Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVI.
Color del día: Blanco.
Antífona de entrada
Sal 102, 20
Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra.
Monición
Hoy es la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
Miguel, fuerte protector de la Iglesia frente al mal; Gabriel, mensajero de Dios que anunció a María y al mundo la inauguración de los tiempos mesiánicos; Rafael, medicina de Dios, compañero de ruta de la Iglesia que peregrina todavía por este mundo.
Ellos sirven a Dios día y noche, y, contemplando su rostro, lo glorifican sin cesar.
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración colecta
Oh, Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y de los hombres, concédenos, por tu bondad, que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Miles y miles lo servían
Lectura de la profecía de
Daniel 7, 9-10. 13-14
Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él.
Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes.
Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.
Su poder es un poder eterno, no cesará.
Su reino no acabará.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La liturgia nos sugiere este hermoso trozo del AT, en el cual Daniel, profetiza lo que años después los apóstoles verán con sus propios ojos.
Quisiera que centráramos nuestra reflexión, no sólo en el contenido de la visión, que como sabemos, está referida a Cristo, sino en la manera cómo Dios se revela a nuestro corazón cuando oramos.
Es difícil aceptar que hoy en día tengamos tan pocos "místicos", es decir, hombres y mujeres de oración profunda, hombres y mujeres que son capaces de entrar en una relación íntima y personal con Dios. Nuestro mundo, lleno de actividades y de ruido, nos ha ido apartando de esta oración.
Para muchos, orar significa rezar unas cuantas oraciones mientras se va a toda prisa al trabajo, mientras se hace fila en una dependencia pública; finalmente, decir, medio dormido, algunas jaculatorias antes de acostarnos.
Se nos olvida que para orar, para poder llegar a tener una relación íntima con Dios, necesitamos tiempo. Necesitamos dedicar un tiempo sólo para Dios. Un tiempo en el que, en compañía de nuestra Biblia, con los ojos cerrados, podamos centrar nuestra atención en Dios.
No dejes que tus actividades te atropellen, date tiempo para orar, dale tiempo a Dios.
Salmo responsorial
Sal 137, 1-2a. 2b-3. 4-5. 7c-8
R. Delante de los ángeles
tañeré para ti, Señor.
- Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario. R.
- Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad; porque tu promesa supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.
- Que ten den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.
Aclamación antes del Evangelio
Sal 102, 21
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos servidores que cumplís sus deseos. R.
EVANGELIO
Tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el Rey de Israel
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 1, 47-51
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?».
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Este día la Iglesia celebra con alegría la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Es un día muy especial para recordar la presencia constante de los mensajeros y protectores de Dios en nuestras vidas. Miguel, que defiende la verdad y la justicia, Gabriel que anuncia las grandes noticias de salvación y Rafael que acompaña e imparte la medicina divina para sanar nuestras heridas.
Y el Evangelio de hoy se conecta de forma especial de alguna manera con esta celebración. Jesús ve venir a Natanael y dice de él: ‘Ahí tienen a un verdadero israelita en quien no hay engaño’.
Ante la sorpresa de Natanael, el Señor le revela que ya lo conocía desde antes, cuando estaba debajo de la higuera. Y ante el asombro y su respuesta de fe, Jesús le promete algo mayor, ver el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.
Jesús nos conoce a fondo, sabe lo que vivimos en nuestros momentos de intimidad, en nuestras higueras silenciosas, donde nadie nos ve y nos llama a vivir sin dobles caras, con un corazón limpio y auténtico.
La sinceridad y transparencia de Natanael, un hombre sin doblez, se debe entender como una invitación a que seamos personas íntegras; Dios nos llama a ser personas de una sola pieza y se nota cuando en nuestras conversaciones no usamos la doble intención, el doble sentido, cuando no fingimos actitudes solo para quedar bien y no cambiamos de postura según nos convenga.
Vivir viendo el cielo abierto significa también recordar que Dios no está lejano, sus ángeles y su gracia nos acompañan en las tareas más sencillas, transformando lo ordinario en un lugar de encuentro con Él.
El Papa Juan Pablo II explicó que las palabras finales de Jesús a Natanael confirman el papel de los ángeles en la historia de la salvación; dijo, los ángeles ponen en comunicación permanente nuestro mundo con Dios. Gracias al Hijo del Hombre, la distancia entre el cielo y la tierra se ha cerrado.
Vivamos con absoluta transparencia y paz, recordemos que ante Dios no necesitamos aparentar nada, porque Él nos conoce, nos ama y nos cuida en todo momento. Actuemos siempre con la honestidad de un corazón sin engaño, encomendémonos a la protección de los santos Arcángeles y seamos un reflejo de la verdad y la luz de Cristo para quienes nos rodean.
Antífona de comunión
Sal 137, 1
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, delante de los ángeles tañeré para ti.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Alimentados con el pan del cielo, te pedimos humildemente, Señor, que, sostenidos por su fuerza, avancemos con valentía por la senda de la salvación bajo la fiel custodia de tus ángeles. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, reconozco que, en muchas ocasiones, el único momento que dedico a la oración son estas líneas que leo y que, desafortunadamente también, no las leo todos los días. Si tú me das veinticuatro horas cada día, cómo no devolverte al menos una cada mañana.
Acción
Hoy iniciaré un camino de oración en el que, cada día, vaya incrementando el tiempo de oración, hasta que un día pueda llegar a decir: Señor, ¡qué bien estamos aquí!
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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