoso, a nuestro llamado y puesto que sin ti nada puede nuestra humana debilidad, danos siempre la ayuda de tu gracia, para que, en el cumplimiento de tu voluntad, te agrademos siempre con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

PRIMERA LECTURA
Seréis para mí un reino de sacerdotes
y una nación santa

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a

En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.

Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:

«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El pueblo llega al monte Sinaí, el monte de Dios, el monte de la Alianza. La gran meta de esta reunión es la constitución de un pueblo sagrado y sacerdotal. Dios busca que estos errantes del desierto se constituyan en pueblo elegido.

Los israelitas deben ir poco a poco conociendo quién es este Dios que se les acerca y con qué Dios están haciendo un compromiso. No se trata de una divinidad cualquiera, como las que los pueblos cercanos veneraban: caprichosas, inconstantes, divergentes y aliadas a estructuras de poder.

Israel no puede olvidar que el Dios que los llama y los convoca es el mismo que ha hecho por ellos prodigios, que los sacó de Egipto —es decir, de la esclavitud y la opresión— y que los ha hecho transitar por el desierto en busca de la gran esperanza: la tierra y el lugar de la correcta adoración.

Ahora bien, a pesar de los portentos que Dios ha realizado, este Dios que se revela no obliga a seguirlo. No quiere gente a la fuerza ni indispuesta, sino personas que, en libertad, respondan a su amor y se comprometan con su misión. Por eso, implica la voluntad de sus interlocutores: "si obedecéis y guardáis mi alianza".

El desierto, como lugar simbólico por excelencia donde las distracciones son eliminadas para centrarse en lo verdaderamente importante, es el espacio donde el pueblo toma conciencia de si en verdad quiere seguir al Señor o darle la espalda, si quiere obedecer a este Dios de la vida o rechazarlo.

El texto litúrgico no nos deja clara cuál fue la decisión del pueblo. Sabemos que, efectivamente, respondieron: "haremos cuanto el Señor nos pida". Aunque también somos testigos de que la voluntad del pueblo no siempre concordó con lo que realmente realizaron. Sin embargo, nada de esto echó a perder el gran plan de Dios de tener un pueblo consagrado a Él. La consumación de este proyecto será tema del Nuevo Testamentó.

Para reflexionar: ¿Qué episodios de mi vida me hacen recordar la misericordia de Dios? ¿De verdad quiero seguir al Señor y, desde mi vocación y elección, hacer confluir todas las cosas en Él?

ORACIÓN: Sostén, Señor, mi voluntad, para que siempre sea fiel a tu proyecto. Amén.

Salmo responsorial
Sal 99, 1b-2. 3. 5

R. Nosotros somos su pueblo
y ovejas de su rebaño.
  • Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R.
  • Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R.
  • El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. R.

SEGUNDA LECTURA
Si fuimos reconciliados por la
muerte del Hijo, ¡con cuánta más
razón seremos salvos por su vida!

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 5, 6-11

Hermanos:

Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.

¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo!

Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!

Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

¿Qué significa para Pablo haber sido justificados, o, lo que es lo mismo, ser cristianos? Significa que estamos en paz con Dios. Es decir, que estamos en amistad con Él. Dios no nos devuelve lo que merecen nuestras culpas, sino que, aun cuando lo hemos dejado de lado y hemos prescindido de Él, no vuelve con venganza, sino con shalom, poniendo en armonía y reconciliación lo que nuestra voluntad desobediente dispersó.

Pero también ser justificados significa que vivimos, aun en medio de las tribulaciones de la vida presente, confiando en que no seremos defraudados. Porque lo que ahora vivimos, aunque no sea lo que deseamos, se abre al horizonte que Jesucristo, muerto y resucitado, nos trazó.

Con paz y con esperanza, el cristiano afronta la vida sabiendo que, detrás de todo, no están nuestros pequeños esfuerzos ni nuestras grandes limitaciones, sino la presencia de un Dios que nos demostró cuánto nos amaba cuando éramos débiles y aun cuando no lo merecíamos.

Esto nos da la posibilidad de vivir asumiendo la perspectiva de la salvación y de experimentar, con responsabilidad, esperanza y paz, el triunfo de Cristo que también se manifiesta en la debilidad de nuestra propia carne.

Para reflexionar: ¿Qué sentido tiene para mí ser cristiano? ¿Cómo trato de que esto se note en mi vida y en mis relaciones?

ORACIÓN: Gracias, Señor, por la justificación, por el amor con el que redimes mi vida. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Mc 1, 15

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio. R.

EVANGELIO
Llamo a sus doce discípulos y los envió

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 9, 36-10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Estos versículos finales del capítulo IX sirven como cierre de la sección precedente y como apertura de la posterior. El éxito de Jesús anunciando la Buena Noticia es rotundo. Esto ha atraído la atención de las multitudes.

Ahora bien, Mateo tiene como escenario no solamente a los que seguían en ese momento a Jesús, sino que su misión ya desde ahora la perfila con un matiz universal. Sus destinatarios son todos los que sufren marginación y se encuentran como ovejas sin pastor. Son los pobres, los excluidos, los desheredados, los despreciados, los que a los ojos de la sociedad no cuentan.

Por lo tanto, cuando Mateo habla de estas realidades que están en el corazón de Cristo como prioridad, y al tener —como hemos dicho— una perspectiva universal, la Iglesia, continuadora de la obra del Señor, debe también tener, dentro de sus opciones preferenciales, la atención a los descartados. De aquí surge la urgencia y la necesidad de la misión: ante tanta necesidad, el mensaje y la propuesta evangélica no pueden hacerse esperar.

Por eso vemos cómo Jesús une a sí personas. Son sus discípulos, a quienes les da el nombre de apóstoles, y que expresan la unidad del pueblo reunido en su Nombre y al servicio de sus propósitos.

Entre ellos encontramos una gran variedad de carismas y situaciones vitales: Pedro, cuyo nombre impuesto por el Señor revela su ministerio; Mateo, un cobrador de impuestos; Simón, el cananeo, el celoso apasionado que probablemente pertenecía al partido revolucionario de los zelotes; y Judas, que fue el traidor. Todo esto forma parte de la Iglesia y, sin embargo, el que le da cohesión y unidad no es un principio, sino una Persona: Jesús.

Para reflexionar: ¿Me siento enviado por Jesús para aliviar el dolor del mundo? ¿Cómo estoy llevando a cabo mi misión profética y real, anunciando la palabra de Dios y ordenando las cosas según su voluntad?

ORACIÓN: Señor, ayúdame a identificarme cada vez más con tu mensaje y tu obra. Amén.


Antífona de comunión
Sal 26, 4

Una sola cosa he pedido y es lo único que busco, habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida.


Oración después de la comunión

Señor, que esta santa comunión, que acabamos de recibir, así como significa la unión de los fieles en ti, así también lleve a efecto la unidad en tu Iglesia.

Síntesis

La Iglesia es el pueblo de Dios reunido alrededor del Señor. Es el pueblo sacerdotal, el pueblo de la Alianza, que vive la experiencia profunda de saberse justificado por Él, por su sangre, y convocado para hacer retroceder el mal en su Nombre y curar toda enfermedad y dolencia.

Para alcanzar este objetivo, pedimos en este día la ayuda de su gracia, para que, cumpliendo lo que Él nos pide, podamos agradarle con nuestra manera de proceder.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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