Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIV - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: Santa María Goretti, virgen y mártir.
Antífona de entrada
Sal 47, 10-11
Oh, Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo; como tu nombre, oh, Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra. Tu diestra está llena de justicia.
Oración colecta
Oh, Dios, que en la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus fieles una santa alegría, para que disfruten del gozo eterno los que liberaste de la esclavitud del pecado. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Me desposaré contigo para siempre
Lectura de la profecía de
Oseas 2, 16.17b-18. 21-22
Esto dice el Señor: «Yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón.
Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto.
Aquel día – oráculo del Señor -, me llamarás “esposo mío”, y ya no me llamarás “mi amo”.
Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura, me desposaré contigo en fidelidad y conocerás al Señor».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
De repente, cuando escuchamos los textos del AT parecería presentarnos a un Dios diferente al que nos presentó Jesús en el Evangelio, pero no, es el mismo Dios misericordioso que se presenta en este texto de Oseas como un esposo celoso que ama con todo su corazón a su esposa y que por ello mismo no se da por vencido, y aun cuando ésta se ha desviado del amor, la "llevaré al desierto para seducirla", para hablarle de nuevo de amor.
Este es nuestro amoroso Dios que, a pesar de todas nuestras infidelidades, de todos nuestros pecados, nos ama hasta el punto de enviarnos a su propio Hijo para que, a través de Él, tengamos vida y la tengamos en abundancia; para que podamos establecer una relación de amor y confianza con el Dios todopoderoso que nos ha desposado y nos tiene preparada una casa maravillosa en la cual pasaremos con Él toda la eternidad.
No nos hagamos los remolones y dejémonos seducir por el tierno amor de nuestro Dios. Busquémoslo en la aurora de cada mañana y suspiremos por Él a lo largo de todo el día, para que en sus amorosas manos descansar por la noche. De una cosa estoy convencido, nada hará que nos deje de amar y de conducirnos hacia sí.
Salmo responsorial
Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9
R. El Señor es clemente y misericordioso.
- Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R.
- Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas. R.
- Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tu justicia. R.
- El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. 2 Tim 1, 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.
EVANGELIO
Mi hija acaba de morir,
pero ven tú y vivirá
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 9, 18-26
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y, al verla, le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: «¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Este Evangelio presenta dos situaciones extremas: una muerte y una enfermedad incurable. Dos formas distintas del límite humano y en ambas aparece un elemento común: la fe. El jefe de la sinagoga se acerca a Jesús cuando ya no hay nada que hacer por medios humanos. Su hija ha muerto y sin embargo, afirma que si Jesús va, vivirá. Es una fe, una confianza radical que rompe la lógica de lo evidente y lo natural.
La mujer, a diferencia del jefe de la sinagoga, no tiene prestigio ni voz, lleva doce años enferma, excluida, impura según la ley. No pide permiso, no hace un discurso, simplemente toca el manto, su fe silenciosa pero igual de real y profunda. Y Jesús no la deja en el anonimato, la llama hija, curándola también desde lo más íntimo de su corazón, por todo lo que había pasado.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que, Jesús siempre asocia la fe a la curación: ‘Tu fe te ha salvado’. Si analizamos el Evangelio, la fe siempre implica un acto: acercarse, tocar, pedir, exponerse. Sin ese paso no ocurre nada. Vaya, la fe no produce el milagro como causa mágica, sino que la fe abre al hombre, también manifestado en su actuar, a la acción real de Cristo, quien es el que salva.
Cuando Jesús dice que la niña no está muerta, sino dormida, la gente se ríe. Esa reacción sigue siendo actual, la lógica de Dios a veces suele parecer absurda desde los criterios puramente humanos, pero el punto es este, Cristo no niega la realidad, la supera y el gesto final de tomar la mano de la niña y ésta levantarse, es importantísimo, ya que este milagro no es solo un acto de compasión, es un anuncio.
La muerte no tendrá la última palabra, el Evangelio de hoy nos invita a revisar la calidad de nuestra fe, no si creemos en abstracto, sino si realmente confiamos en Cristo, cuando la situación es límite, cuando no hay soluciones humanas, cuando todo parece cerrado, cuando parece que ya no hay vida.
Antífona de comunión
Sal 33, 9
Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Colmados de tan grandes bienes, concédenos, Señor, alcanzar los dones de la salvación y no cesar nunca en tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor Dios, Padre de bondad, tú que has querido manifestarnos tu amor como el de un padre por su hijo, o de un esposo por su amada, te pedimos que nos ayudes a responderte con el mismo amor con que nos amas y, que ese amor, nos haga ser respetuosos con nuestros hermanos y solidarios con quienes sufren, para que merezcamos vivir contigo eternamente en el cielo.
Acción
Dedicaré al menos una acción concreta para mostrar mi amor de hermano a quienes sufren o tienen necesidad de ser aceptados y respetados.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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