Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Miércoles, 18 de febrero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Cuaresma.
   Color del día: Morado.  

Inicia la Cuaresma: Miércoles de Ceniza.


Antífona de entrada
Cfr. Sab 11, 23. 24. 26

Tú, Señor, te compadeces de todos y no aborreces nada de lo que has creado, aparentas no ver los pecados de los hombres, para darles ocasión de arrepentirse, porque tú eres el Señor, nuestro Dios.

Oración colecta

Que el día de ayuno con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma sea el principio de una verdadera conversión a ti, y que nuestros actos de penitencia nos ayuden a vencer el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Rasgad vuestros corazones,
no vuestros vestidos

Lectura de la profecía de
Joel 2, 12-18

Ahora – oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.

¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el Señor, vuestro Dios!

Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo.

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: «Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos».

¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?

Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El profeta Joel nos introduce en la espiritualidad del tiempo de cuaresma: hacer un camino personal y comunitario hacia la Pascua. Ello pide una purificación de nuestros corazones para hacer sitio en ellos al Resucitado, un impulso para una oración que sea diálogo amoroso con el Padre, una liberación de la obsesión por nuestro bienestar moderando la satisfacción de nuestros deseos y compartiendo nuestros bienes, muchos o pocos, con los necesitados.

Camino de conversión, que está hecho de oración, ayuno y limosna, típicos de  la  cuaresma. Aunque, no lo olvidemos, no son fines en sí mismos, como si todo en la vida cristiana dependiera de nosotros. Son medios para templar el espíritu y poder vivir con fe y alegría la Pascua del Señor.

Joel presenta la conversión, como un cambio de vida desde el interior de cada uno y del pueblo mismo: “rasgad los corazones, no las vestiduras”. Una conversión que implica a todos, sin distinción de edades, desde los niños a los ancianos y sin distinción de estados o funciones, desde los padres de familia a los sacerdotes.

Y describe la conversión como un gran movimiento de esperanza: aunque algunos nos pregunten: ¿Dónde está vuestro Dios? Podemos responder convencidos: está aquí y ahora con nosotros, perdonando siempre, acercándonos los unos a los otros y a todos con Él: reconciliándonos “porque Dios es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”.

Salmo responsorial
Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17

R. Misericordia, Señor: hemos pecado.
  • Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.
  • Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad en tu presencia. R.
  • Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R.
  • Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. R.

SEGUNDA LECTURA
Reconciliaos con Dios:
ahora es tiempo favorable

Lectura de la 2ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 5, 20-6, 2

Hermanos.

Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:

«En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé».

Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

Pablo se siente enviado para exhortarnos: “dejaos reconciliar con Dios”.

La reconciliación es un deseo universal en una humanidad desangrada por los conflictos y la violencia. Nuestras divisiones y distancias no son eslóganes pesimistas con que analicemos el pasado y el presente. Tristemente, palpamos las fracturas en la vida familiar, en los intereses económicos, en la política nacional e internacional. No corren buenos tiempos para los sueños de pacífico encuentro. Las proclamaciones de fraternidad universal quedan en poco más que retórica bienintencionada.

También en la conciencia y el corazón de cada uno está presente la disociación entre lo que queremos ser y lo que, de hecho, logramos o no logramos ser. El pecado afecta tanto a las personas como a las estructuras.

Los reiterados fracasos en el ámbito personal y en las sociedades y sus instituciones nos invitan a pensar que la fuente definitiva de la reconciliación no está en nosotros, por perfectos que logremos ser, sino en Dios que nos la regala en Jesús. Su muerte y resurrección son una promesa de un mundo y una humanidad nuevos.

La cuaresma es un tiempo de apertura de nuestros corazones y nuestras mentes a la reconciliación que Dios nos ofrece: “Convertíos y creed el Evangelio” es, decir: la aceptación del evangelio de Jesús como propuesta y norma de vida.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 94, 8a. 7d

R. Gloria y alabanza a ti, Cristo.

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. R.

EVANGELIO
Tu Padre, que ve en lo secreto,
te recompensará

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Todo este fragmento de Mateo que proclamamos el miércoles de ceniza es una apología de la interioridad. No tiene nada que ver con el intimismo de algunas espiritualidades. Su contexto es la práctica del fariseismo que buscaba la justicia desde la exterioridad.

Jesús confronta lo que supone “ser visto por los hombres”, “tocar la trompeta”, “ser honrados por los hombres”, “rezar en pie para que los vea la gente”, “hacer ver a la gente que ayunan”. Las prácticas cuaresmales tienen su sentido, y son eficaces, cuando lejos de buscar el reconocimiento y la congratulación de los demás, pasan desapercibidas y se las dejamos ver sólo al Padre.

Es el “secreto” de la propia conciencia, la clausura de los propios sentimientos, a los que sólo el Padre tiene acceso. Ahí nos habla y ahí le escuchamos. Una religión sin interioridad, y sin una interioridad gozosa, libre y fraterna, no es cristiana.

Las imágenes que usa Mateo para describir ese mostrarse ante Dios son de una profunda y sencilla belleza y de una granada elocuencia: cuando des limosna “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, cuando ores “entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre”, cuando ayunes “perfúmate la cabeza y lávate la cara”.

La práctica de la justicia, la limosna y la oración son gratas a Dios cuando no buscamos con ellas el aplauso de los hombres.

En su relación con el Padre, Jesús ha valorado sobre todo la interioridad. Algunos pensadores la han percibido como un constitutivo fundamental de la condición humana. Un espacio que debemos cuidar mediante la lectura, la reflexión, la maduración de los sentimientos, la valoración propia de los acontecimientos, la oración. Es desde nuestra interioridad desde la que accedemos al Padre que nos recompensa.

Antífona de comunión
Cfr. Sal 1, 2-3

El que día y noche medita la ley del Señor, al debido tiempo dará su fruto.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Que nos auxilien, Señor, los sacramentos que recibimos, para que nuestro ayuno sea de tu agrado y nos aproveche como remedio saludable. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

En este día, Señor, quiero ofrecerte un camino de conversión, un camino de morir a mí mismo y a las inclinaciones que tantas veces me hacen alejarme de ti; te pido que me llenes de tu gracia, para que mientras voy muriendo, tú me vayas resucitando a la nueva vida en ti.

Acción

¿Cuáles son nuestros sentimientos y actitudes al adentrarnos en este tiempo de gracia que es la cuaresma? ¿Qué debemos convertir en nuestro interior para hacer sitio al Padre que nos reconcilia? ¿Qué debemos cambiar en nuestras prácticas religiosas para purificarlas de herencia farisea y hacerlas más genuinamente cristianas?

Hoy iré a tomar ceniza y además haré mi plan para vivir adecuadamente esta cuaresma.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).