Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XX - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 83, 10-11
Fíjate, oh, Dios, escudo nuestro; mira el rostro de tu Ungido, porque vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.
Oración colecta
Oh, Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde la ternura de tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Eres hombre y no dios; pusiste tu
corazón como el corazón de Dios
Lectura de la profecía de
Ezequiel 28, 1-10
Me fue dirigida esta palabra del Señor: «Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios: Se enalteció tu corazón, y dijiste: “Soy un dios y estoy sentado en el trono de los dioses en el corazón del mar”.
Tú que eres hombre y no dios, pusiste tu corazón como el corazón de Dios.
Te dijiste: “¡Si eres más sabio que Daniel, ningún enigma se te resiste!
Con tu sabiduría e inteligencia, te has hecho una fortuna; acumulaste tesoros de oro y plata”.
Con gran habilidad para el comercio acrecentaste tu fortuna; y por tu fortuna te llenaste de presunción.
Por ello, así dice el Señor Dios: “Por haber puesto tu corazón como el corazón de Dios, por eso, haré venir contra extranjeros los más feroces de entre los pueblos.
Desenvainarán sus espadas contra tu brillante sabiduría y profanarán tu belleza.
Te hundirán en la fosa, y perecerás de muerte violenta en el corazón del mar.
¿Podrás seguir diciendo delante de tus verdugos: ‘Soy un dios’? Serás un hombre, y no un dios, en mano de los que te apuñalen?
Morirás con muerte de incircunciso, a manos de gentes extrañas.
Porque lo he dicho yo.» – oráculo del Señor -».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Ciertamente el principio del fin de un buen hombre es la soberbia. Son tantos los hombres que antes de tener fortuna y poder eran verdaderos amigos de Dios, pero el poder y la fortuna los enfermaron y terminaron por destruirlos. Es la trampa favorita del Demonio: darnos para que, con eso mismo que nos dio, cavar nuestra tumba.
La humildad y la renuncia voluntaria es el mejor don que podemos cultivar. María Santísima es grande porque ella misma se considera "sierva". Para ella, el ser la "Madre del Mesías" no es un privilegio sino un compromiso que la lleva a dejar su casa de Nazaret para llevar esta noticia a su prima Isabel.
El ser la madre del Señor la hace ser más humilde y es por ello que Dios la exalta. Con gran razón escribe san Pablo acerca de Cristo que se "humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz y por eso Dios le dio el nombre que está sobre todo nombre".
Vemos, pues, que el tener honor, grandeza e incluso riqueza, no es algo que en sí mismo esté mal, cuando éstos nos vienen dados por Dios, porque, recibidos con humildad, se convertirán en dones para el servicio.
Pero cuando, como el rey de Tiro, los tomamos por nuestra propia mano, habremos sido ya mordidos por la serpiente venenosa y, a no ser que nos arrepintamos y caigamos de rodillas ante Dios, habremos cavado nuestra propia tumba. Cuídate mucho tu ambición.
Salmo responsorial
Dt 32, 26-36
R. Yo doy la muerte y la vida.
- Me dije: «Los aniquilaría, y borraría su memoria entre los hombres» Si no temiese las burlas del enemigo y la mala interpretación del adversario. R.
- No sea que digan: «Nuestra mano ha vencido, no es el Señor quien ha hecho todo esto». Porque es gente que ha perdido el juicio, y que carece de inteligencia R.
- ¿Cómo puede uno perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil, si no fuera porque los ha vendido su Roca y el Señor los ha entregado? R.
- El día de su ruina se acerca, y se precipita su destino. El Señor justicia a su pueblo y tendrá piedad de sus siervos. R.
Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 8, 9
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza. R.
EVANGELIO
Más fácil le es a un camello entrar
por el ojo de una aguja, que a un
rico entrar en el reino de los cielos
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.
Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Este Evangelio empieza con una frase que puede incomodar, ciertamente que quien tiene tantas cosas materiales puede ser que piense que no necesita de Dios para ser feliz, porque no le hace falta nada. Muy probablemente, algunos de nosotros conozcamos a alguien así.
Ante el asombro de los discípulos, el Señor abre una puerta a la esperanza, al recordarnos que aunque para los hombres pueda ser imposible, para Dios todo es posible.
Hoy Jesús nos invita a revisar si tenemos conciencia de dónde tenemos puesta nuestra seguridad y si realmente pudiéramos ser capaces de confiar plenamente en su providencia, porque Él nos promete que todo aquel que deje algo por su nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
Nos quiere hacer un llamado a reordenar nuestras prioridades y desapegarnos de aquello que nos ata, a cuidarnos de no convertir el dinero, el éxito profesional o el reconocimiento en el centro de nuestra vida; a ser generosos con nuestros recursos y nuestro tiempo, entendiendo que el trabajo es también un medio para servir y honrar a Dios.
En la parte familiar, la promesa del ciento por uno se vuelve muy concreta, muchas veces el cansancio del día o las preocupaciones económicas nos hacen descuidar la atención en el hogar a nuestros seres queridos.
Dejar cosas por Jesús en la familia significa vencer la pereza para jugar con los hijos, regalar tiempo de calidad a la pareja o atender con paciencia a un familiar enfermo, sabiendo que ese tiempo que a veces lo consideramos perdido, cuando lo hacemos por amor, se convierte en la mejor inversión de nuestra vida.
San Francisco de Asís explicaba esto diciendo, no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita para ser feliz. Cuando el corazón está lleno de riquezas materiales o de orgullo propio, no queda espacio para que entre la gracia de Dios. Preguntémonos hoy ¿en qué tenemos puesta nuestra confianza?
Una buena manera de saberlo es revisar qué tan capaces somos para practicar el desapego a las cosas. Busquemos la ocasión para compartir algo que valoramos mucho, eso que nos costaría mucho perder; ceder cuando alguien tiene la razón o que no piensa como yo, a compartir tiempo con quien más lo necesite, dejar el lugar en la fila del banco.
Y todo esto sin esperar nada a cambio, porque al final el que se guarda la vida para sí mismo la pierde, pero el que la comparte con generosidad descubre que Dios multiplica su alegría al ciento por uno.
Antífona de comunión
Sal 129, 7
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Después de haber participado de Cristo por estos sacramentos, imploramos humildemente tu misericordia, Señor, para que, configurados en la tierra a su imagen, merezcamos participar de su gloria en el cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración
Señor, tú sabes que estoy dañado por el pecado original y que sin tu ayuda mis pasiones, sobre todo la soberbia, me consumen. Dame tu gracia para saber renunciar a lo superfluo, ayúdame a humillarme y a reconocer que todo lo que tengo viene de ti, de tu inmenso amor.
Humíllame para permanecer simple y sencillo ante ti y ante los demás. No permitas que jamás me enorgullezca de los dones, gracias y bienes que de ti he recibido. No me sueltes de tu mano, Señor.
Acción
Este día buscaré realizar en mi casa los trabajos más humildes, aquellos que siempre me han disgustado y los haré por amor al Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
