Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIV - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Cristóbal de Licia.
Antífona de entrada
Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé cuando me llamen en cualquier tribulación, y siempre seré su Dios.
Oración colecta
Señor Dios, que has hecho del amor a ti y a los hermanos la plenitud de todo lo mandado en tu santa ley, concédenos que, cumpliendo tus mandamientos, merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
No llamaremos ya «nuestro Dios»
a la obra de nuestras manos
Lectura de la profecía de
Oseas 14, 2-10
Esto dice el Señor: «Vuelve, Israel, el Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta.
Tomad vuestras promesas con vosotros y volved al Señor.
Decidle: «Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión: Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión».
«Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano.
Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo y su perfume como el del Líbano.
Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo voy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto».
¿Quién será sabio para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Una de las cosas que más impresiona en este pasaje es la ternura de Dios para con el pecador.
Quizás, algo que todavía debamos cambiar en nuestro corazón es nuestro concepto de Dios y de su amor infinito. Muchos de nosotros nos pareceríamos al hijo pródigo de la parábola contada por Jesús el cual, mientras caminaba de regreso al Padre todavía iba preparando su "excusa" o su defensa.
El final de la parábola nos muestra que no necesitamos defensa ni excusa con Dios, pues Dios es un Padre tierno y amoroso que nos ama INCONDICIONALMENTE.
Nos ama por lo que somos: SUS HIJOS, y no por lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Aprovechemos cualquier momento para recibir el amor y el perdón incondicional de Dios, a través del Sacramento de la Reconciliación y déjate abrazar por él.
Salmo responsorial
Sal 50, 3-4. 8-9. 12-13. 14 Y 17
R. Mi boca proclamará tu alabanza.
- Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.
- Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve. R.
- Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R.
- Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 16, 13a, 14, 26d
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará la verdad plena, y os irá recordando todo lo que os he dicho. R.
EVANGELIO
No seréis vosotros los que habléis,
sino el Espíritu de vuestro Padre
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: – «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Hoy el Evangelio nos presenta una de las advertencias más claras y honestas de Jesús a sus discípulos. Sin darle muchas vueltas al asunto, nos dice que el camino del discípulo no está libre de dificultades. Imagínate ¿cómo te sentirías si fueras una oveja en medio de lobos?
Si nos detenemos a analizar esta situación, descubrimos una gran verdad sobre la vida del cristiano en el mundo: Jesús no oculta que elegirlo a Él, es decir, buscar vivir las enseñanzas del Evangelio, despierta con frecuencia incomprensión o rechazo en nuestro mundo y a nuestro alrededor; en el ámbito familiar, profesional o social muchas veces experimentamos esa presión que nos empuja en ocasiones a ceder en nuestros principios para que no nos hagan a un lado, o dejar de tener amigos.
Sin embargo, Jesús no solo hace la advertencia, sino que nos presenta una estrategia que nos puede ayudar a tomar acciones: ante esto, ser astutos como las serpientes y sencillos como palomas. Ser astutos como la serpiente no se refiere a la malicia ni al engaño, sino a la prudencia y la agudeza intelectual. Jesús no desea que sus seguidores actúen con ingenuidad ante el mal, nos pide ser astutos, saber leer los tiempos, discernir con quién y cuándo es oportuno callar o hablar.
Por otro lado, la sencillez de la paloma significa custodiar la pureza de intención, la transparencia y la rectitud del corazón; implica que, a pesar de las dificultades del entorno, no permitamos que la amargura contamine nuestra alma. Consiste en la firme determinación de no responder jamás al mal con el mal.
El texto también aborda uno de nuestros mayores puntos débiles: la ansiedad que a veces experimentamos ante el juicio ajeno o el temor a no saber cómo defendernos. Jesús nos ofrece una promesa que nos debe dar mucha paz: ‘No se preocupen de cómo o qué van a hablar, porque el Espíritu de su Padre hablará por ustedes’.
Esto es un llamado a la confianza absoluta en Dios. Cuando nos encontramos en la necesidad de tomar decisiones complejas o de dar testimonio con nuestra vida, no dependemos únicamente de nuestras fuerzas o de nuestra elocuencia humana. Si recurrimos a la oración y somos asiduos a ella, el Espíritu Santo infunde en nosotros la claridad y la fortaleza necesaria para actuar conforme a la voluntad de Dios.
San Francisco de Sales enseñaba que la verdadera victoria del Evangelio no radica en la agresividad, ni en la confrontación, sino en la capacidad de desarmar la hostilidad del mundo a través de la mansedumbre, la paciencia y el respeto. Por eso dice Jesús: ‘El que persevere hasta el final se salvará’. La vida cristiana es un camino de fidelidad diaria, un esfuerzo constante por elegir el bien y la verdad. Un día a la vez.
Pidamos al Señor que ante cualquier situación de conflicto, provocación o discernimiento que debamos afrontar, nos recuerde detenernos en lugar de reaccionar. Acudamos a la oración y pidamos al Espíritu Santo que nos conceda ser astutos y prudentes para actuar con sabiduría y poder tener la sencillez de la gracia para mantener siempre la paz y la caridad en el corazón.
Antífona de comunión
Tú promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Ojalá que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
A quienes alimentas, Señor, con tus sacramentos, confórtanos con tu incesante ayuda, para que en estos misterios recibamos el fruto de la redención y la conversión de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, me asombra tu amor y tu misericordia; gracias por perdonar todas mi maldades, por aceptar mi arrepentimiento sincero y porque cada vez, a pesar de que caigo y no cumplo mi palabra, tú has aceptado nuevamente mi promesa de volverme a ti; cura, Dios mío, mis infidelidades.
Acción
En este día repasaré los mandamientos del Señor y confrontaré mi vida con ellos. Haré énfasis en los mandamientos que más he incumplido o pasado por alto y me haré consciente de cómo han afectado mi persona y la de los que me rodean.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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