Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 6 de agosto de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVIII.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Mt 17, 5

Se manifestó el Espíritu Santo en una nube luminosa y se oyó la voz del Padre que dijo: «Este es mi Hijo, el amado, en quién me complazco. Escuchadlo».

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oración colecta

Oh, Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los que lo precedieron y prefiguraste maravillosamente la perfecta adopción de los hijos, concede a tus siervos que, escuchando la voz de tu Hijo amado, merezcamos ser sus coherederos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Esta voz del cielo es la que oímos

Lectura de la segunda carta
del apóstol san Pedro 1, 16-19

Queridos hermanos:

No nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.

Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».

Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada.

Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

En este texto, al inicio de su carta, San Pedro da testimonio de lo que ha visto y oído, como lo diría san Juan en su evangelio y en sus cartas, es decir, da testimonio de la resurrección de Jesús, de su majestad divina.

Esta es la afirmación que hace que el resto del texto tenga validez y congruencia: Soy testigo, he visto no me lo platicaron; yo estaba ahí. Soy testigo de Jesús. Esto es lo que necesita hoy la Iglesia: Testigos, hombres y mujeres que puedan decir: "Jesús, el Hijo de Dios cambió mi vida ".

Si nuestra fe ha ido perdiendo fuerza en la sociedad, es porque son pocos los que pueden dar este testimonio, y no es porque Dios no pueda hoy en día cambiar la vida de una persona, como lo hizo con los apóstoles, sino porque hoy son pocos los que se acercan a él con un corazón abierto y dispuesto a ser transformado.

A la mayoría de los cristianos de nuestro tiempo les gusta un cristianismo cómodo en el que cada uno pueda llevar la vida como mejor le parezca, y esto no permite que Dios transforme nuestras vidas, dando como consecuencia que haya pocos testigos.

La gente ya está cansada de escuchar relatos del pasado, de oír hablar de Jesús; quiere, más bien, ver a la gente transformada; quiere que su vida también pueda tener plenitud, pero no ve gente que la tenga, gente que haya experimentado en su vida este cambio.

De la misma forma que Cristo es el testigo del Padre, así cada uno de nosotros, como Pedro, tenemos que ser testigos del poder redentor de Cristo.

Sin este testimonio, nuestro cristianismo continuará basado sólo en ritos vacíos y no en una vida vivida bajo el poder del Espíritu, continuará sin ser Luz para el mundo y sal de la tierra. Busca a Jesús, pídele que se manifieste a tu corazón y deja que él mismo te convierta en un testigo de su poder.

Salmo responsorial
Sal 96, 1-2. 5-6. 9

R. El Señor reina,
Altísimo sobre toda la tierra.
  • El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R.
  • Los montes se derriten como cera ante el Señor, ante el Señor de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
  • Porque tú eres, Señor, Altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 17, 5c

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo. R.

EVANGELIO
Su rostro resplandecía como el sol

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Por medio de su transfiguración frente a tres de sus apóstoles, Jesús se sigue revelando cada vez con mayor claridad, preparando a sus apóstoles para el momento cumbre de su pasión, muerte y resurrección. 

Qué tremenda experiencia de estos tres elegidos por el Señor para estar presentes en uno de los pasajes más conocidos de la Escritura, un acontecimiento verdaderamente extraordinario, donde Jesús no solo confirma que es el Hijo de Dios, sino que, al aparecer junto a Moisés, el mediador a través del cual Dios reveló su ley a  los hombres y de Elías, el profeta celoso del Dios vivo, refuerza lo que ha anunciado desde que inició su ministerio, no ha venido a abolir la ley ni los profetas, sino a darles plenitud, para que nosotros tengamos vida en abundancia.

No sé si te ha pasado, pero a veces quisiéramos o incluso a veces pedimos que el Señor se manifieste de alguna forma extraordinaria en nuestra vida para ahora sí creer y convertirnos, cuando la realidad es que Él se manifiesta de muchas formas todos los días, con cosas pequeñas y con cosas importantes, pero nosotros no queremos verlo así, sino en algo extraordinario.

Seguramente el Señor nunca te llamará a estar presente en un suceso de esta magnitud, pero tenemos que vivir con la seguridad de que en todo momento está con nosotros, en los momentos de alegría y en los de tristeza, en los momentos de júbilo y en los que estamos frustrados, presionados, deprimidos o como estemos, Él siempre va a estar junto a nosotros, porque así nos lo prometió en su Palabra, “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”.

No busques a Dios por las cosas extraordinarias, sino pídele que te conceda experimentar su presencia todos los días, en todo lo que haces, que te permita sentirte siempre acompañado por Él y de esa manera puedas responder como Él lo haría, en tu vida y tus circunstancias.

En este pasaje, Dios Padre le da un mandato a los apóstoles que es un llamado también para nosotros, “este es mi Hijo muy amado, escúchenlo”, hoy es un buen día para escuchar su Palabra y discernir qué es lo que me quiere decir, para poner en sus manos lo que nosotros no podemos resolver y seguir confiados en que estará con nosotros pase lo que pase.

Antífona de comunión
Cf. 1 Jn 3, 2

Cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Que el alimento celestial que hemos recibido, Señor, nos transforme en imagen de tu Hijo, cuya claridad has querido manifestarnos en su gloriosa Transfiguración. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Padre lleno de amor y bondad, que te manifestaste en el monte Tabor para dar testimonio de que tu Hijo se encontraba entre nosotros, te pedimos que, movidos por tu Espíritu Santo, nosotros también demos testimonio de Jesús, tu Hijo amado, en medio de los vaivenes de la vida, para que todos cuantos crean, lleguen al conocimiento de la verdad y a la salvación que tu Hijo ha realizado en favor nuestro.

Acción

Hoy seré consciente de cada una de mis acciones y procuraré vivir como Cristo espera de mí.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).