Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XIV - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Concede, Señor, la paz a los que esperan en ti, y cumple así las palabras de tus profetas; escucha las plegarias de tu siervo, y de tu pueblo Israel.
Oración colecta
Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos y concede que te sirvamos de todo corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo
PRIMERA LECTURA
Mi corazón está perturbado
Lectura de la profecía de
Oseas 11, 1-4. 8c-9
Esto dice el Señor: «Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo.
Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí: sacrificaban a los baales, ofrecían incienso a los ídolos.
Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba.
Con lazos humanos los atraje con vínculos de amor.
Fui para ellos como como quien alza un niño hasta sus mejillas.
Me incliné hacia él para darle de comer.
Mi corazón, está perturbado, se conmueven las entrañas.
No actuaré en el ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque yo soy Dios, y no hombre; santo en medio de vosotros, y no me dejo llevar por la ira».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Sólo quien ha tenido en sus brazos a un hijo, podrá entender las palabras del profeta referidas a YHVH. Dios había llamado a Israel y lo había convertido en su hijo, en su heredad. Pero Israel había despreciado este amor, había olvidado todas las muestras de cariño y de ternura de su Padre Dios y se habían prostituido con los Baales, apartándose de Dios.
Con esta lectura, vienen a mi mente las escenas de la pasión de Cristo y el texto del apóstol san Juan que en su evangelio nos dice: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo para que todos los que crean en él no perezcan sino tengan vida eterna".
El problema de la humanidad es olvidar con facilidad las muestras de amor: de nuestros padres, de nuestros amigos, del mismo Dios y con ello nos volvemos, como el pueblo de Israel, insensibles. No tenemos presente que el que se aparta del amor se encamina irremisiblemente a la oscuridad y al egoísmo.
El profeta Isaías, cuando el pueblo estaba en el destierro, le dirá: "¿Podrá una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque alguien así lo hiciera, yo no te olvidaré jamás?" Si nuestro amor por Jesús ha disminuido, recordemos hoy las palabras del Apocalipsis: "Mira de dónde has caído y regresa al primer amor".
Salmo responsorial
Sal 79, 2ac y 3b. 15-16
R. Que brille tu rostro,
Señor, y nos salve.
- Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos. R.
- Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó, y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio. R.
EVANGELIO
Gratis habéis recibido, dad gratis
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 10, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «ld y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis
Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no os escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquella ciudad».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Los discípulos han pasado ya cerca de tres años viviendo con su Maestro, escuchando su palabra, han visto grandes milagros, han sido testigos de su misericordia y el mismo Jesús los ha venido preparando para que cuando llegue el momento de su pasión, muerte y resurrección, no tengan miedo, sino crean. Antes de esto, ha llegado la hora de la verdad, después de todo lo que aprendieron, ahora son enviados por el mismo Jesús para que, en su nombre, obren grandes cosas para darle gloria al Padre.
No les dio un gran instructivo, ni manuales a través de los cuales resolverían las situaciones que habrían de enfrentar, les dio una orden concreta, ‘vayan y proclamen el Reino de los Cielos’ y los envía no solamente para que vayan, conozcan gente y hablen, les envía con poder para hacer cosas extraordinarias, las mismas cosas que han visto hacer a su Maestro.
Si hubiera formado parte de esos que escucharon este mensaje de envío, estoy seguro de que hubiera interrumpido al Señor con un “a ver, espérame, ¿cómo va a ser eso? ¡yo no tengo ningún poder para hacerlo! ¿Tú vas a venir con nosotros?”.
Sus discípulos salieron e hicieron grandes cosas en el nombre de Jesús porque le creyeron, porque estaban seguros de que no iban solos, porque confiaron en que si Él lo había dicho, así sería. Hoy nosotros queremos ser discípulos de Jesús, pero muchas veces tenemos miedo de manifestarnos, no confiamos que el Espíritu Santo está con nosotros y que si es su voluntad, puede hacer grandes obras en nosotros y en los que están a nuestro alrededor.
San Juan Pablo II nos llamó a ser testigos reflexionando: no es que ellos eligieron a Jesús, sino que fue Jesús quien los eligió para hacer esta tarea. De esa misma manera, tú y yo estamos invitados a ser discípulos enviados que con valentía hablan de su fe, que dan testimonio del amor de Dios a través de su vida y su trabajo y también que se deciden a predicar la palabra para que otras personas se encuentren con Jesús.
Si tú has elegido seguir a Cristo, decídete a ser de los testigos enviados que comparten con el mundo que el Reino de los Cielos ya está aquí, anímate a hablar más de Dios en tus círculos de amistades, como nos dijo también san Juan Pablo II ‘¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!’, no tengas miedo, que Él cumplirá su Palabra de estar contigo todos los días de tu vida y te asistirá con la luz del Espíritu Santo para que puedas dar testimonio de su amor.
Antífona de comunión
Señor Dios, qué preciosa es tu misericordia. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que el efecto de este don celestial, Señor, transforme nuestro cuerpo y nuestro espíritu, para que sea su fuerza, y no nuestro sentir, lo que siempre inspire nuestras acciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Gracias, Señor, por tu abrazo de Padre, gracias por dejarme experimentar tu amor incondicional y protector. No permitas, Señor, que nada me aparte del gozo de estar en tus brazos y permanecer asido de tu diestra que sostiene, restaura y anima.
Acción
Hoy tendré con los que me rodean más muestras de amor que las que habitualmente tengo, buscando que ellas sean instrumento de Dios para manifestarles su amor de Padre.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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