Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 6 de mayo de 2025.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana III.
   Color del día: Blanco.  

Memoria libre: Santo Domingo Savio.

Antífona de entrada
Cf. Ap 19, 5; 12, 10

Alabad a nuestro Dios todos los que lo teméis, pequeños y grandes, porque ha establecido la salvación y el poder y la potestad de su Cristo. Aleluya.

Oración colecta

Oh, Dios, que abres la puerta de tu reino a los que han renacido del agua y del Espíritu, acrecienta en tus siervos la gracia que les has dado, para que, limpios de sus pecados, no se vean, por tu bondad, privados de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Señor Jesús, recibe mi espíritu

Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 7, 51-8, 1a

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas: «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado».

Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»

Y, con estas palabras, murió.

Saulo aprobaba su ejecución.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Duras pero ciertas las palabras de San Esteban dirigidas a todos nosotros: "Hombres de cabeza dura, cerrados de corazón y de oídos. Ustedes resisten siempre al Espíritu Santo".

Y es que la verdad, pensemos, ¿cuántas veces hemos tenido la oportunidad de crecer más en el amor de Jesús, de asistir a un retiro? ¿Cuántas veces por pereza o por darle prioridad a otras actividades hemos faltado a misa?

¿Cuántas veces, pudiendo hacer la caridad, un favor, un servicio no lo hemos hecho? ¿Cuántas veces hemos preferido ver la televisión en lugar de atender a nuestros hijos, hermanos o a nuestros padres? O ¿cuántas veces hemos dejado la oración por alguna otra actividad?

En esta Pascua, Jesús nos ofrece de nuevo la posibilidad de abrirle totalmente nuestro corazón y dejar que sea el Espíritu Santo quien dirija nuestra vida; nos hace de nuevo la invitación para que tomemos el Evangelio como norma de nuestro diario obrar y para que hagamos de la caridad un estilo de vida.

Salmo responsorial
Sal 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21 ab

R. A tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
  • Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. R.
  • A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás; yo confío en el Señor. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.
  • Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 6, 35ab

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el pan de vida – dice el Señor -; el que viene a mí no tendrá hambre. R.

EVANGELIO
No fue Moisés, sino que es mi Padre
el que da el verdadero pan del cielo

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, en gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Pan del cielo les dio a comer»».

Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El hombre de hoy está sediento, está hambriento y no sabe de qué. Por ello ha desatado una búsqueda sin tregua tratando de encontrar algo que verdaderamente lo sacie.

Lo busca en el placer, en el poder, en la fama, en el dinero. Al final de la búsqueda, siempre encuentra lo mismo: vacío y soledad. Y es que sólo Jesús es el pan que sacia. Sólo la vida en el amor de Dios puede dar sentido a la vida. Jesús dijo: "Yo soy el pan que da la vida".

Por ello sólo Él sacia, sólo su amor llena nuestros vacíos y nuestras soledades. La vida en Cristo se transforma en plenitud. Por ello, quien tiene a Cristo lo tiene todo, quien no lo tiene, carece de todo. Esta Pascua es de nuevo la oportunidad para encontrarnos con Jesús resucitado, con el verdadero pan que sacia, con el pan que da la vida; que es paz, alegría y amor.

Encuéntrate hoy con Jesús en tu oración personal. Está esperándote para saciarte.

Antífona de comunión
Rom 6, 8

Si henos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad a tu pueblo y, ya que has querido renovarlo con estos sacramentos de vida eterna, concédele llegar a la incorruptible resurrección de la carne que habrá de ser glorificada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Te pido perdón, Señor, por todas las veces que he cerrado mis oídos a tu Palabra; aquellas veces que, incluso habiéndola escuchado, no he puesto empeño en ponerla por obra. Hoy te abro mis oídos, mente y corazón para que los llenes de tu divina voluntad y que por tu gracia pueda seguirte y dejarte actuar en mi vida.

Acción

Hoy haré aquello que Dios me ha estado pidiendo y que he ido postergando.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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