Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XX.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: Bienaventurada Virgen María Reina.
Antífona de entrada
Cf. Sal 44,10
De pie, a tu derecha está la Reina, vestida de oro, rodeada de esplendor.
Oración colecta
Oh, Dios, que nos has entregado como Madre y como Reina a la Madre de tu Hijo, concédenos por tu bondad que, ayudados por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
La gloria del Señor entró en el templo
Lectura de la profecía de
Ezequiel 43, 1-7a
El ángel me condujo a la puerta oriental.
Vi la gloria del Dios de Israel que venía de Oriente, con un estruendo de aguas caudalosas. La tierra se iluminó con su Gloria.
Esta visión fue como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, y como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar.
Caí rostro en tierra.
La Gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental.
Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior.
La Gloria del Señor llenaba el templo.
Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras aquel hombre seguía de pie a mi lado, y me decía: «Hijo de hombre, este es el sitio de mi trono, el sitio donde apoyo mis pies y donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel».
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14
R. La gloria del Señor
habitará en nuestra tierra.
- Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
- La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R.
- El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 23, 9b.10b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo; y uno solo es vuestro maestro, el Mesías. R.
EVANGELIO
Ellos dicen, pero no hacen
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús está evidenciando la falta de consistencia entre lo que enseñan y lo que viven, por eso decimos que ser cristiano no es una tarea de memorizar solamente o de aprender una serie de ritos, sino que nuestra vida diaria sea un testimonio de nuestra fe, que las acciones y decisiones que llevamos a cabo, hablen de ella, hablen de que deseamos imitar al Señor.
Los fariseos en muchas ocasiones son confrontados por Jesús por llevar una vida que aparenta estar en comunión con Dios, pero que en realidad está muy alejada de la misericordia y el amor que el Señor quisiera que ejercieran.
Esto no es algo exclusivo de aquellos que están a cargo de llevar las riendas de la Iglesia, también nos aplica a cada uno de nosotros, a los padres de familia, siendo congruentes con su fe al educar y corregir a sus hijos, a todos al honrar a nuestro padre y nuestra madre y también al invitarnos a ser más como el buen samaritano que dejó a un lado sus actividades para atender al necesitado y no como el sacerdote y el levita, que se supone deberían ser muestra de la misericordia de Dios y pasaron de largo sin ayudar al necesitado.
Un gran ejemplo de lo que significa ejercer la misericordia nos lo dejó San Francisco de Asís, él escribió dentro de la regla que dejó a sus hermanos que debían vivir con alegría junto a los pobres, marginados y enfermos. Él mismo daba testimonio al inicio de su conversión, que le parecía extremadamente amargo ver a los leprosos y que el Señor le había conducido a ellos.
Todos tenemos la oportunidad de ejercer la misericordia todos los días, en medio de nuestras actividades: en el trabajo, en el camino, en la casa, con la familia, con los amigos, seguramente no se comparará con lo que hizo Francisco, pero en nuestros espacios tenemos esa gran oportunidad de ser misericordiosos, particularmente con aquellos con los que más nos cuesta trabajo.
Hacer eso, también tiene que ver con el mandato del Señor que nos dijo ‘si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’.
Hoy hagamos nuestro egoísmo a un lado y observemos más a los que están a nuestro alrededor, en el nombre de Jesús, regalemos un saludo, un abrazo, nuestro tiempo a alguien que necesita que lo escuchen, el perdón a quien nos ofende. El Señor te envía para que seas samaritano en estos tiempos.
Antífona de comunión
Cf. Lc 1, 45
Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Después de recibir este sacramento del cielo, te suplicamos humildemente, Señor, que cuantos hemos celebrado la memoria de santa María Virgen merezcamos participar en el banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)