Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIX.
Color del día: Blanco.
Solemnidad: Asunción de la bienaventurada Virgen María.
Antífona de entrada
Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de la Virgen María; de su Asunción se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a la gloria del cielo a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos que, aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Una mujer vestida del sol,
y la luna bajo sus pies
Lectura del libro del Apocalipsis
11, 19a; 12, 1-6a. 10ab
Se abrió en el cielo el santuario de Dios, y apareció en su santuario el arca de su alianza.
Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz.
Y apareció otro signo en el cielo: un gran dragón rojo que tiene siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas, y su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.
Y el dragón se puso en pie ante la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando lo diera a luz.
Y dio a luz un hijo varón, el que ha de pastorear a todas las naciones con vara de hierro, y fue arrebatado su hijo junto a Dios y junto a su trono; y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios.
Y oí una gran voz en el cielo que decía: «Ahora se ha establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En esta solemnidad de la Asunción, la liturgia nos invita a contemplar las maravillas extraordinarias que Dios quiere realizar en nosotros, las mismas que ya obró en la Virgen María.
El Apocalipsis nos presenta una escena simbólica que anuncia la llegada de los tiempos definitivos de la salvación y la derrota del mal.
La mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies, es imagen de la Iglesia, llamada a engendrar al Mesías en cada creyente.
Sin embargo, la liturgia nos propone también una lectura mariana: esa mujer que da a luz al Hijo es figura de María, Madre del Mesías y prototipo de lo que Dios realiza en cada uno de los creyentes.
Ella es signo de esperanza y garantía de la victoria de Dios en medio de las luchas de la historia.
Para reflexionar: ¿Reconozco la presencia activa de Dios en medio de las luchas de la historia? ¿Contemplo a María como signo de esperanza para la Iglesia y para mi vida?
ORACIÓN: Señor, que, sostenidos por tu gracia y protegidos por la intercesión de la Virgen Santísima, sepamos confiar plenamente en tu poder. Amén.
Salmo responsorial
Sal 44, 10. 11. 12. 16
R. De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.
- Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir. R.
- Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna. R.
- Prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor. R.
- Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real. R.
SEGUNDA LECTURA
Primero Cristo, como primicia;
después todos los que son de Cristo
Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 15, 20-27a
Hermanos:
Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después el final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque lo ha sometido todo bajo sus pies.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
Los cristianos de Corinto, influenciados por corrientes filosóficas que no valoraban suficientemente el cuerpo, tenían dificultad para aceptar la resurrección. El Apóstol responde a estas dudas con dos imágenes: la primicia y el nuevo Adán.
En primer lugar, recuerda que los primeros frutos de una cosecha son anuncio de la abundancia que vendrá. Así, la Pascua del Señor es la primicia del triunfo que ya ha comenzado en nuestra historia.
Jesucristo asumió nuestra condición humana para que su victoria fuera también el triunfo de todos los que creen en Él. Por eso se le presenta como el nuevo Adán: así como el primero nos heredó la muerte por el pecado, Cristo nos ha asociado a su victoria sobre la muerte.
La Asunción de María aparece como un eslabón más de esa redención que se expande. Lo que celebramos en Ella es anticipo de la obra maravillosa que Dios está realizando en cada uno de nosotros.
María es signo de esperanza, pues al ser llevada al cielo confirma que nuestra condición humana tiene un lugar en la eternidad.
Para reflexionar: ¿Vivo con la certeza de que Cristo ha resucitado y ha vencido definitivamente a la muerte? ¿Me siento verdaderamente unido a Cristo, primicia de la resurrección?
ORACIÓN: Señor, afianza nuestra fe en la resurrección, sostén nuestra esperanza y haznos testigos valientes de tu Reino. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
María ha sido asunta al cielo, se alegra el ejército de los ángeles. R.
EVANGELIO
El Poderoso ha hecho obras grandes
en mí: enaltece a los humildes
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
La visitación nos muestra el desahogo espiritual de María tras lo vivido en Nazaret. El Magnificat es un canto dirigido a Dios y sobre Dios, expresión de gratitud y alabanza por su acción en la historia.
Aunque algunos intérpretes han señalado paralelismos con el cántico de Ana, la tradición lo ha conservado como propio de María, respuesta gozosa a la bendición pronunciada por Isabel.
Este himno puede leerse en cuatro estrofas, con temas profundamente teológicos y espirituales, impregnados de sabor bíblico.
En él se actualiza la intervención de Dios en la humanidad por medio de María, quien acepta con fe el proyecto salvífico y se entrega plenamente: su seno, su maternidad, su amor, su persona.
Lucas nos presenta a una joven enamorada de Dios, cuya fuerza radica en su confianza y disponibilidad total.
Para reflexionar: ¿Vivo mi fe con la prontitud, disponibilidad y alegría de María, o me dejo vencer por la comodidad y la indiferencia? ¿Reconozco las maravillas que Dios realiza en mi vida y las proclamo con gratitud y alabanza?
ORACIÓN: Señor, enséñanos a creer sin reservas y a servir con prontitud, como María. Amén.
Antífona de comunión
Lc 1, 48-49
Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí.
Oración después de la comunión
Después de recibir los sacramentos que nos salvan, te rogamos, Señor, por intercesión de la bienaventurada Virgen María, elevada al cielo, llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Síntesis
Al celebrar la Solemnidad de la Asunción de María, la contemplamos con profundo gozo como una gran señal, tal como nos lo recuerda la primera lectura.
Ella es la mujer a quien todas las generaciones llamarán dichosa, y nos enseña con su vida que, cuando se recibe un gran don, la mejor manera de acogerlo es ponerse en camino para servir a los demás.
Fuentes:
La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
.jpg)


