Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXI.
Color del día: Verde.
Devocional:
Antífona de entrada
Sal 85, 1-3
Inclina tu oído, Señor, escúchame. Salva a tu siervo que confía en ti. Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día.
Oración colecta
Oh, Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar lo que prescribes y esperar lo que prometes, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros ánimos se me afirmen allí donde están los gozos verdaderos. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Pongo sobre sus hombros
la llave del palacio de David
Lectura del libro de
Isaías 22, 19-23
Esto dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: «Te echaré de tu puesto, te destituirán de tu cargo.
Aquel día llamaré a mi siervo, a Eliaquín, hijo de Esquías, le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá.
Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará; cerrará y nadie abrirá.
Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro, será un trono de gloria para la estirpe de su padre».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Para comprender bien este pasaje, conviene retroceder unos versículos. Sobná, mayordomo del palacio en tiempos del rey Ezequías, era un extranjero cuya política se inclinaba hacia Egipto. Se oponía a las orientaciones de Eliaquím y a los consejos del profeta.
Era un hombre arrogante, que buscaba engrandecerse a sí mismo y quería construirse un sepulcro en lo alto para ser visto y recordado siempre. Y ciertamente será recordado, pero por su incompetencia e ineptitud: fue arrojado de un golpe, derribado de su sitial y destituido de su cargo. Es lo propio de quienes aparentan grandeza, pero no son más que humo: al final terminan derrotados, aunque al principio deslumbren.
En su lugar será puesto Eliaquím. A él se le entregarán los poderes que Sobná ejercía de manera corrupta. Será como una estaca firme (cf. Is 22,23). Se le darán las llaves del palacio y su trono permanecerá. Su autoridad no se basará en la dureza, sino en la ternura de un padre hacia su hijo.
Este texto deja claro que es Dios quien elige: Él destituye a los soberbios y encumbra a los humildes, que no buscan me postularse a sí mismos, sino que dejan que sus obras y su fidelidad hablen por ellos.
Leído en clave cristológica, el verdadero mayordomo de la casa del Padre es Cristo, el Señor. Él es quien abre y nadie cierra, y quien cierra y nadie abre. Aunque confía su misión a hombres para prolongar su obra en el tiempo, la autoridad pertenece únicamente a Él.
Para reflexionar: ¿Con quién me identifico más, con Sobná o con Eliaquím? ¿Por qué?
ORACIÓN: Hazme, Señor, descubrir el verdadero valor de la autoridad y no permitas que mi corazón se apegue al poder de manera enfermiza. Amén.
Salmo responsorial
Sal 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc
R. Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
- Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario. R.
- Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.
- El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.
SEGUNDA LECTURA
De él, por él y para él existe todo
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 11, 33-36
¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?
Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
Pablo se sorprende de cómo Israel se ha endurecido frente a la propuesta amorosa y al cumplimiento de las promesas en el Evangelio.
Es un misterio que solo Dios puede revelar: cómo la desobediencia de unos condujo a la obediencia de otros, y cómo los que ahora son objeto de la misericordia de Dios hacen que quienes antes obedecieron se encuentren ahora lejos de Él.
Sin embargo, Pablo me constata que Dios encerró a todos en la desobediencia para tener misericordia de todos. Tanto unos como otros son beneficiarios de su gracia. Esto invita a una mirada confiada hacia el futuro: Dios quiere ofrecer su salvación a todos, incluso a quienes se rebelan, porque en el fondo desconocen lo que rechazan.
Con preguntas retóricas, Pablo reconoce que la única respuesta posible ante el desconcertante actuar de Dios y nuestras respuestas ambivalentes es la admiración y la alabanza. Dios es siempre el misterio que más íntimamente nos invade, pero también el que más nos sobrepasa.
Para reflexionar: ¿De qué situaciones que parecían perdidas he podido constatar que era posible un cambio positivo y una mejora? Ante la inmensidad de Dios, ¿me admiro con reverencia y me inclino a la alabanza?
ORACIÓN: ¡Qué profunda y llena de riqueza es tu sabiduría, oh Dios! ¡Qué insondables son tus designios y qué incomprensibles tus caminos! Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 16, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. R.
EVANGELIO
Tú eres Pedro, y te daré
las llaves del reino de los cielos
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Este texto es profundo y denso, pues trata de la identidad de Jesús, a partir de la experiencia vivida por la comunidad primitiva.
En la región de Cesarea de Filipo, Jesús pregunta qué dice la gente sobre el Hijo del hombre. Los discípulos responden con lo que han escuchado. Pero Jesús no se conforma con lo que otros opinan: quiere que ellos, que lo han visto actuar, expresen su propio criterio sobre su identidad. Entonces Pedro toma la palabra y declara: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”.
El papa Francisco, comentando este pasaje, recuerda que esta respuesta es impecable, fruto de un camino, pero advierte que no basta una fórmula doctrinal: solo siguiendo al Señor aprendemos a conocerlo y a ser verdaderos discípulos.
Jesús felicita a Pedro por la inspiración recibida, pero esa confesión será un camino que Pedro y toda la Iglesia deberán profundizar a lo largo del tiempo, sin agotarlo jamás. Que Jesús sea el “ungido” significa que Él es quien reúne lo disperso, da al templo su verdadero sentido, derrota a los enemigos y une la humanidad con la divinidad.
Nunca agotaremos el misterio de lo que esto implica, pero estamos llamados a vivirlo y a confesarlo como fundamento de la fe de la Iglesia, cuyo garante es Pedro y sus sucesores, hasta que un día lo contemplemos plenamente.
Para reflexionar: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Me abro al misterio de su persona o me me conformo con saber algunas cosas sobre Él?
ORACIÓN: Tú, Señor, eres el Mesías, el Salvador, el Esperado de todos los tiempos. Amén.
Antífona de comunión
Cf. Sal 103, 13-15
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor, para sacar pan de los campos y vino que alegre el corazón del hombre.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que realices plenamente en nosotros el auxilio de tu misericordia, y haz que seamos tales y actuemos de tal modo que en todo podamos agradarte. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Síntesis
La responsabilidad de Pedro frente a la comunidad no es un privilegio ni un honor humano, sino un testimonio sobre la más profunda identidad de Jesucristo, el Hijo de Dios vivo.
Todos los cristianos nos apoyamos en la fe que brota de la confesión sobre quién es Jesús, pronunciada por inspiración divina en labios del apóstol Pedro y mantenida inalterada a lo largo de los siglos, porque ningún poder podrá prevalecer contra ella.
Aferrarnos a esta confesión de fe significa que, en medio de las inestabilidades de la vida, sabemos colocar nuestra esperanza allí donde se encuentra la verdadera alegría.
Fuentes:
La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).



