Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVIII - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 69, 2. 6
Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme. Que tú eres mi auxilio y mi liberación. Señor, no tardes.
Oración colecta
Atiende, Señor, a tus siervos y derrama tu bondad imperecedera sobre los que te suplican, para que renueves lo que creaste y conserves lo renovado en estos que te alaban como autor y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Con amor eterno te amé
Lectura del libro de
Jeremías 31, 1-7
En aquel tiempo – oráculo del Señor -, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.
Esto dice el Señor: «Encontró mi favor en el desierto el pueblo que escapó de la espada. Israel camina a su descanso.
El Señor se le apareció de lejos: Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia para contigo.
Te construiré, serás reconstruida, doncella capital de Israel; volverás a llevar tus adornos, bailarás entre corros de fiesta.
Volverás a plantar viñas allá por los montes de Samaria; las plantarán y vendimiarán.
«Es de día», gritarán los centinelas arriba, en la montaña de Efraín: «En marcha, vayamos a Sión, donde está el Señor nuestro Dios»».
Porque esto dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: ¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Estas palabras deben haber sonado como trompetas de triunfo para aquel pueblo desterrado; eran palabras de esperanza: de esperanza en el Dios de la misericordia, en el Dios que por amor, no se acuerda más de nuestros pecados, pues los ha sepultado en el mar.
Este es nuestro Dios, este es el Dios que nos ha perdonado en Cristo a todos aquellos que, como dice san Pablo, en otro tiempo habíamos vivido en el error, llenos de odio y seducidos por nuestras pasiones.
Es por ello que el pueblo de Dios no deja de alabar y de bendecir a Aquel que, en su amor, cumple su promesa de amor y nos ofrece la vida a través de la preciosa sangre de su Hijo amado.
Por su gran amor, nos ha prometido, como lo hizo en su momento con el pueblo de Israel, llevarnos a vivir eternamente al cielo en donde ya no habrá más llanto ni más dolor, en donde podremos contemplar su gloria y extasiarnos con su gracia.
Alegrémonos hermanos, pero al mismo tiempo, no olvidemos que, si bien la misericordia de Dios es eterna y no se olvida de sus promesas, nosotros debemos mantener nuestra fidelidad a la Alianza sellada con la sangre del Cordero.
Salmo responsorial
Jer 31. 10-13
R. El Señor nos guardará
como un pastor a su rebaño.
- Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño». R.
- «Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte». Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R.
- Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. R.
EVANGELIO
Mujer, qué grande es tu fe
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó: «Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame».
Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Hermanos, el Evangelio de hoy puede parecernos desconcertante, una mujer cananea le suplica a Jesús que cure a su hija y en un primer momento, Él guarda silencio; después parece rechazarla. Sin embargo, el silencio de Jesús no es indiferencia, es el camino por el que hace brillar la profundidad de la fe de aquella mujer.
Ella no se ofende, no abandona la esperanza ni exige derechos, persevera. Y cuando Jesús le dice que no está bien quitar el pan de los hijos para dárselo a los perritos, responde con una humildad admirable.
Entonces Jesús pronuncia una de las alabanzas más grandes que aparecen en el Evangelio: ‘¡Mujer, qué grande es tu fe! Y en ese momento su hija quedó curada’. La fe auténtica no consiste en obtener siempre una respuesta inmediata de Dios, muchas veces pasa por el silencio, por la espera, por la perseverancia. Dios no siempre responde cuando nosotros queremos, pero nunca deja de escuchar.
En ocasiones, el aparente silencio de Dios purifica nuestra confianza y nos enseña a buscarlo por Él mismo, no solo por sus dones. San Agustín decía: “Dios difiere conceder lo que pides para ensanchar tu deseo, al ensanchar tu deseo, hace más capaz tu corazón”. Es decir, Dios no retrasa su gracia para alejarnos, sino para prepararnos a recibirla de una manera más profunda.
También este Evangelio rompe las barreras, la mujer era extranjera y pagana, pero su fe le abrió las puertas del Reino. Con ello, Jesús manifiesta que la salvación está destinada a todos los pueblos y que nadie queda excluido cuando se acerca a Él con un corazón humilde.
Hoy preguntémonos, cuando Dios parece guardar silencio ¿abandono la oración o persevero? La mujer cananea nos enseña que la fe verdadera no se rinde, quien sigue llamando a la puerta de Cristo con humildad y confianza, tarde o temprano descubrirá que el Señor siempre responde, porque su misericordia es más grande que cualquier necesidad.
Antífona de comunión
Cf. Sab 16, 20
Señor, nos diste el pan del cielo, lleno de toda delicia y grato a cualquier gusto.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
A quienes has renovado con el don del cielo, acompáñalos siempre con tu auxilio, Señor, y, ya que no cesas de reconfortarlos, haz que sean dignos de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Te agradezco, Señor, porque al mirar mi vida en retrospectiva puedo darme cuenta de que siempre cumples tus promesas y no me olvidas a pesar de mis infidelidades y tropiezos. Señor, dame tu gracia para cada día serte más fiel.
Acción
Hoy le hablaré a alguien que no conozca bien al Señor, de lo agradecido que estoy con él por lo que ha hecho en mi vida.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
