Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 12 de julio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XV.
   Color del día: Verde.  

Antífona de entrada

Por serte fiel, yo contemplaré tu rostro, Señor, y al despertar, espero saciarme de gloria.


Oración colecta

Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a cuantos se profesan como cristianos rechazar lo que sea contrario al nombre que llevan y cumplir lo que ese nombre significa. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
La lluvia hace germinar la tierra

Lectura del libro de
Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mí boca: no volverá a mi vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El pasaje que hoy leemos pertenece a lo que se conoce como el Deuteroisaías y concluye con un capítulo de altos contenidos teológicos que podemos interpretar como "la fuerza de la Palabra de Dios que cambia la historia", que hace historia, que no se limita a los ámbitos espirituales, aunque estos sean su ser natural. Lo que se quiere poner de manifiesto es la dimensión creadora y transformadora de la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios que viene sobre el pueblo desencadena juicio y salvación a la vez. En el texto que nos presenta la liturgia se afirma que la Palabra de Dios, como la lluvia y la nieve, no vuelve a lo alto vacía; así sucede con la Palabra de Dios que se hace presente por medio de sus profetas.

Los corazones, es decir, las personas, reciben lluvia y nieve espirituales de la palabra de los profetas que interpretan la voluntad de Dios en la historia personal y comunitaria.  

Eso no quiere decir que todos los acontecimientos de la historia estén desencadenados por la Palabra de Dios, y en eso debemos tener cuidado para no caer en fundamentalismos. Pero la Palabra divina salva, anima, consuela y juzga las injusticias y a los poderosos.

Para reflexionar: ¿Me dejo permear por la Palabra de Dios? ¿Acudo con frecuencia a la lectura orante de la Palabra de Dios?

ORACIÓN: Señor, que tu Palabra empape mi vida y la haga fecunda. Amén.

Salmo responsorial
Sal 64, 10abcd. 10e-11. 12-13. 14

R. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.
  • Tú cuidas la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. R.
  • Así preparas la tierra. Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes. R.
  • Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría. R.
  • Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan. R.

SEGUNDA LECTURA
La creación, expectante, está aguardando
la manifestación de los hijos de Dios

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos:

Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.

Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

El apóstol Pablo nos presenta un texto que hoy podría ser llamado "ecológico". No obstante, Pablo, con el lenguaje de la apocalíptica —al que era tan cercano como buen judío— nos muestra la suerte del mundo, de la creación, unida estrechamente a la suerte de los hombres y de su redención.

No es un texto negativo; la verdad es que, en este mundo, la obra de Dios es para el hombre y está en sus manos. La creación también tiene que consumarse en la liberación; lo que ha formado parte de nuestra historia, de nuestro ser, anhela gracia y salvación.

San Pablo quiere hacer una lectura nueva desde Cristo. El pecado de la humanidad no queda solamente en el ámbito interior, sino que lo exterior, la naturaleza, se resiente si el hombre no sabe llevar a cabo la misión que Dios le ha encomendado.

La humanidad está llamada a un estado de paz con la naturaleza; pero cuando se aleja del proyecto divino de justicia, de armonía y de paz, entonces las guerras o la acumulación de bienes de unos pocos se reflejan en la misma naturaleza.

Para reflexionar: ¿Reconozco en mi vida la dimensión salvífica de la acción de Dios en mi historia? ¿Hago una lectura positiva de mi camino de fe?

ORACIÓN: Señor, yo también anhelo expectante la consumación de la historia, para vivir plenamente en Ti. Amén.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra vive para siempre. R.

EVANGELIO
Salió el sembrador a sembrar

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 13, 1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron.

Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.

Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.

El que tenga oídos, que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «Por qué les hablas en parábolas?».

Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.

Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:

“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.

Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.

Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

La parábola del sembrador abre la lectura continua en la que se nos presentan distintas parábolas, que Mateo concentra precisamente en el capítulo 13. La semilla que cae en distintas tierras, y que después se compara con diversas actitudes, representa la Palabra de Dios que conduce nuestra historia y crea una relación hermosa y llena de sentido.

Por eso, cuando la historia no se contempla desde el horizonte de la Palabra de Dios, todo se resiste a la armonía, a la fraternidad, a la paz e incluso a la calidad de vida digna para todos.

En todo caso, Jesús expresa que, pase lo que pase, la Palabra de Dios siempre produce fruto; basta acogerla desde nuestras posibilidades. Unas veces producirá más y otras menos, pero siempre será luz de nuestra vida.

Probablemente la interpretación posterior haya acentuado la cantidad como un perfeccionamiento anhelado, y así se refleja en la explicación de la parábola, donde todo se centra en el campo y no en la semilla.

Sin embargo, Jesús quería transmitir una confianza inaudita en la fuerza de Dios que nos llega por la Palabra; porque el sembrador sabe que no todo lo que siembra se recoge al final, pero, siendo realista, confía en la semilla que esparce, es decir, en la Palabra que ilumina y salva.

Para reflexionar: ¿Acojo la semilla de la Palabra en mi vida? ¿Con cuál terreno me identifico más?

ORACIÓN: Señor, no dejes de esparcir la semilla de tu Palabra en mi vida, pese a mis inconstancias. Amén.


Antífona de comunión
Cf. Sal 83, 4-5

El gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido donde poner sus polluelos: junto a tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre.


Oración después de la comunión

Alimentados con los dones que hemos recibido, te suplicamos, Señor, que, participando frecuentemente de este sacramento, crezcan los efectos de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Síntesis

Las lecturas de hoy adoptan una imagen agrícola para explicar que la fuerza transformadora del mundo no llega a través de los limitados medios humanos, sino gracias al don poderoso de Dios, que sobrepasa todas las expectativas.

Por un lado, el profeta Isaías, en el contexto de un nuevo éxodo, pone toda su confianza en la Palabra de Dios, que alcanzará su cumplimiento devolviendo al pueblo exiliado a la tierra de Israel.

Por otro lado, Jesús deposita toda su confianza en la llegada del Reino, con la certeza de que su Palabra no es estéril y anima a sus discípulos a continuar sembrando.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).