Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Miércoles, 8 de setiembre de 2021.

¡Feliz cumpleaños Virgen María!

Tiempo Litúrgico: Ordinario III - Semana XXIII.
   Color del día: Blanco.  



Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Miqueas (5, 1-4)
Mientras no dé a luz la que ha de dar a luz

Esto dice el Señor: “De ti, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel, cuyos orígenes se remontan a tiempos pasados, a los días más antiguos.

Por eso, el Señor abandonará a Israel, mientras no dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos se unirá a los hijos de Israel. El se levantará para pastorear a su pueblo con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra y él mismo será la paz”.

Reflexión sobre la Primera Lectura

La esperanza de un salvador en el pueblo de Israel sostuvo la fe del pueblo a lo largo de todas las generaciones.

Este salvador anunciado por todos los profetas, y visto en muchas de las figuras de reyes sacerdotes y profetas del Antiguo Testamento, va siendo una realidad en el proyecto salvífico de Dios con el nacimiento de la Santísima Virgen María.

Por ello su nacimiento nos hace reflexionar que este proyecto salvífico se va construyendo en la historia en donde todos nosotros tenemos una participación muy importante.

Dios que había preparado desde toda la eternidad a María Santísima para ser la Madre de su Hijo, fue recibida con alegría en el hogar de Joaquín y Ana, quienes la prepararon y la educaron para que el proyecto de Dios continuara adelante.

Tú también eres parte de este proyecto, como María, déjate conducir y modelar por Dios para que la salvación sea una realidad más concreta en todo nuestro mundo.

Salmo responsorial
(Sal 12, 6ab. 6cd)
R/ Me llenaré de alegría en el Señor.
  • Confío, Señor, en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación. R.
  • Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho, tocaré mi música en honor del Dios altísimo. R.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (1, 1-16. 18-23)
Ella a concebido por obra del Espíritu Santo.

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Reflexión: Nacer para no morir

En la Iglesia solo celebramos la fiesta del nacimiento de tres personas: Juan Bautista, el precursor, María, la madre santísima y, por supuesto, el Señor. De todos los demás santos celebramos el día de su nacimiento a la vida eterna: “Die Natalis”, el día en que partieron de este mundo a la casa del Padre, el día de su muerte temporal.

Celebramos la natividad de Jesús el 24 de diciembre, de Juan seis meses antes, y de María nueve meses después de su inmaculada concepción. De ellos celebramos su nacimiento a la vida mortal. Precisamente porque Cristo con su encarnación, al asumir nuestra débil naturaleza humana, siendo en todo igual a nosotros menos en el pecado, ha llevado a la plenitud y a la perfección nuestra condición humana.

Ahora nosotros, gracias a la pascua de Jesús, cuando morimos, nacemos. Esta gran novedad que marca la historia y la divide en dos: antes y después de Cristo; es lo que hoy celebramos en su misterio preliminar. La Natividad de María viene a ser como la aurora del amanecer, el alborear del nuevo día, del sol que nace del alto que es Cristo.

De hecho María desde su Asunción a los cielos participa plenamente de la victoria y de la pascua de Jesús. Por eso cronológicamente es la primera que nace para no morir. Todas las demás personas después del pecado primero y antes que María nacieron para la muerte. Desde María y gracias a Jesús hemos nacido para vivir eternamente.

Todo esto obedece a un designio de salvación, a un plan que Dios ha trazado desde la eternidad por el cual quiere manifestar su gloria en nosotros. Un misterio de salvación en el que nada ha sido dejado al azar. En  aquellas celebraciones en las que se escuche como primera lectura el fragmento de la carta del apóstol San Pablo a los romanos esta predestinación queda claramente manifiesta.

No es lo mismo reconocer que la elección de Dios es libre, es decir que Dios eligió a María, como nos elige a nosotros, por un puro don de su liberalidad; que pensar que esta elección es arbitraria. Todo lo contrario, en el misterio de la inmaculada concepción se entiende perfectamente que María fue preparada desde el primer instante de su existencia para llevar a cabo su misión en esta vida.

El nacimiento de María después de nueve meses es la aparición de esta humanidad que está llamada a ser glorificada. Es el misterio de la gloria de Dios manifestada en la carne.

Por eso unos cuantos años después, en el nacimiento de Jesús tal y como hemos escuchado en el evangelio, el ángel Gabriel revelando el designio de Dios nos aclara que nuestro papel consiste simple y llanamente en la obediencia a Dios. Cuando aquello que tenemos delante y estamos considerando resulta “venir del Espíritu Santo”, es decir, no ser obra nuestra, lo único que se nos pide es creer y abrazar ese designio.

Le pedimos al Señor la gracia de reconocernos ya salvados por su amor. La conciencia de bautizados que nos permite esperar confiadamente nuestra propia resurrección al final de los tiempos y la glorificación de nuestra carne débil. Le damos gracias a Dios porque en María se anticipa, se prepara y se fragua ya la victoria de Cristo en cada uno de nosotros.

Comentarista 3 | miércoles, 8 septiembre 2021 | Archidiócesis de Madrid

Oración

Te doy gracias, Padre, por haber elegido a María como la madre de mi Señor y madre mía también, porque intercede siempre por mis necesidades, como lo hizo con aquellos novios en Caná, y que de ella puedo aprender a ser un verdadero discípulo e intercesor.

Acción

Hoy rezaré el Rosario.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro.

Adaptado de:
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa, Archidócesis de Madrid
Verificado en:
Ordo Temporis Ciclo B – 2021, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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