Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Juan Francisco Régis, sacerdote y misionero.
Antífona de entrada
Sal 26, 7.9
Escúchame, Señor, que te llamo. Tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.
Oración colecta
Oh, Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha con bondad nuestras súplicas y, pues sin ti nada puede la fragilidad de nuestra naturaleza, concédenos siempre la ayuda de tu gracia, para que, al poner en práctica tus mandamientos, te agrademos con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Has hecho pecar a Israel
Lectura del primer libro
de los Reyes 21, 17-29
Después que hubo muerto Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías tesbita para decirle:
«Levántate, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que está en Samaria. Ahora se encuentra en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión de ella. Le hablarás diciendo: «Así habla el Señor: ‘¿Has asesinado, y pretendes tomar posesión?’ Por esto, así habla el Señor: ‘En el mismo lugar donde los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán los perros también tu propia sangre’”».
Entonces Ajab se dirigió a Elías diciendo: -«Así que has dado conmigo, enemigo mío».
Respondió Elías:
«He dado contigo. Así, por haberte vendido, haciendo el mal a los ojos del Señor, yo mismo voy a traer sobre ti el desastre. Barreré tu descendencia y exterminaré en Israel a todos los varones de la familia de Ajab, del primero al último. Dispondré de tu casa como la de Jeroboán, hijo de Nebat, y de la de Baasá, hijo de Ajías, por la irritación que me has producido y por haber hecho pecar a Israel. También contra Jezabel ha hablado el Señor diciendo: «Los perros devorarán a Jezabel en el campo de Yezrael», y lo perros devorarán a los de Ajab que mueran en la ciudad y las aves del cielo a los que mueran en el campo».
No hubo otro como Ajab que, instigado por su mujer Jezabel, se vendiera para hacer el mal a los ojos del Señor. Actuó del modo más abominable, yendo tras los ídolos, procediendo en todo como los amorreos a quienes el Señor había expulsado frente a los hijos de Israel.
Ajab, al oír estas palabras, rasgó sus vestiduras, se echó un sayal sobre el cuerpo y ayunó. Con el sayal puesto se acostaba y andaba pesadamente.
Llegó a Elías tesbita la palabra del Señor: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? No traeré el mal en los días de su vida, por haberse humillado ante mí, sino en vida de su hijo».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
¿Cuántas veces pensamos que podemos pecar y que nuestro pecado no tendrá consecuencias? La verdad, como nos lo hace ver este pasaje de la Escritura, todo pecado tiene consecuencias en el presente y éstas pueden extenderse hasta el futuro.
El pecado sigue la ley universal establecida por Dios que dice: "Lo que se siembra, eso se cosecha". Es por ello que si uno siembra trigo será imposible que al final se levante frijol. Lo que se siembra se levanta. En este sentido san Pablo decía: "El que siembra en la carne cosecha muerte y destrucción; el que siembra en el Espíritu cosechará vida y eternidad".
Es por ello que antes de pecar debemos tener presente que de Dios nadie se burla, que todos nuestros pecados están siempre ante su mirada y que estos pecados tarde o temprano terminarán destruyendo nuestra vida.
Ajab siguió los malos consejos de su esposa y se dejó pervertir; dejó que sus pasiones y su egoísmo lo dominaran. Al final sólo encontró muerte y destrucción y lo peor es que las consecuencias de este pecado se extendieron hasta las generaciones siguientes.
Por eso, no te dejes engañar y cuando te des cuenta de que un pensamiento o acción te aparta de Dios, recházalo, como si fuera el peor de los venenos; recuerda lo que te dice Jesús: "Más te vale entrar manco en el Reino de los cielos que con tus dos manos ser arrojado al lugar del castigo".
Salmo responsorial
Sal 50, 3-4. 5-6a. 11 y 16
R. Misericordia, Señor: hemos pecado.
- Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.
- Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia. R.
- Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 13, 34
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Os doy un mandamiento nuevo – dice el Señor -: que os améis unos a otros, como yo os he amado. R.
EVANGELIO
Amad a vuestros enemigos
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
En este pasaje que escuchamos hoy Jesús nos habla de una de las más difíciles exigencias que encontramos en el Evangelio: ‘Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persiguen’. Porque estarás de acuerdo conmigo que lo que nos sale sin esfuerzo es tratar bien a quienes nos tratan bien, pero cuando alguien nos habla feo o nos hace daño, inmediatamente respondemos igual y deseamos devolverle el mal que nos hizo.
Jesús viene a enseñarnos una forma de actuar en amor que va mucho más allá de lo que conocemos. Y hace una pregunta muy directa: ‘Si amas a los que te aman, ¿qué recompensa tienes?’ Y es que es muy fácil ser amable con los amigos, con la familia o con la gente que nos cae bien y nos trata bien. Eso no tiene nada de extraordinario.
El verdadero termómetro de nuestra fe se nota cuando nos toca tratar con esta persona del trabajo que nos hace la vida imposible, con el vecino conflictivo o con ese familiar con el que estamos enojados; es ahí, en la dificultad, donde demostramos si somos seguidores de Jesús o si simplemente seguimos nuestros propios impulsos humanos.
Dios no nos ama porque seamos perfectos, nos ama porque Él es un Padre perfecto. Si nosotros queremos ser sus discípulos, tenemos que empezar a mirar a los demás con sus ojos.
Cuando Jesús nos dice al final: ‘Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto’, no nos está pidiendo que no cometamos errores, porque Él sabe que somos humanos, sino que nos esforcemos en que nuestro amor sea completo, sin exclusiones, que no le cerremos la puerta a nadie.
Amar al enemigo a veces parece una tarea imposible por nuestra naturaleza humana, por eso nos ayuda mucho seguir el ejemplo de los santos. San Juan de la Cruz, un gran místico que sufrió incomprensiones y persecuciones, incluso dentro de su propia comunidad religiosa, dijo: ‘Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor’.
Y es una guía práctica para nuestro día a día, cuando alguien nos trate mal, con indiferencia o con enojo, la solución no es tratarlo igual. Si ponemos amor y paciencia donde hay conflicto, terminaremos transformando la situación y siendo testimonio del amor de Dios.
Debemos entender que el enemigo no es necesariamente alguien que me persigue a muerte, a veces puede ser simplemente esa persona que me quita la paz, que me critica o que piensa diferente de mí. Jesús nos pide que en lugar de pelear, roguemos por él o ella y por esa situación, la oración y la gracia nos deben orientar hacia la paciencia y la comprensión. Ser perfectos como el Padre es perfecto significa no poner condiciones para amar y hacer el bien.
Antífona de comunión
Sal 26, 4
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, esta santa comunión contigo que hemos recibido, anticipo de la unión de los fieles en ti, realice también la unidad en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, dame de tu Espírtu Santo para sembrar la semilla espiritual que produce la vida eterna y que por medio de tu gracia, pueda ir extirpando de mi vida cualquier rastro de la semilla de la carne, que produce destrucción y muerte.
Acción
Hoy buscaré la raíz de aquello que me está causando cosas negativas en mi vida y las intercambiaré por alguna acción espiritual que fructifique en una vida espiritual más comprometida.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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