¿Dónde está Dios en la tragedia? La respuesta de un obispo tras los terremotos en Venezuela

Una imagen de la Santísima Virgen afectada por la destrucción de los terremotos. | Créditos: Andrés Henríquez/EWTN News

16 de julio de 2026
Por Andrés Henríquez | ACI Prensa

¿Cómo encontrar a Dios en medio de la tragedia? ¿Por qué Dios permite tanto sufrimiento? Son preguntas que muchas personas pueden hacerse ante la realidad venezolana, especialmente después de los terremotos del 24 de junio.

El misterio del dolor ha estado presente a lo largo de la historia humana, pero en Venezuela es más actual que nunca. Sobre esto reflexionó Mons. Carlos Márquez, Obispo Auxiliar de Caracas, en una entrevista con ACI Prensa. Para el prelado, la Iglesia Católica es fundamental para arrojar luz sobre esta cuestión existencial.

Una promesa a la que sostenerse: “No estamos solos”

Mons. Márquez respondió con claridad que sería “un acto de soberbia tremenda” pretender dar respuestas que resuelvan plenamente este misterio. En el fondo, dijo el obispo auxiliar, plantearse estas preguntas es una manera de “buscar culpables”. Son preguntas que “nos paralizan y nos llenan de amargura y dolor”.

"No escapamos de la ley biológica, no escapamos de las leyes de la naturaleza. Lo que antes pensábamos que era una maldición o un castigo divino, ahora sabemos que son procesos naturales que inclusive son necesarios”, explicó sobre los devastadores terremotos.

Para ayudar a comprender la tragedia, Mons. Márquez ofrece dos elementos particulares. El primero es la libertad del hombre que —cuando es mal utilizada— “produce sufrimiento y dolor”. En este punto se refirió a los edificios colapsados, probablemente construidos en sitios indebidos por el terreno poco apto, o en algunos otros que quizás no fueron hechos con las medidas de seguridad correspondientes.

“La imprudencia, culposa o no, siempre termina en tragedia. Esto no es producido, querido ni mucho menos ordenado por Dios. No es la voluntad divina”, comentó.

El segundo elemento particular lo ubica Mons. Márquez en la Carta de San Pablo a los Romanos. El apóstol de los gentiles escribe que la creación “gime hasta el presente y sufre dolores de parto” (Rom. 8, 22-39).

Esto nos sirve para entender que la naturaleza “se reacomoda, evoluciona y se mueve” como parte de un proceso “hacia la plenitud prometida por Jesucristo”. El obispo auxiliar explicó que la creación “estará sujeta al dolor” hasta que sea recapitulada en Cristo y nosotros, en tanto creaturas, sufrimos estos avatares.

“Por lo tanto, en nuestro camino a la plenitud de vivir felices para siempre con Cristo en el cielo, encontraremos dolores y sufrimientos”, dijo Mons. Márquez.

Pero ante estas realidades, el prelado presentó una promesa tranquilizadora:

“La promesa de Cristo no fue que no íbamos a sufrir, no fue que no habría terremotos, inundaciones ni tragedias naturales. En medio del dolor, prometió no abandonarnos. No estamos solos: ‘Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo’. Él nos promete su compañía en medio del dolor”, aseguró el obispo auxiliar.

El Señor “camina con nosotros en medio de nuestros dolores” y cumple su promesa “a través de su Iglesia, en medio de los que sufren”. Los sacramentos y la Palabra, continuó, nos confortan, nos sanan y transforman nuestros corazones “para seguir adelante”.

También nos regala el ejemplo y la intercesión de los santos “para no desanimarnos” y sentir que estamos acompañados. “Cuando uno tiene un dolor muy grande, cuando uno está en un sufrimiento profundo, la tragedia se vuelve peor cuando estamos solos y aislados”, dijo.

La esperanza cristiana por sobre la muerte y la tragedia

En las últimas semanas, las historias más dolorosas han llenado las redes sociales. Sin embargo, en su mayoría comparten un punto fundamental que Mons. Márquez resalta: la esperanza.

Venezolanos que agradecen a Dios por estar vivos, que en medio de un sufrimiento inimaginable aseguran que vivirán para honrar a sus familiares fallecidos y que lucharán incansablemente por encontrar el propósito por el que Dios les ha salvado.

“Si vivimos unidos a Cristo en el dolor, viviremos con Él para siempre en el Cielo. La última palabra no la tiene la muerte. La última palabra no la tiene este terremoto. La última palabra la tiene Dios, que es una palabra de vida, de felicidad y de alegría para siempre”, expresó.

Entonces, ¿qué nos toca a los venezolanos que quedamos? Mons. Márquez responde con claridad: seguir el ejemplo de San José Gregorio Hernández, de Santa Carmen Rendiles y de todos nuestros compatriotas santos. Afrontar las adversidades sin preguntarnos “por qué” y trabajar con resignación, aún con lágrimas en los ojos, para que el futuro sea mejor.

Mons. Carlos Márquez, obispo auxiliar de Caracas, acompañando a personas damnificadas después de los terremotos. | Crédito: Cortesía de Mons. Carlos Márquez

“El dolor es pasajero, la muerte no es definitiva. Unidos en la fe, la esperanza y la caridad, con nuestros ojos puestos en Cristo resucitado, caminamos unidos en comunión para vencer esta tragedia”, dijo Mons. Márquez.

“Venezuela es tierra de gracia, Venezuela es tierra de santos. Tenemos esperanza y nos vamos a levantar. Vamos a levantarnos del polvo de este terremoto”, añadió.

Por último, recordó las palabras que San Juan Pablo II pronunció desde el Teatro Teresa Carreño de Caracas, durante su segunda visita al país, el 10 de febrero de 1996:

“Venezolanos, aunque sean serias las dificultades e inmensos los desafíos, grande ha de ser vuestro empeño. Ante un presente con incertidumbres y un futuro con interrogantes, haced valer las propias capacidades con imaginación y sobre todo con generosidad, confiando en Dios: Dios ama al hombre”.

Hasta ahora, la cifra oficial de fallecidos tras los terremotos asciende a 4.829, mientras que los heridos y los damnificados se cuentan en decenas de miles. Si usted desea colaborar, puede hacerlo a través de los canales oficiales de Cáritas Venezuela.

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