Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 28 de setiembre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVI - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42

Cuanto has hecho con nosotros, Señor, es un castigo merecido, porque hemos pecado contra ti y no hemos obedecido tus mandamientos; pero da gloria a tu nombre y trátanos según tu gran misericordia.

Oración colecta

Oh, Dios, que manifiestas tu poder sobre todo con el perdón y la misericordia, aumenta en nosotros tu gracia, para que, aspirando a tus promesas, nos hagas participar de los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó;
bendito sea el nombre del Señor

Lectura del libro de Job 1, 6-22

Un día los hijos de Dios se presentaron ante el Señor; entre ellos apareció también Satán.

El Señor le preguntó a Satán: «¿De dónde vienes?».

Satán respondió al Señor: «De dar vueltas por la tierra; de andar por ella».

El Señor añadió: «¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y vive apartado del mal».

Satán contestó al Señor: «¿Y crees que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado tú mismo una valla en torno a él, su hogar y todo lo suyo? Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se extienden por el país. Extiende tu mano y daña sus bienes y ya verás cómo te maldice en la cara».

El Señor respondió a Satán: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques».

Satán abandonó la presencia del Señor.

Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job con esta noticia: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo».

No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia:

«Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido a las ovejas y a los pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo».

No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia: «Una banda de caldeos, divididos en tres grupos, se ha echado sobre los camellos y se los han llevado, después de apuñalar a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo».

No había acabado de hablar, cuando llegó otro con esta noticia: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó sobre los jóvenes y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo».

Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor».

A pesar de todo, Job no pecó ni protestó contra Dios.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Después de algún descalabro que hayamos recibido en nuestra economía; la guerra y la guerrilla que proliferan en diversas partes del mundo y de nuestro mismo país; las situaciones de injusticia que viven muchos hermanos, en fin el ver que, a pesar de nuestras insistentes oraciones y nuestra vida de rectitud con Dios, muchas veces nos ha mantenido, o incluso nos mantiene en una situación precaria, nos podrían llevar a renegar de Dios, a dudar de su existencia o incluso a buscar "otros caminos" de solución al margen de Dios.

La lectura de hoy nos abre de nuevo al horizonte de la fe: A PESAR DE TODO, TE AMO SEÑOR; A PESAR DE TODO CREO EN TI.

La historia de hoy, introducción al libro, es una verdadera invitación a reconocer que Dios puede tener un proyecto totalmente distinto para nosotros y para nuestra vida. Esto de ninguna manera quiere decir que sea fácil de aceptar o de entender, sin embargo, es ahí, en medio de nuestros problemas, en donde Dios actuará y nos instruirá.

No dejes que tus problemas y adversidades cambien tu idea de Dios, él te ama y te amará siempre.

Salmo responsorial
Sal 16, 1. 2-3. 6-7

R. Inclina el oído y escucha mis palabras.
  • Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R.
  • Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí. R.
  • Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mc 10, 45

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por muchos. R.

EVANGELIO
El más pequeño de vosotros
es el más importante

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.

Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».

Entonces Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».

Jesús le respondió: «No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Muy queridos hermanos, el Evangelio que acabamos de escuchar nos presenta una pregunta que sigue siendo muy actual: ‘¿quién es el más grande?’ Los discípulos discutían sobre quién ocupaba el primer lugar. 

También nosotros podemos caer en esa tentación, querer ser reconocidos, tener la razón, ocupar un lugar importante o sentir que nuestro trabajo vale más que el de los demás. Incluso en nuestro servicio pastoral podemos comenzar sirviendo a Dios y terminar buscando nuestro propio reconocimiento.

Jesús conoce el corazón de sus discípulos y coloca a un niño junto a Él, después les dice: ‘El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande’. Para Jesús, la verdadera grandeza no consiste en estar por encima de los demás, sino en hacerse pequeño para servir. El niño representa al que no tiene poder, prestigio ni reconocimiento; recibirlo es recibir al mismo Cristo. 

Por eso, la medida de nuestra grandeza cristiana no es cuánto hacemos, cuánto sabemos o cuánto reconocimiento recibimos, sino cuánto amamos y cuánto estamos dispuestos a servir.

Esta Palabra nos invita a preguntarnos con sinceridad: ¿para quién estoy sirviendo? ¿Busco verdaderamente a Cristo o busco también que los demás reconozcan lo que hago? ¿Soy capaz de ocupar un segundo lugar? ¿Puedo alegrarme cuando otro hace el bien, aunque no lo haga conmigo?

Después, Juan le dice a Jesús que encontraron a alguien expulsando demonios en su nombre y trataron de impedírselo porque ‘no andaba con nosotros’. Los discípulos habían comenzado a pensar que el Reino de Dios pertenecía exclusivamente a su grupo. Jesús los corrige: ‘No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes’.

Hermanos, el Señor nos llama a vencer los celos, las comparaciones y el protagonismo; el bien no pierde valor porque otro lo haga, al contrario, debemos alegrarnos cuando Dios realiza su obra a través de otras personas.

Te invito a que esta semana hagamos tres cosas concretas: realicemos un servicio oculto, sin buscar reconocimiento; cedamos el primer lugar, escuchando al otro sin querer imponer siempre nuestra opinión; y reconozcamos sinceramente el bien que hace otra persona.

Al terminar cada día, preguntémonos delante del Señor: «Jesús, ¿hoy busqué ser el más grande o busqué hacerme pequeño para servir?» Que esta Palabra no se quede solamente en nuestros oídos, sino que se convierta en una decisión concreta de nuestra vida.

Antífona de comunión
Cf. Sal 118, 49-50

Recuerda la palabra que diste a tu siervo, Señor, de la que hiciste mi esperanza; este es mi consuelo en la aflicción.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, que el sacramento del cielo renueve nuestro cuerpo y espíritu, para que seamos coherederos en la gloria de aquel cuya muerte hemos anunciado y compartido. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración

Señor Dios y Padre de bondad que nunca desoyes las oraciones de tus hijos y nos muestras tu amor incondicional a lo largo de nuestra vida, ayúdanos a renovar nuestra confianza en ti y vivir en la fidelidad a tu Palabra, para conservarnos en tu amor y tu alabanza.

Acción

Haré unos minutos de oración en medio de las dificultades de mi vida, para decirle a Dios que en medio de la oscuridad, su luz siempre ilumina mi vida.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).