Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVI.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: Santa Teresa del Niño Jesús (Teresita de Lisieux), virgen y doctora de la Iglesia.
Antífona de entrada
Cf. Dt 32, 10. 11. 12
El Señor la rodeó cuidando de ella, la guardó como a las niñas de sus ojos, como el águila extendió sus alas, la tomó y la llevó sobre sus plumas. El Señor solo la condujo.
Oración colecta
Oh, Dios, que preparas tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús para que, por su intercesión, nos sea revelada tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Yo sé que mi redentor vive
Lectura del libro de Job 19, 21-27
Dijo Job: «¡Piedad, piedad de mi, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios!
¿Por qué me perseguís como Dios y no os hartáis de escarnecerme?
¡Ojalá se escribieran mis palabras!
¡Ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y con plomo se escribieran para siempre en la roca!
Yo sé que mi redentor vive y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios.
Yo mismo lo veré, y no otro; mis propios ojos lo verán.
¡Tal ansia me consume por dentro!».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La esperanza de Job no es otra que la que nosotros los cristianos tenemos: "Llegará un día en que con nuestros propios ojos veremos a Dios". Jesús nos lo ha dicho así: "donde yo esté, estará también mi servidor". La vida en este mundo no es fácil, no lo ha sido y no lo será jamás, pues está dañada por la malicia del pecado, por la enfermedad y por el dolor.
La enseñanza de Job nos recuerda que nuestra vida en esta tierra es pasajera, que como dice el salmo: "somos como la hierba que en la mañana se siembra y por la noche se seca", que la plenitud de la vida la viviremos en la eternidad con Dios.
Es una invitación a abrirse a la esperanza y a decir como san Pablo: "Tengo por cierto que los sufrimientos de esta vida no son nada en comparación de la gloria que Dios tiene preparada para aquellos que le aman".
En medio de tus problemas y tribulaciones, en medio de tus días pesados y de la enfermedad, sé valiente, espera en Dios, su amor se hará presente, y al final, cuando tu misión haya acabado: Lo verás con tus propios ojos.
Salmo responsorial
Sal 26, 7-8ab. 8c-9abcd. 13-14
R. Espero gozar de la dicha
del Señor en el país de la vida.
- Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». R.
- Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches. R.
- Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio. R.
EVANGELIO
Descansará sobre ellos vuestra paz
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envié obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: «El reino de Dios ha llegado a vosotros».
Pero si entráis en una ciudad y no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: «Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado».
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
La cosecha es mucha y los trabajadores pocos, la misión que ha comenzado a entregar a los 12 discípulos más cercanos se extiende ahora a 72, otros hermanos que han sido tocados por el mensaje de Jesús y ahora son enviados a los pueblos que luego serán visitados por Él mismo.
La estrategia de Jesús es muy clara, alguien que lo ha escuchado, que está convencido de que es el Mesías que vino a salvarnos, ahora tiene que llevar ese mensaje a otros. Para formar a un discípulo se necesita otro discípulo que le enseñe.
El Señor los envía llenos de Espíritu Santo, pero vacíos de todo lo demás, tendrán que confiar en la Divina Providencia, en los corazones de aquellos que recibirán su mensaje y que por esa razón les van a recibir, a procurar y a ayudar a que sigan con su misión.
Estos enviados no eran cualquier persona que se toparon ese día por la mañana, son esos de los que San Agustín decía ‘Que vengan, pues, los apóstoles de Cristo que predican el Evangelio con verdadera caridad; que entren en la casa y digan: “Paz a esta casa”.
No hablan sólo con la boca: derraman aquello de lo que están llenos; predican la paz y poseen la paz’; era gente que vive el Evangelio y que en su manera de vivir puedes ver la congruencia con lo que predican, ¡eso sí convence!
Nosotros estamos no solo invitados a hacer lo mismo, sino que el Señor nos urge a ser congruentes entre lo que decimos que es nuestra fe y nuestras acciones; a nuestras familias, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros amigos, les urge ver en nosotros un testimonio vivo de que la Palabra de Dios ha transformado nuestra vida.
¿Difícil? No difícil, para nosotros imposible, pero para el Señor nada es imposible, porque desde entonces, envía a sus discípulos como corderos en medio de lobos, pero al mismo tiempo nos dice ‘no se preocupen de lo que van a decir, el Espíritu Santo les recordará todo lo que yo les he dicho’.
Anímate a hacer más explícito tu amor por Jesús, que nuestra fe no pase desapercibida ante los demás, hoy haz un acto de caridad, de amor, de amabilidad, de misericordia y a través de ese acto, dile al Señor “te amo”.
Antífona de comunión
Cf. Mt 18, 3
Dice el Señor: «Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos».
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que los sacramentos que hemos recibido, Señor, enciendan en nosotros la fuerza de aquel amor con el que santa Teresa del Niño Jesús se entregó a ti y anheló obtener tu misericordia para todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
¡Yo sé que tú vives, Señor! Sé que al final tú te levantarás en favor de la justicia haciendo gala de tu misericordia; estoy confiado en tu bondad y aunque me agobien las tribulaciones diarias yo sé que cada día me levantarás nuevamente para acercarme más a tí.
Acción
Hoy seré consciente de que Dios está vivo, aquí, ahora, para mí y para el mundo entero. Pondré atención y lo descubriré en mis actividades diarias, observaré cómo se me revela en cada persona con la que interactúo; al descubrirlo le demostraré que lo amo.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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