Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 26 de mayo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana VIII.
   Color del día: Blanco.  

Memoria obligatoria: San Felipe Neri, presbítero.


Antífona de entrada
Cf. Rom 5, 5; 8, 11

El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que habita en nosotros.

Oración colecta

Dios nuestro, que nunca dejas de glorificar la santidad de aquellos siervos tuyos que te son fieles, haz que el fuego del Espíritu Santo nos encienda en aquel mismo ardor que tan maravillosamente inflamó el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Profetizaron sobre la gracia destinada
a vosotros; por eso, manteniéndoos
sobrios, confiad plenamente

Lectura de la 1ª carta del
apóstol san Pedro 1, 10-16

Queridos hermanos:

Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación.

Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.

Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.

Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.

Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.

Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El apóstol Pedro retoma del evangelio de Mateo la indicación de Jesús de buscar por sobre todas las cosas la santidad.

Sin embargo, hoy vemos que en nuestro mundo moderno, en el cristianismo del siglo XXI, son pocos los que aspiran y trabajan seriamente para alcanzar la santidad. Nos vamos conformando con ser católicos "del montón", que se contentan sólo con cumplir lo más elemental de la vida cristiana, como es asistir el domingo a misa y, si bien nos va, en comulgar con frecuencia; pero sin dedicarse asiduamente a la oración y a la penitencia que son los principales instrumentos para la santidad.

Esto es porque, para que la Palabra de Dios pueda penetrar el corazón, y su luz iluminarlo, es necesario pasar largos, muy largos ratos en oración, dejando que el misterio se haga parte de nuestra vida y, por otro lado, la penitencia que abre la posibilidad a la voluntad de aceptar la Palabra como parte de la vida. Es por ello que sin estos dos elementos de la vida cristiana difícilmente se desarrolla la santidad en nosotros.

Es, pues, necesario, como nos los pide hoy el apóstol, que "no nos acomodemos a los deseos que teníamos antes" de haber conocido a Cristo. Nuestra vida pasada debe quedar sepultada en el Evangelio de la vida de modo que nuestras palabras, pensamientos y acciones correspondan a una persona que se conduce conforme al evangelio y no conforme a los deseos mundanos que emergen de nuestra carne pecadora.

Si la gente que nos rodea no ve en nosotros este tipo de personas jamás se sentirán invitadas a convertirse a Jesús. Sé santo, esa es tu vocación más profunda.

Salmo responsorial
Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

R. El Señor da a conocer su salvación.
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.
  • El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.
  • Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclamad al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

EVANGELIO
Recibiréis en este tiempo cien
veces más, con persecuciones,
y en la edad futura, vida eterna

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:

«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Jesús dijo:

«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más – casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones – y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El Evangelio de hoy nos debe poner a pensar en lo que realmente estamos dispuestos a soltar por seguir a Jesús. Pedro le dice, como quizá lo hayamos hecho alguna vez nosotros: ‘Señor, nosotros ya lo dejamos todo por ti’. Como diciéndole: ‘bueno, entonces a nosotros ¿de a cómo nos toca?

Y es una reacción naturalmente humana, como queriendo asegurar o asegurarnos que el sacrificio que hemos hecho por Jesús ha valido la pena y queremos que alguien lo reconozca. Jesús le responde con una promesa muy fuerte: Nadie que deje casa, familia o bienes por su causa se quedará con las manos vacías. 

Nos dice incluso que recibiremos cien veces más ya desde ahora, aunque también menciona que vendrán con persecuciones. Esto nos debería de aterrizar mucho porque nos recuerda que seguir a Jesús no es un negocio para que todo nos salga perfecto: te doy y me das y que todo, además de todo, será sencillo, sino que es una inversión de vida donde la ganancia es más que todo la paz.

No siempre como nosotros lo entendemos o como estamos acostumbrados; incluso esa ganancia de paz es posible que a veces ni la lleguemos a ver. A veces nos da miedo perder tiempo, perder nuestro dinero o nuestra comodidad por vivir nuestra fe o por ayudar a otros, pero Jesús nos asegura que lo que demos por Él regresará multiplicado en formas que ni siquiera lo imaginamos. 

No se trata de quedarnos sin nada, sino de no estar amarrados a nada para que Dios pueda llenarnos de lo que verdaderamente importa. Hay que aprender a tener sin retener; un día lo tienes y otro día quizás no, y que eso no te quite la paz, ni más ni menos, solo lo que necesitamos.

Sobre este tema del desprendimiento San Francisco de Asís decía, recuerda que cuando dejes este mundo, no te llevarás nada de lo que has recibido, solo lo que has dado. Él entendió que la verdadera riqueza no es la que acumulamos para nosotros, sino lo que somos capaces de soltar por amor por los demás. 

La invitación de hoy es a confiar en que Dios es la mejor recompensa y que nunca te va a pedir algo sin darte muchísimo más a cambio. Dios no se deja ganar en generosidad y Él sabe perfectamente cómo recompensarnos y reconocernos ahí en donde nadie nos ve, en lo más íntimo de nuestro corazón. 

Antífona de comunión
Cf. Jn 15, 9

Así como el Padre me ha amado a mí, así yo los he amado a ustedes, dice el Señor; permanezcan, pues, en mi amor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Saciados, Señor, por este manjar celestial, te rogamos que, a imitación de san Felipe, nos hagas anhelar siempre este mismo sustento por el cual verdaderamente vivimos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor Dios y Padre nuestro, que eres fuente de toda bondad y bien, ayúdanos a nosotros, tus hijos, a ser semejantes a ti, viviendo en la fidelidad a tu palabra y en constante justicia, misericorida y solidaridad para con nuestros hermanos.

Acción

El día de hoy obraré en justicia en todas mis relaciones con mis semejantes.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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