Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 10 de mayo de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana VI.
   Color del día: Blanco.  


Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Is 48, 20

Con voz de júbilo, anúncienlo; que se oiga. Que llegue a todos los rincones de la tierra: el Señor ha liberado a su pueblo. Aleluya.


Oración colecta

Dios todopoderoso, concédenos continuar celebrando con incansable amor estos días de tanta alegría en honor del Señor resucitado, y que los misterios que hemos venido conmemorando se manifiesten siempre en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Les imponían las manos
y recibían el Espíritu Santo

Lectura del libro de los Hechos
de los apóstoles 8, 5-8. 14-17

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Felipe es uno de los siete que fueron escogidos para el servicio de las viudas y la atención de las mesas. Él se dirige a Samaria y allí proclama a Cristo. Su palabra es acompañada de gestos y acciones milagrosas: expulsaba el mal y curaba a paralíticos y lisiados.

Ante estas expresiones de fuerza en el Espíritu, que se manifestaba no solo en los hechos portentosos, sino también en la alegría, dos de los Apóstoles fueron enviados para que, a través de la oración sobre los fieles y la imposición de las manos, recibieran el Espíritu.

Estos gestos —imposición de manos y oración sobre los fieles— constituyen, desde la Iglesia primitiva, un signo elocuente de la gracia sacramental y de la comunión del Espíritu. Son también un gesto de comunión y confirmación de la obra ya realizada en ellos, que une a los cristianos en un mismo Espíritu y una misma caridad.

Para reflexionar: ¿Qué signos logro percibir actualmente que revelan la presencia misteriosa, pero efectiva, del Reino de Dios? ¿Las gracias sacramentales que he recibido han provocado en mí la alegría propia del Espíritu?
 
Oración: Envía, Señor, tu Espíritu sobre mí, que renueve todo mi ser. Amén.

Salmo responsorial
Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

R. Aclamad al Señor, tierra entera.
  • Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!» R.
  • Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. R.
  • Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos en él. Con su poder gobierna eternamente. R.
  • Los que teméis a Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. R.

SEGUNDA LECTURA
Muerto en la carne
pero vivificado en el Espíritu

Lectura de la 1ª carta del
apóstol san Pedro 3, 15 -18

Queridos hermanos:

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.

Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.

Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por lo pecados, el justo por los injustos, para conducirnos a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

El autor de esta carta exhorta a estar siempre dispuestos a dar una explicación a todo aquel que nos pida razón de nuestra esperanza. Y nos dice cómo hacer este proceso: con suavidad, respeto y tranquilidad de conciencia.

Ahora bien, puede que al realizar esto sea necesario asumir algo de sufrimiento. El autor nos deja claro que, si ese fuera el caso, es mejor sufrir por hacer el bien que por hacer el mal.

En un mundo que avanza vertiginosamente, que ya no tiene espacios para encuentros reales, acostumbrado a quererlo todo de inmediato y donde la prisa se ha convertido en la constante, los cristianos estamos llamados a mostrar otra realidad, a revelar un Rostro, a dirigir la atención hacia una Mirada que existe, no como idea pura y fría, sino como experiencia y acontecimiento que revitaliza, y hace dirigir los pasos hacia una realidad más ancha y dilatada que las que podemos crear, imaginar o soñar.

Para reflexionar: ¿Soy una persona de esperanza? ¿He alentado a otros a no perder la esperanza?
 
Oración: Con los primeros cristianos, Señor, invocamos: ¡Ven, Señor Jesús! Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 14, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El que me ama guardará mi palabra – dice el Señor -, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.

EVANGELIO
Le pediré al Padre
que os dé otro Paráclito

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Jesús promete enviar, del Padre, otro Paráclito, con lo cual deja claro que Él es el primer Abogado y Defensor que Dios Padre nos envió. Ahora, en el momento en que Él regresará al Padre, nos enviará otro más, que se identifica con la Verdad y que, además, nos hará permanecer en una relación filial constante, puesto que no permitirá que nos sintamos huérfanos.

El papel de este Defensor es animar a la Iglesia, guiarla y conducirla a la verdad plena, permitiendo que los discípulos mantengan una relación auténtica e indestructible con su Señor, a quien ahora ya no verán como antes, pero experimentarán incluso de manera más íntima y profunda, puesto que, con su resurrección, su presencia en el mundo y en la materia se ha intensificado.

El Espíritu es garante de la universalización de la obra de Cristo y realiza, en la conciencia y en el corazón de todo ser humano, la obra de la salvación del Señor, sin irrespetar la libertad humana, pero ofreciendo su gracia y su misericordia a todos, sin excepción.

Para reflexionar: ¿Invoco constantemente al Espíritu como mi abogado y defensor en los peligros? ¿En qué momentos me he sentido desamparado y abandonado de Dios?

Oración: Señor, que en los momentos de soledad y abandono, tu Espíritu me confirme en la verdad de tu Cristo. Amén.


Antífona de comunión
Cf. Jn 14, 15-16

Si me aman, cumplirán mis mandamientos, dice el Señor; y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito, que permanecerá con ustedes para siempre.


Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno, que, por la resurrección de Cristo, nos has hecho renacer a la vida eterna, multiplica en nosotros el efecto de este sacramento pascual, e infunde en nuestros corazones el vigor que comunica este alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SÍNTESIS:

La gran promesa de Cristo fue el envío del Espíritu del Padre, quien realizará en medio de nosotros las mismas obras que Cristo hizo. Él nos hará capaces de ser garantes de una esperanza que supera toda expectativa humana y que nos conduce hacia la verdad plena.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).